Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Revolución Mexicana hoy, frustraciones y hartazgos
Viernes 27 de Noviembre de 2015
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La Revolución Mexicana cumple 105 años de su inicio, en aquel 20 de noviembre de 1910. Sin embargo, la fecha y su significado se diluyen rápidamente en la memoria social. Deliberadamente se fomenta el olvido por los viejos y nuevos enemigos de la Revolución, en especial el olvido del millón de muertos en los campos de batalla y del origen del Estado revolucionario y su alianza con los trabajadores.
Los artículos 3°, 27 y 123 de la Constitución de 1917 prácticamente dejaron de tener vigencia del mismo modo que sus aplicaciones en relación con el ejido, la comunidad indígena, los derechos laborales de los trabajadores, las funciones rectoras del Estado y la empresa pública como factores que promovían la certeza en que los cambios, correspondían al bien del país y de cada familia mexicana en particular.
Profundas transformaciones registró México en los 30 años que transcurren entre 1930 y 1960, cuando la esperanza de vida y la movilidad social provocaban la seguridad de que el país había encontrado finalmente la ruta de su propia grandeza. Era difícil, tal vez imposible, prever que lo que seguía era el inicio del declive de la Revolución, hasta el desastre final, en coincidencia con la terminación del siglo XX y del segundo milenio. Los enemigos de la Revolución triunfaron y hoy, se encuentran empeñados en terminar con todo vestigio de sus grandes realizaciones, para facilitar la integración de una sociedad completamente opuesta a toda manifestación o recuerdo del “poder popular”.
La Revolución Mexicana dejó de avanzar y con ello cavó su propia tumba. El movimiento estudiantil de los años 60 y el surgimiento de movimientos guerrilleros en distintas regiones del territorio, Chihuahua, Morelos, Guerrero y Michoacán, entre otros estados, mostraban que el modelo revolucionario exigía la continuidad de su construcción, o bien iniciar la decadencia inevitable, que fue lo que finalmente ocurrió en el contexto de los cambios registrados en la correlación internacional de fuerzas políticas, en particular en la lucha capitalismo-socialismo.
La obra de la Revolución fue desmantelada y en su lugar fue edificado el modelo de economía y sociedad de mercado, con democracia electoral facilitadora del triunfo definitivo de los viejos enemigos de la Revolución, cuando en el año 2000 la democracia los hizo triunfar con el voto, ungiendo a Vicente Fox como presidente de la República. La nueva historia continuó escribiéndose con la fuerza económica, social y política de las minorías acaudaladas triunfantes.
Los resultados se conocen, mayorías de pobres, desigualdad creciente, desprestigio de la política, gobiernos en los que no se cree, corrupción e impunidad, inseguridad y violencia, enormes miedos colectivos, generaciones de relevo enteramente perdidas, cancelación de principios y valores, pragmatismo rampante, ausencia de auténticas organizaciones ciudadanas, cinismo y charlatanería en la vida pública, carencia de rumbo y desvalorización de los orgullos nacionales son ahora, entre otras, las consecuencias del rumbo que ha tomado México.
En el caso de Michoacán las situaciones no son diferentes a las nacionales, en parte por las decisiones centralizadas, alentadas constitucionalmente por un presidencialismo fuerte, capaz de mantener la cohesión del país, y también por la disciplina a que obligaba la militancia en el partido de la Revolución.
El personaje que marcó la historia revolucionaria michoacana fue el general Lázaro Cárdenas del Río. Los grandes avances de la Revolución en Michoacán estuvieron vinculados con la actividad de este ilustre michoacano, como militar, gobernador, presidente, organizador de los trabajadores e impulsor de las grandes transformaciones de la entidad, su tierra, especialmente en materia de utilización de los recursos naturales para la generación de electricidad, el riego, los aprovechamientos forestales y la minería.
Michoacán fue cardenista y pudo convertirse en centro ideológico de la Revolución, ante los vaivenes en el pensamiento y la acción política de los sucesivos presidentes de la República. En 1930 fue gobernador Lázaro Cárdenas del Río y hasta la gubernatura de David Franco Rodríguez en 1956, las relaciones michoacanas con los presidentes no registraron diferencias y riesgos importantes de conflicto. Los problemas surgieron con la administración de Agustín Arriaga Rivera en el sexenio 1962-1968, que tuvo como saldo una sociedad dividida y resentida donde, por un lado, estaban los revolucionarios, que eran los cardenistas, y por el otro, los reaccionarios, que eran los arriaguistas.
Especialmente la Universidad Michoacana, que era el centro de creación ideológica, desde Miguel Hidalgo hasta Eli de Gortari, fuente vigorosa de pensamiento crítico y formadora de profesionistas con elevada calificación científica y técnica, sensibles y participativos en los problemas de su tiempo, registró y sufrió principalmente los efectos de aquella confrontación, que culminó con la intervención del Ejército en las instalaciones universitarias y casas del estudiante en 1963 y 1966, como consecuencia del asesinato de estudiantes por parte de la Policía.
Los acontecimientos que cambiaron el rumbo fueron mayúsculos: ocupación militar de la Universidad, miles de presos entre estudiantes, maestros y ciudadanos simpatizantes de los estudiantes, clausura definitiva en 1966 de escuelas y facultades, de centros de investigación, de casas del estudiante, nueva Ley Orgánica y nuevo rector. La Universidad no volvió a ser la misma, como tampoco la sociedad michoacana a pesar de los esfuerzos conciliadores de los gobernadores siguientes, hasta que nuevamente Luis Martínez Villicaña replanteó los viejos conflictos, que sólo fortalecieron el cardenismo en Michoacán, la influencia del PRD y los triunfos de la alternancia con Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy Rangel.
Los triunfos electorales del PRD no produjeron la reactivación de la izquierda revolucionaria. Las tendencias del mercado continuaron y los gobernadores perredistas fueron incapaces de generar procesos de renovación, entusiasmo y entrega a las grandes transformaciones. Por el contrario, el desencanto y las irritaciones colectivas hicieron que el PRI ganara nuevamente la gubernatura, para que después de un cuestionado desempeño otra vez fuera preferida la opción perredista de gobierno hasta el año 2021 y la historia continúa.
Lo ocurrido con la Revolución Mexicana a 105 años de su inicio debiera representar un tema de mayor preocupación para la reflexión, el análisis y el aprendizaje. Un acontecimiento que define la historia de México y de Michoacán en el siglo XX merece mucho más que un simple desfile deportivo, sin vínculos relevantes con la dinámica de la sociedad.
La derrota de la Revolución trajo consigo los peores vicios, los vacíos de pensamiento, la debilidad de las instituciones y su cuestionamiento, la dispersión, la crisis y la decadencia. Una celebración apropiada y digna tendría que incluir el señalamiento de las rutas para los nuevos cambios, necesarios e inevitables.
De lo contrario, de persistir en lo mismo, obliga a preguntarse, ¿hacia dónde conduce el hartazgo de la gente?

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