Rafael Mendoza Castillo
La formación es de naturaleza política
Lunes 7 de Diciembre de 2015
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Toda formación, decía Paulo Freyre, es una lucha política porque siempre se está a favor de qué (contenidos) y a favor de quién (clases, grupos). Además, la formación se inscribe, hoy día, en relaciones de poder y en el marco de un capitalismo corporativo, mediático, industrial, financiero y empresarial. Veamos.
Repensar el concepto de formación nos obliga a imaginar los fundamentos teóricos, políticos, intelectuales y morales, que orienten el sentido y la práctica de las instituciones educativas y su concepto de formación. Lo anterior implica la constitución epistémica (fundamento de validez) e histórica de un sujeto erguido frente a su mundo en lo individual y colectivo.
De entrada se observa que la formación no se inscribe en la neutralidad ideológica, sino que se coloca en el terreno de las luchas políticas y culturales de la sociedad mexicana. Como bien afirma Noam Chomsky: “Los comisarios, en efecto, son intelectuales que trabajan fundamentalmente para reproducir, legitimar y mantener el orden social dominante, que les reporta beneficios. Los auténticos intelectuales, por el contrario, tienen la obligación de investigar y difundir la verdad sobre los temas más significativos, sobre los temas que importan”. La formación, el pensar y la reforma del pensamiento son temas que importan.
Es importante clarificar el sentido o los sentidos que orientan el trayecto social y cultural de la formación, descubrir que ha estado muy ligado al nacimiento del Estado-nación, y también a las instituciones de tipo religioso. Este hecho instala a la formación en un campo de fuerzas políticas, científicas y culturales, donde unas fuerzas ocultan la verdad acerca del mundo y otras acceden a ella para transformarlo.
Por eso la formación se ve siempre acompañada de los valores morales, éticos y cívicos, entendidos estos como formas de vida, experiencia y compromiso concreto, y nunca como en el neoliberalismo que los fabrica, los implanta en los sujetos y los orienta al pragmatismo, consumismo, done la acción carece de conciencia, sólo es un medio y los fines desaparecen.
Si entendemos a la formación como un conjunto de prácticas discursivas, no discursivas, modos de pensar y de actuar, ello implicará constituir a aquella como un objeto de discusión problemático, esto es que tiene que ver con lo que Michel Foucault llama régimen de saber (la verdad se construye). Aquí estaríamos discutiendo la constitución de la subjetividad, la intersubjetividad y sus implicaciones en relación con el mundo de nuestra época.
Es necesario interrogar a la formación desde varios campos del saber (lo interdisciplinario y la complejidad) para identificar los sentidos políticos, éticos, cognoscitivos y sociales que aquella incorpora en sus discursos y acciones. Estas últimas se ven cruzadas y mediadas por proyectos construidos y legitimados por los distintos grupos o clases, que actúan en el campo de las relaciones sociales de explotación y al interior de las instituciones educativas. Estar conscientes de que se puede tratar de acciones orientadas al desciframiento de lo novedoso o de la afirmación del orden existente, de lo viejo.
Por lo anterior, se trata entonces de “dialectizar” el sentido de la formación como institución, al vincularla a una objetividad heredada, a una conciencia vigilante y a una acción que le apueste a lo nuevo (lo real, la conciencia y la praxis). Estas ideas permitirán la revisión, a fondo, de raíz, de los soportes que hoy sostienen a las instituciones formadoras de docentes, dado que muchas de sus representaciones, reglas y juegos de verdad derivan de un Estado centralizado, autoritario y ajeno a la libertad y a la democracia.
Por ello, al revisar la formación, revisaremos obligadamente al Estado y sus configuraciones históricas y el proyecto de nación en que se han formado los sujetos y las instituciones educativas. Como afirma Pablo González Casanova: “La transformación del sistema de educación para la nueva época implica otra cultura de lucha por la libertad y la equidad”.
De esa manera, la formación se ubica en el tiempo histórico del presente y en el conjunto de contradicciones problemáticas que se han acumulado en su devenir. Observar que el imaginario cultural del contexto mexicano no se presenta unificado, cerrado, sino que se traduce en perspectivas múltiples de sentidos, tal que presenta la ventaja de dar entrada a otros sentidos, que han sido aplastados y silenciados por el imaginario cerrado de la razón esférica del Estado mexicano, hoy achicado, simplificado, fallido, canalla y al servicio de las corporaciones nacionales y extranjeras.
Termino este texto con el pensamiento crítico de los participantes en el XIII Congreso de Investigación Educativa, en la ciudad de Chihuahua: “Los cambios se han realizado sin la participación ni la consulta debida a los maestros. Se les concibe como objetos y no como sujetos, actores imprescindibles en la transformación requerida. La reforma se ha fincado en la estigmatización del magisterio. Con ello no sólo se perdió al actor principal de cambio en los procesos educativos, sino que se le desautorizó socialmente y se le condujo a una situación límite: someterse o perder el empleo”. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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