Salvador Molina Navarro
Derecho a qué...
Declaración Universal de los Derechos Humanos, concientizando a los ciudadanos
Martes 8 de Diciembre de 2015

No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla.

Eleanor Roosevelt

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El pasado 10 de diciembre se cumplieron 67 años de la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, documento se firmó en París, Francia, mismo país donde en el año de 1789 se hace pública la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
El año de la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, recién terminaba la Segunda Guerra Mundial –de 1939 a 1945– y se vivía la llamada Guerra Fría, la humanidad se encontraba atemorizada, adolorida, se sufrió la pérdida de muchas vidas, empezaba la labor de reconstrucción de diversas naciones, había pobreza, desempleo, falta de atención médica, falta de escuelas; en fin, todas las penurias que se sufren al término de un enfrentamiento bélico de estas magnitudes.
En ese panorama surge un documento que intenta garantizar la paz, la dignidad humana, se proscribió que los derechos humanos sean protegidos por un régimen del derecho a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.
En sus 30 artículos habla de la igualdad entre lo hombre, lucha contra la discriminación, prohíbe la esclavitud, la tortura y habla del principio de presunción de inocencia. Trata el libre tránsito y la garantía de la propiedad, de la libertad de pensamiento y de creencias religiosas, impone la obligación al Estado para garantizar un nivel de vida adecuado que asegure al individuo y su familia la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda y la asistencia médica, señala el derecho a una educación pública de calidad, derechos que el Estado estará obligado a hacer plenamente efectivos.
Hoy, en México, a 67 años de su firma –cabe señalar que México la votó a favor desde su creación–, ¿qué derechos han sido garantizados por el Estado?, ¿cuáles?, incluso desconocemos por qué no han sido plenamente efectivos estos derechos humanos consagrados y aceptados por el Estado mexicano hace más de 60 años.
Sin duda estas preguntas encuentran respuestas fundadas en las políticas públicas, tenemos políticos que atienden a sus intereses personales en contra del bien común, tenemos políticos que violentan la ley y las buenas costumbres, tenemos políticos que se justifican en su actuar con falaces manifestaciones.
Esto va más allá, nosotros los ciudadanos no hemos podido pensar en que las cosas sean de manera diversa, no hemos querido tomar nuestra obligación y que las políticas públicas se diseñen con base en nuestro interés, al interés no personal, sino común, que generen seguridad jurídica, confianza, beneficio y progreso social, en estas épocas, después de más de 60 años de conocer nuestros derechos humanos, hemos empezado a diseñar las posiciones ciudadanas, candidaturas ciudadanas, espacios ciudadanos, etcétera, ahora existen una gran gama de candidatos a diversos espacios que se señalan ciudadanos, es un término de moda, es nuestra labor como reales ciudadanos investigar perfiles, conocer antecedentes de quienes se ostentan candidatos a cualquier espacio público, sea o no de elección popular, debemos estar enterados de lo que pasa porque sólo así, con conocimiento de causa, estaremos avanzando a la meta de gozar de una garantía plena de nuestros derechos humanos, nuestro derecho a pensar libremente, nuestro derecho a gozar de una buen nivel de vida, nuestro derecho a un salario digno, nuestro derecho a tener una atención médica de calidad, nuestros derechos todos, actuando como ciudadanos estaremos imponiendo al estado la creación e políticas públicas que atiendan a nuestros intereses, que entendamos, que provoquemos, actuando como ciudadanos no habrá más reclamos al cobijo de la rebelión, actuando como ciudadanos legaremos un mejor país a nuestros hijos.
Cuando hablamos de ciudadanos nos referimos al ciudadano transparente, auténtico, que viene de la ciudadanía y que con la ciudadanía tiene su compromiso; nos referimos al ciudadano que no encaja con la descripción de quien se mal llama político, al ciudadano que no sabe de traiciones y tratos en la oscuridad alejado de su gente, al ciudadano que le importa luchar por el día a día, al ciudadano que señala con valor y razones fundadas, al ciudadano que no teme alzar la voz, al ciudadano que no teme caminar por la calle sin escoltas, al ciudadano que está a tu lado, a mi lado, que conocemos y que no pensamos en buscarle pues sabemos que nos recibirá, al ciudadano que habla nuestro idioma, que conoce nuestra realidad, al ciudadano que ha vivido y sufrido nuestra misma realidad, no la de las estadísticas, no la de los discursos, no la que nos venden en cada informa de actividades, al ciudadano activo, al que tiene ganas de iniciar un proceso de cambio, al ciudadano que no tiene acuerdos políticos o partidistas, al ciudadano real, a ese que cuando se nombra el político se espanta, al que le temen los que han actuado en contra de su protesta constitucional.
De ahí la importancia de cumplir con nuestras obligaciones, de ahí la importancia de conocer nuestros derechos, de ahí la importancia de saber quién es aquel que busca un espacio público, de ahí la importancia de saber ser ciudadanos.
Esto indudablemente provocará con mayor rapidez y eficacia el cambio que hemos soñado todos, el progreso común, el bienestar social; esto generará que no se desvíen recursos de los programas públicos, esto generará una mejor calidad en la política y en nuestros políticos, esto generará el inicio de una corriente política ciudadana, sin limitantes, sin miedo, con calidad humana, con calidad de servicio, donde todos, sociedad y autoridades, privilegiemos el progreso, la paz y la felicidad como una meta de la dignidad humana.
FB. Salvador Molina
Twitter: @SalvadorMolina

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