Columba Arias Solís
Nuestros derechos
Viernes 18 de Diciembre de 2015
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El pasado 10 de diciembre en todo el mundo se realizaron actos para conmemorar que ese día, pero en el año de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y dos años después adoptó la resolución número 423 invitando a todos los estados y organizaciones a la celebración en esa fecha del Día de los Derechos Humanos.
En el contexto de la celebración se han cumplido 50 años de la formalización de los dos pactos internacionales de derechos humanos: el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que sumados a la Declaración Universal de Derechos Humanos conforman la Carta Internacional de Derechos Humanos, misma en la que se establecen los derechos civiles, políticos, culturales, económicos y sociales que todos los seres humanos tienen sin importar la distinción de raza, sexo, idioma, religión, orientación política o de cualquier otra índole.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene como principios fundamentales la dignidad, la libertad, la igualdad y la fraternidad, que se desglosan en el documento en los derechos pertenecientes a los individuos; es decir, el derecho a la vida, libertad, seguridad e igualdad ante la ley; en la seguridad de los individuos en relación con otras personas o grupos y se traducen en el derecho a tener una nacionalidad, a formar una familia, a la propiedad, así como también a las libertades de pensamiento, religión, conciencia, opinión, reunión y asociación, y por último se refieren los derechos económicos, sociales y culturales, como el de la seguridad social, los derechos al trabajo, al descanso, a la educación; por supuesto, el derecho a la alimentación, a la vivienda digna, a la participación en la vida cultural.
En el reciente aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos –como ya sucedió en otros pasados– se levantaron voces desde diversos lugares de la geografía para apuntar que en México no había nada que celebrar y más bien había que hacer énfasis en la existencia de una crisis de derechos humanos padecida por diversos grupos de la población que sobreviven en condiciones de enorme vulnerabilidad y sumidos en la pobreza.
Efectivamente, existen grandes núcleos de población que en la realidad permanecen al margen del goce y disfrute de la mayoría de las garantías que tanto el instrumento internacional de referencia, como la propia norma constitucional consagran en favor de todas las personas, puesto que no tienen posibilidad de una vivienda digna, de acceso a la salud, a la educación y zozobran entre el desempleo, sin hablar del grave problema de inseguridad que durante tantos años se ha padecido y sigue siendo un azote social, de la violencia cuyas víctimas siguen siendo mayoritariamente mujeres, niños y ancianos.
Sin embargo, es menester –y más en estos tiempos de miseria, de corrupción gubernamental, de crisis ética y ciudadana– hacer hincapié, resaltar que desde hace más de medio siglo quedaron establecidos los derechos que todos los seres humanos tenemos por el solo hecho de nacer, y que sin importar dónde y cuándo, en qué condiciones, en qué etnia o en qué genero, nos deben ser respetados tanto por todas las autoridades como por grupos u otros individuos.
La presión internacional ha obligado a que los diferentes gobiernos a lo largo de los años suscribieran los pactos internacionales de derechos humanos y se obliguen al cumplimiento de los mismos, y pese a que el camino de su observancia ha sido lento y sinuoso, poco a poco ha ido permeando al menos en una parte de la sociedad, que si al conocimiento de la existencia de todos y cada uno de sus derechos humanos no se acompaña por parte de la sociedad la exigencia y la lucha por su cumplimiento, estos resultan letra muerta, carecen de valor.
Afortunadamente, desde hace varios años existen organizaciones y ciudadanos en lo particular que se han echado a cuestas la carga enorme de hacer del conocimiento de las diversas poblaciones, la existencia de sus garantías, la defensa de los derechos humanos y consecuentemente la denuncia contra las autoridades violadoras de los mismos, buscando la sanción contra estas y la reparación a las víctimas.
Nuestros derechos, nuestras libertades, es el lema adoptado por la Organización de las Naciones Unidas para difundir los derechos y libertades consagradas en la Carta Internacional en la que la Asamblea General coincidió en que el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de las personas son los fundamentos para la libertad, la justicia y la paz en el mundo, corresponde a las autoridades, pero también a los ciudadanos el compromiso de la puesta en práctica de los mismos.

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