Ramón Guzmán Ramos
Democracia sin oposiciones
Sábado 19 de Diciembre de 2015
A- A A+

¿Cómo ubicar el momento en que el proceso de transición a la democracia se frustró?, ¿qué tipo de régimen político es el que se impuso al final? De los elementos que definen una democracia formal sólo han quedado el pluralismo y la alternancia de los partidos en el gobierno. Pero incluso estos rasgos han acabado por corromperse y borrar la identidad del modelo original. Lo que tenemos es un sistema político donde los partidos se turnan en las posiciones de gobierno y desaparecen como oposición real. Habría que anotar que las llamadas candidatura independientes en realidad no lo han sido. Los candidatos son políticos que desertan o son echados de los partidos a los que pertenecían y que se arropan con esta nueva figura de participación electoral. Una vez en el gobierno, tampoco se distinguen sustancialmente de los otros gobernantes.
Se creía que con el retorno del PRI al gobierno de la República no había condiciones para la restauración del antiguo régimen autoritario. La existencia de los otros partidos en la arena electoral impedía que una perspectiva de esta naturaleza se consumara. Pero no se contaba con la experiencia que durante décadas ha logrado acumular el partido que ha regresado al gobierno. No sólo logró remontar una posición que en su momento auguraba incluso su desaparición en el nuevo sistema democrático, sino que, una vez de vuelta en el poder, ha logrado desdibujar a la oposición. El primer golpe en este sentido fue el llamado Pacto por México. La visión neoliberal que asumió el PRI desde antes de perder el poder en el 2000 se volvió a concretizar el 2 de diciembre de 2012, apenas un día después de la toma de protesta como presidente de Enrique Peña Nieto.
Fue en el periodo presidencial de Miguel de la Madrid (1982-1988) cuando tuvo su aplicación la estrategia neoliberal con la venta y privatización de las primeras empresas estatales, desmantelamiento que siguió bajo el régimen de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo. El Pacto por México le facilitó a Peña Nieto la continuación de esta política de entrega de nuestro patrimonio nacional a las grandes empresas privadas, lo mismo nacionales que extranjeras. Tanto el PAN como el PRD se sometieron a esta línea que el neoliberalismo les impone a los estados nacionales y firmaron lo que no puede leerse sino como la cesión de nuestra soberanía nacional. Del PAN no causó mayor sorpresa: no tiene empacho en poner a prueba en el momento que sea su acendrado pragmatismo político. Pero del PRD se esperaba una reacción de rechazo: su origen se lo demandaba. Con todo y que había sufrido ya un proceso de desviaciones muy marcadas, aún quedaban algunas olas que provenían de sus orígenes como movimiento de insurgencia cívica. El Pacto por México, sin embargo, lo terminó de arrojar a esa zona de sumisión en que se encuentran los partidos políticos con registro, a excepción de Morena. Aun cuando el Pacto prácticamente quedó roto, las reformas estructurales de corte neoliberal que se consensuaron, como la Educativa, la Energética, la Hacendaria y la Fiscal se han venido implementando con la desaprobación de la sociedad y la resistencia activa de amplios sectores que se han visto afectados directamente en sus derechos históricos.
El PRI, como se sabe, instauró un régimen de autoritarismo sin una oposición real. Era, como lo afirmó en 1990 en su visita a México el escritor peruano con doble nacionalidad española, Mario Vargas Llosa –él mismo un defensor a ultranza del modelo neoliberal–, una “dictadura perfecta”. El PAN no tenía entonces la fuerza suficiente para causarle problemas y los otros partidos eran, como se les caracterizó con ironía, paleros del PRI, es decir, partidos satélites que giraban y existían sólo por la voluntad, la benevolencia y la tolerancia del partido en el gobierno. Los comunistas, agrupados primero en el PCM y luego en el PSUM, siempre fueron una fuerza marginal hasta que decidieron formar parte de ese intento de reunificación de las izquierdas que adquirió las siglas de PRD. Lo que tenemos ahora es una democracia simulada. La existencia de diversos partidos no ha dado forma a un régimen de verdadero pluralismo democrático. Se ha creado una clase política que se ha distanciado de la sociedad y se ha hecho de privilegios inmerecidos que por principio la deslegitiman. Estamos, por lo tanto, ante una nueva versión, enriquecida y renovada, de eso que facilitó lo que se llegó a conocer también como régimen de partido de Estado.
La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1990 marcaron el final de lo que se llegó a conocer como el socialismo realmente existente. Sin un contrapeso de fuerza, el capitalismo, en su fase de dominación neoliberal, ha impuesto su sistema sin resistencia de los estados nacionales. Las izquierdas en el mundo entraron en una zona de profunda confusión. Algunas de ellas han desaparecido y otras se han dejado atrapar en una limitada visión socialdemócrata, que planta recuperar el Estado de bienestar y defiende la democracia liberal. No se plantea transformar de raíz el sistema económico que nos rige a nivel mundial, sino “humanizarlo”, cosa por demás inconcebible en una época en que el capitalismo neoliberal se ha convertido en un depredador sin fronteras. Esto nos hace pensar que la izquierda, como ideología y como práctica, requiere de una profunda revisión. Más allá de los cambios que a través de la historia reciente han sufrido el concepto y la realidad que nombra, la izquierda es hoy más necesaria que nunca. ¿Pero cómo redefinirla para salir de la confusión? Estamos ante una embestida generalizada en contra de los derechos históricos de los trabajadores, del pueblo entero. La clase política en México es homogénea y no hace sino defender sus propios intereses. Toca a la sociedad asumir la defensa de sus derechos sin la mediación de los partidos que hablan y actúan falsamente en su nombre.
No basta resistir y, en una visión optimista, detener la embestida y revertirla. Habría que plantearse otro tránsito para la sociedad. Hay elementos sustanciales de la izquierda tradicional que es posible rescatar y con los que se puede construir una nueva identidad: la igualdad social, por ejemplo; la democracia directa, horizontal y participativa; la equidad económica, el equilibrio armonioso entre el interés colectivo y el interés individual, el Estado auténticamente plural y representativo, la paz y la seguridad social fincadas en la justicia, el desarrollo integral sin exclusiones ni privilegios, y en la libertad para todos.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Independentistas

La naturaleza del poder

Marichuy

La revolución en su laberinto

La toma del cielo por asalto

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad