Alejandro Vázquez Cárdenas
Los perros no son juguetes
Miércoles 23 de Diciembre de 2015
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Se atribuye a Lord Byron la siguiente frase, muy conocida, aunque no existe certeza absoluta de que la dijera nunca: “Cuanto más conozco a los hombres más aprecio a mi perro”. Lo que ciertamente sí escribió para un epitafio dedicado a un perro fue: “Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos”.
Y es que Lord Byron tenía un amor especial por los perros. Según parece, en una ocasión iba a bordo de un barco cuando un perro cayó al agua. Byron le pidió al capitán que detuviera la nave e hiciera algo para salvar al pobre animal. El capitán se negó explicando que ese tipo de acciones sólo se hacen en el caso de que sea una persona la que ha caído del barco. En ese momento Byron se tiró al agua y nadó hasta donde estaba el perro. Lo sujetó y esperó a que el capitán, obligado por las normas y por su propia palabra, detuviera el barco y mandara rescatar al hombre caído, es decir, al propio Lord Byron. Lógicamente al salvar al humano salvó también al perro.
La fuente de esta anécdota es sólida, procede de Pancracio Celdrán, profesor, erudito y periodista español especializado en historia y literatura antigua y medieval, doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y autor de un buen número de libros de historia.
Ahora bien, ¿por qué traigo a colación esta anécdota?, fácil: se acerca la Navidad y nuevamente los perros y gatos forman parte de la lista de deseos de muchos niños; es por lo tanto obligado recordar algo muy real: las mascotas no son juguetes, son seres vivos que sienten, aman, sufren, se alegran, tienen hambre, sed, miedo, sueño etcétera, y obviamente todas las necesidades fisiológicas de cualquier ser de su escala zoológica.
Muchos niños tienen claro que las mascotas no son juguetes, sino seres vivos, pero al parecer ese conocimiento no ha llegado a muchos padres, que en un momento dado y obedeciendo a un impulso irreflexivo compran una mascota sin haber conectado antes el cerebro.
Es importante que los niños y los padres de los niños entiendan que un perro o un gato no son en sí mismos un juguete ni un juego, sino un compañero de juegos con el cual deben mantener una relación y con los cuales van a establecer vínculos.
Además, para uno de cada dos niños, la mascota, después de sus padres, representa la principal fuente de apoyo emocional. Este vínculo con el animal de compañía ayuda a superar sensaciones de miedo o tristeza, y es a ellos a quienes recurren los más pequeños a la hora de encontrar alivio en situaciones desfavorables.
Es recomendable llevar a cabo un proceso de reflexión antes de compartir la vida con un perro o un gato, contando con unos puntos clave que ayudarán a que esta relación sea estable y duradera:
1. Compromiso. La convivencia con un animal de compañía será duradera. La vida media de un perro es de doce años y la de un gato es de quince. Por lo tanto, antes de tomar la decisión, debemos analizar nuestros hábitos de vida, nuestras costumbres y saber cómo vamos a integrar a este animal de compañía en nuestra vida cotidiana.
2. Decisión y reflexión. La elección no debe ser fruto del impulso. La toma de decisión debe involucrar a todas las personas que convivirán con él, no tomar una decisión sólo porque el niño pidió o le gustó “un perrito”.
3. Aprendizaje e información. Tomar conciencia de las necesidades del animal y de nuestras expectativas. Debemos informarnos de qué necesitará (cuidados, afecto, área física, actividad) y asumir las obligaciones.
Add. Estamos a un par de días de Navidad: tiempo de paz, serenidad, recuerdos y reflexión. Envío mis mejores deseos a mis cuatro lectores.
drvazquez4810@yahoo.com.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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