Salvador Molina Navarro
Derecho a qué...
Compartiendo mi realidad
Martes 29 de Diciembre de 2015

Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho.

Isaac Asimov

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Al caer el año regularmente me vuelvo un poco reflexivo. Atendiendo las noticias locales de los últimos días me enteró de un posicionamiento importante y que vale resaltarlo: el Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos del Ejercicio Fiscal 2016. Veo con detenimiento a la gente involucrada en cuestiones ajenas a los temas de la política financiera, escucho y leo el discurso de los políticos preocupados por dar lecturas de solidaridad social, señalando que aprobarán un presupuesto apegado a los derechos humanos, que debe responder a las necesidades de la ciudadanía, que están poniéndose de acuerdo sobre cómo ejercer el presupuesto de forma responsable, siguen y seguimos diciendo, escuchando, viviendo y soportando los discursos demagógicos alejados de la realidad, de un hecho que niegan una y otra vez pero que ahí permanece inmune, intocado, insuperado, el hecho de dar soluciones políticas a los problemas ciudadanos que acontecen en el día a día, en dar manejos alejados de una ética y honorabilidad, muestran en su discurso su preocupación para dar respuesta a la sociedad de cara a sus necesidades, a sus exigencias, pero siempre la decisión es desilusionante, ofensiva, siempre el actuar y el hecho no corresponden, son incongruentes.
Ahora con el tema del presupuesto vemos a un grupo numeroso de diputados, asesores, personal de apoyo, personal administrativo del Congreso del Estado, funcionarios del Ejecutivo del estado, titulares de organismos autónomos, en reuniones interminables en los más costosos lugares de la ciudad, generando gastos que resultan incongruentes con el discurso de que no se tiene para pagar ni salarios, ni uno solo de estos actores de la política estatal han dado cuentas a la ciudadanía sobre el gasto que ha representado sólo discutir cómo van a modificar la propuesta que mandó el gobernador al Congreso para ajustar gastos y cargas del año venidero, son gastos que corren del erario público, se tiene la Casona del Congreso, lugar comprado exprofeso para estos fines –cabe resaltar que dicha compra también fue en lo oscuro, quien en ese entonces la adquirió no dio cuenta de nada al respecto, ahora sigue siendo funcionario público–, no se ha dado cuenta a la sociedad de por qué no pueden hacer este tipo de reuniones en este lugar, por qué en lo oscuro, cambiando sedes para que nadie sepa dónde estará el siguiente “acuerdo”, donde trataran cómo usar los dineros públicos y cómo allegarse de más dinero.
Este tema surgió en una plática con mi esposa. Estábamos hablando de la situación económica de la familia y cómo solventar los gastos venideros; reflexionábamos sobre los montos de los aguinaldos –para aquellos que lograron obtener una parte de esta prestación–, los diputados se llevan 36 mil pesos cada uno de aguinaldo , los demás funcionarios no han hecho público cuánto les tocó de aguinaldo y si se pagó en partes o en una sola exhibición o si de plano no se pagó, mientras que el resto de los ciudadanos que no ocupan cargos públicos de primer nivel, nos toca, primero, estar con la zozobra de si pagarán o no, después ver cuánto pagaron si una parte o la totalidad, por último, organizar gastos para saber qué tanto podemos hacer con el dinero, ya no hay poder adquisitivo.
Nos percatamos, como ciudadanos, de cómo cada mes disminuye nuestro poder adquisitivo, cómo no hay pago de salarios, cómo no hay pago de deudas por servicios ya prestados o por ventas ya realizadas, el Estado deja viva la esperanza y somete con el hambre y la tiranía –función del Estado dictador–, pero no permite el crecimiento social, no permite un aumento del PIB, del salario mínimo… ahora es el momento de nosotros, podemos cambiar las cosas y debemos cambiarlas, no es suficiente quejarse o señalar, debemos forzar el cambio, debemos elegir adecuadamente a los representantes a los gobernantes, debemos exigir calidad en el servicio público –transporte, luz, agua, burocracia, etcétera–, debemos dar píe a buenas noticias, reconocer a quienes trabajan en pro de la sociedad, reconocer a aquellos funcionarios públicos que pretenden trascender en su función, debemos luchar por un mejor nivel de vida, una mejor sociedad, un mejor Michoacán, un mejor México.
En esta época de Año Nuevo es menester que pensemos en nuestros propósitos anuales, debemos incluir a menos uno donde facilitemos un desarrollo y beneficio social no sólo propio, ser mejores seres humanos, ser mejores ciudadanos, ser mejores padres y madres, mejores hijos, ser mejores en lo que hagamos y servir con ánimo de altruismo, servir con calidad. Esto provocará, forzosamente, cambios en nuestro entorno y así podremos ir cambiando muchos males de los que nos hemos quejado durante el año que está por vencer, busquemos, como sociedad, el equilibrio entre nuestros cuadros blancos y negros para poder avanzar con pasos firmes, entre bondad y maldad, entre vicio y virtud, para poder equilibrar ese duotono que impera en todos los quehaceres de nuestra vida.
Quise exponer parte de mi sentir y de privacidad en esta mi última aportación de este año 2015 para que todos, en nuestra intimidad o compartiéndolo, reflexionemos sobre el estado en que vive nuestra política, nuestras finanzas, nuestra sociedad, pero más aún, nosotros al interior de nuestro rol como padres o madres, como hijos, como ciudadanos, como servidores públicos, y qué podemos hacer para estar cada día mejor y lograr poco a poco conquistar nuestra felicidad. Amigos y amigas, les deseo un feliz año 2016.

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