Aquiles Gaitán
Amor y odio
Martes 29 de Diciembre de 2015
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No puedo, no deseo dejar de pensar en la revolución, no tanto en la rebelión social que rompe con el orden establecido, en el estallido social en contra de la opresión de las oligarquías o de las hordas de Atila; pienso en la revolución de la cultura, en las manifestaciones del arte que propician las contradicciones, las divergencias, el disentimiento, el descontento, que proyectan y definen las ideas, la palabra y la acción.
La pintura en Michoacán está en efervescencia aunque no hay escuelas definidas y no hay un movimiento claro, las diversas manifestaciones pictóricas son individualidades que buscan la originalidad lejos de las generalidades, en el color y a intensidad; el reclamo social es categórico, al igual que en la poesía y la música, el teatro y la danza; queremos ver respuestas, ¡que hablen los pintores!, ¡que hablen los poetas!, ¡que hablen los músicos!, ¡que hablen los actores y los bailarines! Cada quien con su lenguaje y su visión de un Michoacán muy por encima de los muladares y las tragedias bíblicas, en sus manos esta revolucionar las artes a la altura de los cambios que exige la delicada misión de cumplir con la función social de llevar a la práctica las ideas, de pasar de las concepciones a las creaciones. Decía Ocaranza que “no hay nada más triste que un revolucionario desactualizado”, dejemos la tristeza y actualícense, organícense y expongan, publiquen, ejecuten.
¿Quién escribe música en esta ciudad con una escuela de música?, ¿quién escribe poesía en esta ciudad con una escuela de letras?, ¿quién está pintando en esta ciudad con una Facultad de Bellas Artes? No escondamos la cultura, todo lo contrario, debe surgir desde la fuerza del cambio social que se está gestando.
Pero la cultura es más que la educación, la cultura es más que la ciencia y la tecnología; la cultura es un conjunto de factores que determinan la manera de ser y de vivir de un pueblo o una comunidad. La cultura de Tierra Caliente no es la misma que la cultura de la Meseta Purépecha o la de los habitantes del Lago de Pátzcuaro. Sus costumbres determinan los rasgos particulares de su cultura, esos que, lejos de su explotación comercial a través del turismo, se deben cuidar como el patrimonio intangible de los michoacanos. A los de Zacán les andan “pichicateando” los 20 pesos que les dan para organizar el festival anual que con gran esfuerzo han conservado; este es un ejemplo de lo que debe ser, cuando una comunidad se involucra las acciones que emprende tienen éxito, ¡claro!, si se manejan con honestidad y las cuentas son claras.
Todos tenemos en nuestros pueblos una fiesta religiosa por excelencia, digamos las de la Candelaria, las de Santo Santiago, las de San Lucas, las de la Virgen de Guadalupe por supuesto, las de la Virgen de la Salud, en Pátzcuaro; el Cristo de Carácuaro, las de Santa Clara, etcétera. En torno de esas fiestas se dan manifestaciones culturales únicas como son las danzas, que son representaciones dignas de tomarse en cuenta al igual que las pastorelas de los campesinos, casi en extinción; no podemos negarlo, es lo único que subsiste en el tiempo y si no lo cuidamos desaparecerá, como están desapareciendo las costumbres del carnaval, los auténticos jaripeos, las arpas, los conjuntos de cuerda, ¿acaso no podemos cuidar lo poco que nos queda? Todo cambia pero en materia cultural desaparece, se pierde para siempre como se están perdiendo los oficios cuyas técnicas y procedimientos se van con la vida de los maestros de los oficios, base indiscutible para la pequeña industria; igual pasa con las recetas de cocina y su práctica ancestral: si no se cuidan, todos terminaremos comiendo Mole Doña María y tortillas de Minsa, charamuscas de Guanajuato y ates de guayaba de Aguascalientes.
Mi abuelita Tita me obsequió, como un regalo querido para ella, la fórmula para hacer espejos. A estas alturas de la vida, ¿de qué me sirve hacer espejos?, sin embargo, es una alternativa.
La cultura es compleja y su enfoque debe ser así, como son las manifestaciones abstractas del hombre, desde el que labra la madera, pinta bateas, hace telas de lana, gabanes, sombreros, guaraches, guitarras, utensilios de barro, esculturas de barro o de piedra, simples molcajetes; hasta el que labra un hueso de durazno o de capulín, el que baila de Diablo en El Coloquio, el desalmado de la Judea, la Maringuía del Carnaval, lo mismo que los que cantan las pirekuas, que los que las escriben con letra y música, los de las bandas de viento y su música tocada y escrita, o los de la sinfónica, orquestas y cuartetos que interpretan y escriben música. ¿No podemos tener una verdadera sinfónica? Lejos de los sindicatos, donde el talento, técnica y disciplina sean el motivo y la razón de su permanencia, igual que en todo el mundo. La danza está dejada a su suerte, los famosos Niños Cantores que le dieron fama a Morelia y al Conservatorio están igual, los intereses son otros, la música sacra como el canto gregoriano son el pasado, hoy se borda sobre un Festival Internacional; la poesía, no se diga, los certámenes se dejan desiertos, tal vez porque nadie cree en los jurados o porque participan malos poetas, pero en Zamora, Uruapan, Sahuayo, Jiquilpan y Lázaro Cárdenas hay buenos poetas y certámenes locales que alientan y reconfortan. ¿Acaso la poesía no es digna de un verdadero festival internacional similar al primero?, o siguen los poetas nones que no llegan a tres.
La bienal de pintura sigue siendo una alternativa, hoy con vastos espacios de exposición, los michoacanos son marginados y el burócrata en turno, si hay presupuesto, programa a sus cuates y caprichos, ¿no podrá haber comités de selección y programación de espacios?
“Lo que sea que suene”, que se dirima de una vez el conflicto del Teatro Matamoros y que su puesta en marcha sea un motivo suficiente para el parteaguas del antes y el después de un aspecto más que requiere, como todo, un nuevo comienzo, ¿un nuevo comienzo cultural? Aunque ya sabemos, de la frase del cirquero, “con dinero baila el perro” y según el presupuesto para el año que viene, serán los alcances. ¿Podrían los señores diputados de la comisión correspondiente poner algo de dinero etiquetado para organizar y preservar la cultura? Falta coordinar con el nuevo secretario de la Cultura del gobierno federal las promesas de Apatzingán, que no se le olvide lo que fue a decir de parte de Peña Nieto, o lo dejamos una vez más en el lugar más apreciado de los políticos, el olvido.
Esta semana termina el año 2015, que no nos abandone nunca ni la pasión, ni la imaginación para interpretar la realidad, los problemas sociales y los caminos para superarlos; los actores políticos no pueden solos, por muy inspirados que sean, el problema es la comunicación entre las autoridades electas y los electores, entre los representantes y los representados, las oligarquías y el pueblo, los menos con los más, la minoría y la mayoría, es decir, el eterno problema del ejercicio del poder y el no poder.
En el fondo de la cultura, en el fondo del arte, en el fondo de la vida misma de cada ser humano subyace la concepción de la belleza, de lo bello, que impulsa desde el fondo las manifestaciones estéticas, las formas de expresión que cada disciplina y que cada quien interpreta a su manera le da forma con materiales, con colores, con notas musicales, con palabras.
Inicié invocando a la revolución, termino invocando a la revolución. Para entender la revolución habrá que concebir la revolución, pensar la revolución y llevar a la practica la revolución; si es social o política, apostar hasta la vida y morir en el intento; si es cultural, igualmente, apostar hasta la vida, no digo morir en el intento, aquí la alternativa es olvidarse del intento y perderse como todos en el mundanal ruido, ser uno más de la parvada y esperar el ocaso hasta el eterno instante en que el sol desaparece.
Aprenda a vivir consigo mismo; si puede amar, ame con todo lo que tenga, y si le gusta odiar, igual, odie con todo lo que tenga, los dos caminos llevan a la felicidad.
Invoco a Rimbaud en Una temporada en el Infierno: “Una vez senté a la belleza en mis rodillas y la encontré amarga…”; invoco a Valery del “Cementerio marino”: “frente a este campo, tranquilo techo de palomas, la mar, la mar, siempre comenzando…”.
¡Feliz año 2016!, ¡apuéstele a los pares!

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