Ramón Guzmán Ramos
Que paguen los que siempre pagan
Lunes 4 de Enero de 2016
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Lo primero que se me viene a la mente es que se trata de un alto grado de insensibilidad social por parte de los integrantes del Congreso del Estado. No sienten de la misma manera que el pueblo la desesperación y la angustia ante la imposibilidad de resolver satisfactoriamente y día con día las necesidades que lo agobian. No saben cuál es realmente la situación que se enfrenta en la entidad porque ellos, los diputados locales, los que tendrían que legislar respondiendo siempre a los intereses de los ciudadanos que dicen representar, viven en otra realidad; ellos habitan un mundo de privilegios donde lo único que les importa es su propia existencia y su reproducción como clase política.
Pero digo enseguida que me quedo corto. Hay otras cosas que nos ayudarían a entender un poco mejor lo que se nos viene encima, este golpe artero a la economía popular que nos han propinado desde arriba los de siempre. No es sólo insensibilidad política, ese rasgo que es parte de la naturaleza misma de quienes gobiernan y legislan de espaldas a la sociedad, sino el estilo que los define. Ellos profesan un desprecio enorme por eso que han llamado “transparencia” y que forma parte de su discurso cotidiano, su lenguaje de prestidigitación y engaño. Sabían que la inmensa mayoría de la gente rechazaría la propuesta del Ejecutivo estatal y la manera en que ellos, los diputados y diputadas de la LXXIII Legislatura local, harían sus contactos y transacciones: en espacios cerrados y lujosos, fuera del alcance del escrutinio y condena ciudadanos. Por eso se escondieron.
Hasta que llegó el día de la votación. Acudieron a la sede del Congreso con un acuerdo “amarrado” de antemano, tras bambalinas. Llegó a trascender que les ofrecieron premios especiales para que aceptaran votar a favor de la propuesta del gobernador: la imposición de un nuevo reemplacamiento, con todo y engomado, que tendrá un costo de dos mil 300 pesos, la adquisición de nueva deuda a corto plazo por tres mil 500 millones de pesos y un aumento del 25 por ciento en el pago de todos los servicios. Ahora nos dicen los legisladores, el gobierno y sus partidos (PRD, PT, PVEM y mayoría del PRI), que ha sido para nuestro propio beneficio. Que nos lo expliquen mejor porque no hay lógica en esto que nos quieren hacer ver como justificación. ¿De modo que les pagamos para que nos golpeen, para que nos sigan saqueando y nos hagan mucho más angustiosa la cuesta de enero, y la de todo el año?
Hay irritación ciudadana por todas partes, indignación y coraje. A nadie le dijeron, cuando andaban en campaña, que harían este tipo de cosas, que cometerían estos atropellos contra los ciudadanos indefensos. Es verdad que los gobiernos están en quiebra, es una quiebra económica y política, de confianza ciudadana. Pero ellos y sólo ellos son los responsables. Hay que recordarles que con esto de la alternancia no han hecho sino pasarse el poder de unas manos a otras, de un color a otro, y que todos han contribuido a dejar sin fondos las arcas del erario, con una deuda impagable que no hace sino crecer. ¿Por qué tendríamos que ser nosotros, simples mortales que vivimos de lo que podemos, de nuestro salario magro, los que debemos pagar los platos rotos? Por eso el hartazgo de la población. Ni el gobierno ni los legisladores resistirían en estos momentos una consulta ciudadana sobre lo que nos han hecho.
Han dicho también algunos diputados y representantes de partido que tuvieron que hacerlo porque de otra manera habrían caído en un populismo irresponsable. De modo que nos han hecho un favor y deberíamos agradecerles. Desde hace rato que quieren espantarnos con este término emergente. Populistas son los enemigos, es decir, todos los demás, sobre todo aquellos que podrían adelantárseles en las posiciones y preferencias. Y populismo es eso de lo que nos han salvado con este nuevo desvalijamiento. La situación escala a otro nivel de calificación. Cinismo podría ser la palabra. No es un insulto. El diccionario nos dice que cínicos son los que mienten con descaro, los que defienden y practican de manera impúdica y deshonesta algo que merece general desaprobación. Otros han declarado que había que salvar al estado del desastre y encauzarlo por una nueva vía de desarrollo. Tuvieron que dedicarse mucho para encontrar la solución más sesuda: que paguen los que siempre pagan.
Cuando hemos estado ante expresiones masivas de inconformidad de sectores de la población que se ven obligados a tomar espacios públicos para detener embestidas semejantes, desde los diferentes ámbitos y niveles de gobierno se les condena porque, se dice, con sus acciones afectan los derechos de terceros. ¿Qué hará ahora el gobierno con tantos terceros que hemos resultado afectados con esta medida que carece a todas luces de legitimidad? Con la Ley de Ingresos para 2016 que aprobó la mayoría del Congreso han lesionado nuestros derechos. No es sólo el monto del dinero que nos obligan a pagar, lo que no deja de ser inequitativo, ya que algunos podrán cubrirlo sin sentirlo demasiado, otros apenas alcanzarán a hacerlo y otros de plano tendrían que contraer deuda personal para cumplir una obligación que nos imponen arbitrariamente desde arriba, sino la afrenta, dirían en mi pueblo, el atropello a la dignidad; y más allá de la afectación individual, el golpe de mano que la democracia convertida en autoritarismo le asesta una vez más a la sociedad.

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