Aquiles Gaitán
Carta a los Santos Reyes
Martes 5 de Enero de 2016
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Queridos Reyes Magos, por los pasos que dieron de Egipto a Belén, quiero que me traigan, pues me porté bien, lo siguiente: salud, dinero y amor, en ese orden de prelación. Espero que no me vaya a pasar como cuando les pedí conocer el mar y me cumplieron el deseo cuando tenía quince años, requiero tener esas tres cosas hoy y siempre para poder vivir como la gente. Si la salud me abandona seré campo propicio para las enfermedades pero lo diré más propiamente, si me abandono yo mismo, si no me cuido ni hago ejercicio, si como porquería y media, si bebo como cosaco, seré campo propicio para las enfermedades, por eso les pido en primer lugar salud, porque sólo queriendo tenerla por sobre todas las cosas me acerco a ella franca y decididamente, y más con su ayuda. Les pido dinero en segundo lugar, pues en este mundo donde vivimos, como me decía mi padre al darme mi domingo, “un hombre sin dinero no vale nada”; cuánta razón tenía, el gran problema de la vida es cuidar el que se tiene y ganarse la vida desde un oficio, un comercio o desde el ingenio para producir o inventar algún producto o servicio; es decir, ganarse la vida con honestidad y decoro, porque hay muchos que se ganan la vida quitándole el dinero a la gente con amenazas de matar a algún congénere privado por ellos, de la libertad, otros sembrando evidencias para incriminar artificiosamente a indefensos ciudadanos con la amenaza de meterlos a la cárcel y consecuentemente enfrentar un proceso, otros simplemente robando, otros haciendo circo, maroma y teatro para sacar tajada de su inteligencia aplicada a la tranza, la maroma y el “cochupo”, otros vendiendo cosas, a sabiendas de que están defectuosas o están mal, desde los carniceros que venden carne de res con clembuterol, los que venden longaniza de cerdos con grano, los que utilizan pesticidas prohibidos para sus cultivos, lo que ordeñan vacas enfermas y hacen queso, los que etcétera, etcétera, mejor no le sigo porque voy a causar fobias y ya que nos estamos acostumbrando, como la frase para dar el pésame en el rancho: “¿Cómo te va de cuidados?”, “aquí pasando con ellos”.
En tercer lugar, Melchor, Gaspar y Baltazar, les pido amor, que el amor, el amoroso amor no me abandone nunca, que mi esposa me quiera como yo la quiero, que sigamos siendo la llamarada que somos desde el día en que juntamos nuestras llamas. Lo mismo deseo a todos mis lectores, que sus mujeres los quieran como ustedes a ellas y viceversa. Un poema de hace años de Arturo Molina, lo llamó “Decir amor cuesta”, ¡cuánta razón tenía!, decir amor sinceramente, sintiendo la palabra en la memoria y en el corazón, mirando a los ojos, nos lleva al estado de gracia en que un colibrí liba el néctar de una flor, suspendido con sus alas vibrantes en el viento, pero cuesta mucho, cuesta que cada día, como se riegan las flores del jardín, se aliente y se alimente no con la frescura del agua, si no con la frescura de un beso, o muchos besos.
Existe el amor al prójimo, el amor filial, el amor paterno y materno, el amor propio, el amor a la naturaleza, a las plantas y animales, hay muchos amores pero todos parten de sentir el amor en uno mismo, si eso sucede, cuídelo, aprécielo y no lo deje ir por ningún motivo, el amor es cosa de dos, el de uno sólo se vuelve egolatría o simplemente no existe.
Desde el amor, queridos Magos, les pido justicia, porque en el fondo, el amor y la justicia parten de donde mismo, de la verdad, de esa luz que ilumina el camino de la vida, esa luz proviene de la estrella que iluminó el camino de ustedes para llegar al pesebre; la justicia es una estrella que todos seguimos, su luz es guía e ilumina, pero es a la vez inalcanzable, no es subjetiva puesto que ahí está, es inmortal, como la luz y el viento, si es así, ¿A dónde va la justicia?, ¿a dónde va la luz?, ¿a dónde va el viento?
Nací bajo la luz de las estrellas que forman el alacrán del cielo, con esa luz se contempla un mundo diferente al que la realidad nos ofrece, no soy el primero en imaginar un mundo mejor, no la realidad aparte que describe Castaneda, si no el modelo deseado que a mi mente acude, es cierto, antes los pobres no tenían zapatos, ni televisión, comían tortillas, frijoles y chile, hoy toman Coca Cola con papas en bolsita o cuanta porquería venden desde el changarro más humilde, del rancho más lejano, hasta las puertas de las escuelas o las tiendas más grandes, ¡vaya capacidad de penetración comercial!, hay desempleo, los ninis han crecido, y como si fuera poco, el gobierno federal pone en el tapete de la discusión social, en la agenda legislativa del Congreso de la Unión, nada más ni nada menos discutir si la mariguana debe legalizarse; consumo, producción, distribución, industrialización. Qué tal si a uno de los ministros de la Corte o de un diputado les toca un hijo mariguano, que se pase fumando idiotizado por el narcótico, viendo pasar el tiempo desde su paraíso celestial, un día sí y otro también, pues es altamente adictiva. ¡No!, y mil veces ¡no! No abran la caja de Pandora, ya tenemos para rato con el alcoholismo y, ¿quiénes serán los ganones de la comercialización? Dejen las drogas en el mundo infame de las drogas, si no pueden controlar con el Ejército, la Marina Armada, la Fuerza Aérea, policías federales, estatales y municipales a un grupito de facinerosos, hoy al margen de la ley, ¿cómo van a controlarlos dentro de la ley? ¿Con los inspectores de hacienda? ¿Federales?, ¿cuántos son? ¿Estatales?, ¿dónde están? ¿Municipales?, ¡por favor!, no les cobran ni a los vendedores ambulantes, ni a los comerciantes de los mercados, ni el Predial ejidal. ¿Será que ya se cansaron de hacerle al engabanado?, ¿de representar la farsa?, bonita cosa, los diputados en vez de discutir la justicia discutirán la mariguana, ¡que les repartan carrujos el día de la discusión para que tengan una elevada discusión! Y, ¡buen provecho!
Ya para terminar queridos Santos Reyes, ¡gracias! Por la troquita de palo que un día me hizo feliz, por la carreta con llantas de madera de encino y clavijas de ocote, por el cañoncito y las pistolas vaqueras, por el maromero y el boliche, por tantas cosas que guardo en mi memoria, pero sobre todo, ¡gracias por hacerme soñar!
Estamos frente a un año que comienza, es el tiempo en su ciclo interminable que no puede repetirse, el pasado y el presente y eso que hoy se está gestando pero que todavía no es; en las fogatas del Año Nuevo se quema el viejo y nace el nuevo, es el ritual prehispánico que nos sigue, que nos convoca e ilumina, que reencarna y vuelve a ser. Para el pasado, un suspiro; para el presente, una esperanza.

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