Rafael Mendoza Castillo
Rafael Mendoza Castillo
Neoliberalismo, corrupción y narcotráfico
Lunes 11 de Enero de 2016
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento de Edgardo Buscaglia: “Lo peor de todo es que la corrupción política y el lavado de dinero conllevan desviaciones de presupuestos públicos hacia las arcas y cuentas bancarias de criminales, y no hacia la construcción de infraestructuras sociales de combate a la pobreza y la inequidad más extrema, lo cual después se mide en millones de muertes al año de menores de edad y demás personas socialmente vulnerables”.
Así, la clase política mafiosa detiene, por tercera vez, al delincuente Joaquín Guzmán Loera, pero no investiga el lavado de dinero. No investigan porque existen complicidades privadas y públicas. De ese modo la proporción creciente del blanqueo no podría existir sin esa corrupción política al más alto nivel (empresas fachada). En 1994, las Naciones Unidas identificó 18 categorías de delincuencia organizada, entre ellas: el lavado de dinero, el tráfico de estupefacientes y de armas, la corrupción de funcionarios públicos, las quiebras fraudulentas, la trata de personas, compra de votos, etcétera, etcétera.
Estas tendencias violentas, que hoy caracterizan a las sociedades capitalistas o neoliberales salvajes, son síntomas que anuncian la descomposición de las formas que organizan la complejidad de la vida social. Tanto el crimen organizado, el narcotráfico y el orden estatuído, son formas violentas que ponen en peligro la vida individual, la vida de la especie y la existencia de la sociedad; además, ponen en crisis el sentido ético de la vida humana. Son también hechos sociales que revelan la forma en que la vida social se ha estructurado y constituido.
La lógica que funda a las sociedades capitalistas, a su sistema de dominación y sus instituciones, es la de acumulación desigual del excedente, es la condición para que el narcotráfico y el crimen organizado lleguen a constituirse en poderes que ponen en peligro la seguridad de la vida humana y de los Estados modernos autoritarios.
En estos momentos la gravedad del asunto está en que no podemos predecir, con certeza, la profundidad y el alcance de los fenómenos mencionados. El narcotráfico y el crimen organizado son acontecimientos que violentan el Estado de Derecho y las formas mínimas de la convivencia de nuestras sociedades nacionales. Estamos ciertos que ambas organizaciones han penetrado las estructuras públicas y privadas, más o menos legales y legitimadas. Todo ello pone en peligro la seguridad de las naciones. Ambas actividades se han venido instalando, no sólo en países y regiones, sino a nivel global. Esto complejiza el asunto y hace más difícil su combate y erradicación.
Creemos que el combate a la lógica del narcotráfico y el crimen organizado debe implicar la revisión y cuestionamiento del actual proyecto neoliberal unipolar que se ha venido instalando de manera autoritaria en la periferia y en el centro del poder mundial, que ya se vislumbra. Como bien se pregunta Lorenzo Meyer: “¿Cómo se puede combatir de manera seria y efectiva al crimen en la base de la sociedad si la impunidad y la corrupción persisten como los rasgos dominantes en las cúpulas del poder? A lo anterior podemos agregar los fraudes electorales de 1988, 2006, 2012 y la ausencia en la rendición de cuentas de las clases dominantes y otros.
Hay una pregunta obligada: ¿qué tanta responsabilidad tienen y han tenido las clases políticas que han dirigido durante muchos años a los Estados de bienestar del pasado y a los Estados neoliberales salvajes del presente, en el desarrollo y crecimiento del narcotráfico y el crimen organizado y en la descomposición del tejido social? Yo creo que mucha responsabilidad, porque el sentido de sus políticas económicas se ha sustentado en una racionalidad instrumental, pragmática y calculadora, la cual privilegia el crecimiento desmedido del capital en pocas manos y acelera, por otro lado, la producción constante y permanente de la pobreza extrema, el desempleo casi total, la desatención a las necesidades más elementales de la población mayoritaria: educación, recreación, alimentación, salud, vivienda, etcétera.
Es posible que el narcotráfico y el crimen organizado sean los viajeros incómodos que acompañan a la humanidad y a sus formas de organización y constitución de lo social en el siglo XXI; y sean los síntomas indicadores de la incapacidad y la decadencia de las normas, de las reglas y de los valores del modelo capitalista burgués. Lo anterior trastoca el sentido de los valores de solidaridad, libertad y el principio altruista.
Pensamos que ambos eventos son producto directo de sociedades que tienen como medida la acumulación psicótica, compulsiva, de la riqueza, el poder y el éxito. Es esta regularidad histórica la que conduce a la humanidad y a la sociedad mexicana a la autodestrucción y al deterioro del tejido social. Con lo anterior se desarticula el vínculo individuo, especie y sociedad, desapareciendo el sentido de la vida humana.
Lo que está en juego, hoy día, es el poder de dominación y explotación capitalista y las instituciones que la configuran como tal. Creo firmemente que atacar al narcotráfico y al crimen organizado implica revisar las instituciones políticas y sociales vigentes e instalarlas en un nuevo modelo de organización socialista de la vida social. Ese nuevo marco institucional debe fundarse en un pacto social diferente al actual, que tenga como rasgo distintivo la libertad, la justicia y la democracia participativa.
Los Estados nacionales contemporáneos se han venido preocupando por mantener a las instituciones autoritarias, las cuales simulan combatir el narcotráfico y al crimen organizado. Pero en su óptica, política-conservadora, no está presente la solución de raíz, de la pobreza, el hambre, el desempleo, la justa distribución del saber y del pensamiento crítico, la desigualdad en todos los sentidos, mismas que constituyen los elementos necesarios para erradicar de la existencia a los fenómenos mencionados.
Poner en cuestión al narcotráfico, al neolieberalismo y al crimen organizado como formas o mecanismos de destrucción, conlleva la interrogación y la reflexión, para transformar el sentido histórico del paradigma capitalista neoliberal del presente, y construir una forma social nueva. La condición humana está en peligro. Paremos el tren desbocado de la acumulación infinita del capital. Como dice Milán Kundera: “La vida está en otra parte”. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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