Ramón Guzmán Ramos
Cómo distraer a un país
Sábado 16 de Enero de 2016
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La recaptura de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo Guzmán, se convirtió en un acto emblemático, casi heroico, para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Pero el efecto en la sociedad no fue inversamente proporcional al que tuvo su segunda fuga el 11 de julio de 2105. El efecto de la fuga fue catastrófico para su imagen. No hubo, en cambio, una recuperación suficiente del prestigio perdido ahora que El Chapo fue devuelto al penal de El Altiplano. La gloria de las primeras horas, de los primeros días, se diluyó paulatinamente en la medida que los ciudadanos de a pie volvieron a sentir sobre sus espaldas el peso enorme de las otras crisis. El agobio por la violencia que no cesa, por la pérdida gradual de los derechos fundamentales, por la ausencia indefinida de oportunidades para los marginados, por los abusos de poder y la impunidad con que se cometen, por la lucha de los inconformes que se castiga con la condena pública y la persecución, es producto de una realidad aciaga que no se altera sustancialmente con el suceso festejado. La gente ha estado de vuelta a su circunstancia demasiado pronto. Había que darle un giro intempestivo al asunto para volver a crear el efecto distractor. Y extrajeron la respuesta del encuentro que tuvo El Chapo con el actor y director de cine Sean Penn y la actriz Kate del Castillo.
Se ha producido, asimismo, una saturación tóxica de la información que se publica a diario sobre la operación que se puso en marcha para atrapar al fugitivo. Pero El Chapo en la cárcel es ya un asunto que ha estado perdiendo interés entre el público. Lo menos que dice la gente es que era obligación del gobierno atraparlo después de que se le escapó tan pronto y tan fácilmente. No hizo entonces sino cumplir con ese imperativo político y moral. No hemos visto hasta ahora, por otro lado, un trabajo independiente y a fondo de investigación sobre el intrincado mundo del crimen que ha construido Joaquín Guzmán Loera a lo largo de estos lustros y del cual es rey absoluto, mucho menos acerca de las redes de corrupción que hicieron posible su fuga hace seis meses por el túnel célebre. ¿Qué hacer para evitar que la trama en los medios se agotara y dejara a todos otra vez con la realidad subyacente entre las manos? Decidieron entonces darle un sesgo para distraer la atención de los ciudadanos de su agobio cotidiano. Dos personajes de fama internacional del mundo de la actuación se han convertido ahora en el objetivo, en el tema a explotar hasta que la gente vuelva a quedar aturdida y ya no se pregunte por esa otra realidad que carga con angustia sobre sus espaldas.
Ahora sabemos que Kate del Castillo estableció contacto con El Chapo Guzmán con el propósito de echar a andar un proyecto cinematográfico sobre la vida de éste y, de paso, para que Sean Penn, que ha entrevistado a varios líderes y personajes del mundo que le resultan incómodos o de plano odiosos al gobierno de Estados Unidos, le hiciera una entrevista al capo mexicano. Es el asunto que tenemos encima cada hora de cada uno de estos días que han transcurrido desde la recaptura venturosa. De aquí han salido a la luz hasta los detalles más impensables y mínimos, todo lo contrario a la ausencia de una información objetiva y veraz que pudiera servirnos para contextualizar el asunto y poder establecer un criterio crítico sobre lo que está pasando en nuestro país. Toda la condena y las amenazas (veladas o abiertas) son para el actor y la actriz estadounidenses. Sabemos también que lograron reunirse con El Chapo para conocerse y hablar sobre la propuesta. A final de cuentas lo que quedó fue un video donde El Chapo responde preguntas que Sean Penn le habría enviado después. La versión periodística del encuentro fue publicada un día después de la recaptura en la revista Rolling Stone. Un trabajo que, por cierto, se han encargado de descalificar y desprestigiar comunicadores y comentaristas que no hacen sino reproducir con algunas variantes la versión oficial. Se trata de dejar claro que ni Kate del Castillo ni Sean Penn son periodistas y, por ello, deben ser objeto de persecución judicial en este país y en el del norte.
Una de las funciones fundamentales del periodismo es abrirle espacios a la realidad para que los ciudadanos del mundo nos podamos asomar a ella y darnos cuenta de lo que ahí sucede y por qué sucede. Pero esta función no es exclusiva del periodismo tradicional. No sólo el que trae credencial de reportero tiene la facultad legal para hacer un trabajo de esta naturaleza. Muchas de las obras que han trascendido en la historia han sido hechas por personalidades que se han atrevido a cuestionar y desafiar las “verdades oficiales” y se han arrojado por su cuenta a explorar lo que hay en el fondo de los hechos. Si nos quedáramos sólo con las versiones que el poder difunde a través de muchos medios de comunicación, nos perderíamos de lo que hay en el otro lado de la Luna, en el lado oscuro, allí donde los demonios tienen también sus reinos. La búsqueda de la verdad, que debería ser el compromiso central de todo medio de información, de todo periodista que se precie, es un proceso de construcción complejo. No podemos aceptar los sesgos maniqueos y quedarnos con una sola de las versiones, o con varias líneas de la misma versión. De lo que se trata también es de conocer el alma humana, no sólo sus resplandores gloriosos, también sus cuevas y agujeros oscuros, allí donde “anidan” (Juan Rulfo dixit) las motivaciones primordiales, los impulsos básicos, elementales, los instintos salvajes, las perturbaciones inconscientes, de la conducta humana.
Pero no sólo de esta zona específica. De la misma manera, ese territorio de la realidad donde habitan y se mueven los inconformes, los herejes, los que no aceptan someterse a los dictados de las “versiones oficiales” y se rebelan contra tal estado de cosas. Ellos son arrojados a zonas de silencio. El silencio no es sólo la ausencia de ruido, sino el exceso hasta el extremo de ruido. Se les trata con ruido de estruendo para que no se oigan sus voces. Hasta que llega alguien y les ofrece el micrófono para que digan su versión y la sociedad juzgue. Los periodistas que explotan una sola versión de la realidad, sobre todo cuando sospechosamente tal versión coincide con la que tratan de imponernos desde el poder, traicionan el compromiso fundamental del periodismo. La sociedad tiene derecho a estar debidamente informada, lo que incluye conocer todos los ángulos y facetas posibles de los hechos que, para bien o para mal, hacen nuestra historia. Lo que se propusieron hacer Kate del Castillo y Sean Penn fue utilizar el medio en que ellos se desenvuelven –el cine, la televisión y algunas publicaciones– para arrojar alguna luz sobre otra cara de la realidad.

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