Rafael Mendoza Castillo
La desconfianza y el desánimo
Lunes 18 de Enero de 2016
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En principio existe una desconfianza y una rebeldía en contra de un sistema político y un modelo de economía porque persiguen objetivos privados y no contemplan fines públicos. Ambas estructuras dictan reglas solamente para que unos pocos acumulen infinitamente capital. Esta última es la regla fundamental del capitalismo, llamado ahora neoliberalismo. En este sistema-mundo capitalista cada día está en peligro la condición humana y la vida del planeta Tierra. Frenar este tren desbocado es una tarea prioritaria de la actual civilización humana.
El sistema-mundo del capital tiene la capacidad de producir sus propios mecanismos de control administrativos o planificados con la finalidad de que todos ellos anulen las contradicciones y conflictos de la sociedad. A este orden le gusta la armonía y el equilibrio. Así, frente a la lucha de clases, entre pobres y ricos, gobernados y gobernantes, alienación y libertad, crean partidos políticos, procesos electorales, masas consumistas, juntas de conciliación, leyes a modo, medios de comunicación subordinados al poder oligárquico, uniformidad de conciencia, sujetos mínimos, buenos para la competencia y la obediencia, etcétera.
Existe en la ciudadanía, en las personas, en los individuos, una desconfianza hacia la partidocracia dado que estos partidos solamente persiguen intereses particulares y reparten promesas a la población, las cuales nunca cumplen. En campaña, a los ciudadanos les bajan el cielo y las estrellas, y una vez que se instalan en el poder hacen lo contrario. Por ejemplo, el “nuevo comienzo” que accedió al Solio de Ocampo, en campaña rechazaba el remplacamiento, y ya en el ejercicio del poder, lo aplica.
Lo anterior muestra que la democracia representativa es un mecanismo, además de muy caro, que permite crear una ilusión, una fantasía en el imaginario de la gente con el objeto de reprimir, de ocultar, las verdaderas razones externas e internas que mueven al orden socialmente constituido. Esas ilusiones o fantasías se satisfacen con comedias como escapes o recapturas de criminales, novelas del duopolio televisivo comercial, “mover México”, “Mexico’s moment” y “saving México”. Estas fantasías, conductores, significantes amo, son creadas por el mismo poder de explotación y persiguen la creación de sujetos sometidos a lo que está dado como sistema social.
Decimos que hay desánimo sobre una economía que no crece más allá del dos por ciento del Producto Interno Bruto anualmente. Que el peso se devalúa aceleradamente (18 pesos por un dólar), que el salario mínimo crece dos pesos, que los pobres son cada día más, que los ricos acumulan grandes cantidades de riqueza y que el país pierde su soberanía. Lo anterior es resultado del proyecto neoliberal que han impuesto la clase política y la oligarquía que hoy gobiernan México.
Al sistema social, realmente existente, no le importa garantizar, ni en derecho ni socialmente, la vida y las propiedades de las personas. El orden actual utiliza la inseguridad para producir temor y miedo en los individuos, grupos o clases. El Estado mexicano, hoy y ayer, siempre ha servido al capital y sus dueños. Solamente mi mente recuerda a un presidente que se inclinó por los olvidados del campo (Reforma Agraria) y por la defensa de la soberanía del país (expropiación del petróleo), Lázaro Cárdenas del Río. De ahí en adelante todos los presidentes se han entregado al servicio del capital nacional y extranjero.
No me puedo entusiasmar, no puedo tener confianza, no puedo tener ánimo con un sistema y unos gobernantes que permanentemente traicionan a los mexicanos y mexicanas. El proyecto de desigualdad social que es defendido por la oligarquía financiera es histórico, lo que significa que no es natural, sino que si nos organizamos los de abajo, los olvidados, los explotados, podemos transformar el actual orden de cosas porque no es eterno.
Tenemos que dar un salto, ir más allá de la necesidad que el sistema ha instalado en nuestra mente, conciencia e imaginario simbólico para mantener el sentido y significado de una realidad sociohistórica que coincide con los intereses privados de la clase hegemónica dominante. Esto es, crear la necesidad de otra realidad, más realidad que la que defiende el poder.
El sistema ha creado en nosotros la idea de un orden que parece eterno, que es el mejor mundo posible. Por eso inventa creencias no fundadas en la razón, sino en emociones o sentimientos para construir una necesidad de conciencia que no incomode lo establecido. Todo ello mata una conciencia utópica que incluya la idea de esperanza, de mañana, de futuro.
El orden del capital ha creado la necesidad de una práctica repetitiva de lo mismo pero que no logra cambiar nada de lo existente. Lo mismo provoca depresión en la gente. No hay nada emergente, no hay novedad. Como decía el poeta, los mismos cuentos, ya no me cuentes cuentos.
Tenemos que apropiarnos de la política, es decir, de la acción constituyente, para hacer acontecer e ir más allá del dejar hacer. Es necesario construir un proyecto que incorpore lo que es común a todos los marginados y los explotados que es la dignidad, misma que no se intercambia por nada; el vivir bien, el respeto al otro, al diferente, el pensar crítico, el cuidado de la tierra, de la naturaleza, la justicia social, el multiculturalismo, la igualdad entre mujeres y hombres, la comunidad solidaria. El proyecto neoliberal es individualista y egocéntrico.
En ese proyecto nuevo de sociedad, todos coincidimos en la desaparición del sistema-mundo capitalista o neoliberal. Todos pensamos en la emancipación y liberación humana como necesidad de conciencia, de realidad y de praxis. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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