Aquiles Gaitán
La catástrofe
Martes 19 de Enero de 2016
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No podemos curar el cáncer con la pura “hierba del cáncer”, ni la presión alta con las tecatas del zapote blanco, ni la diabetes tomándose sus orines, el remedio es más complejo, o no hay remedio y el organismo que los padece vivirá con ellos para siempre; así es el endeudamiento público de los estados, del Gobierno de la República y los estados, así es la pobreza, así es la inseguridad, así es la contaminación, el estado vivirá con ellos para siempre y si quiere remediarlos tendrá que aplicar soluciones drásticas de fondo, dietas rigurosas, destrucción de tumores por radiaciones y amputaciones en aras de salvar la vida; reducción del organigrama, reajustes, liquidaciones, reducción de gastos, reducción de inversiones y subsidios aberrantes, educación ambiental, eficiencia probada, probidad, honradez y calidad en el servicio. Es un plan de choque para salvar la vida y vivir con las enfermedades controladas. Esta visión catastrófica contrasta con la visión optimista que se está conformando poco a poco, región por región, en los foros de consulta del Plan de Desarrollo, que levanta ilusiones y espejismos por todos los rincones. Pero esta es contradictoria y dramática; un Plan de Desarrollo expresado en dinero se llama presupuesto; es como querer volar con alas de petate, parodiando a Ícaro, que huyó del laberinto con unas alas de águila pegadas con cera, que en el dramatismo de la mitología, voló tan alto que el Sol derritió la cera y se desplomó sobre el mar, aquí con las alas de petate no vamos a poder ni siquiera levantar el vuelo.
Debemos partir de una premisa verdadera para elaborar el juicio y llegar a conclusiones verdaderas, debemos partir de la verdad financiera, elaborar el juicio y llegar a conclusiones financieras verdaderas. En la aritmética elemental sobre la que se finca el arte de la contabilidad, como en aquella canción infantil, dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho, dieciséis. No inventemos más mitología, la licuadora financiera tiene un registro en el tiempo y el espacio, llegó tal día, a la cuenta fulana, en el banco sutano, salió tal día a la cuenta numero tal o a nombre de mengano, si le salieron alas pegadas con cera a los ícaros modernos, las alas no pueden con el peso de tanto dinero, hoy, la cera de las alas del profesor Humberto Moreira, por ejemplo, se han derretido y su carismática humanidad está tras las rejas de la cárcel madrileña de Soto del Real, ¿Quién le pondría el dedo?
Partir de la verdad para explicar la autogestión del servicio público de la seguridad pública por grupos de ciudadanos ante la ineficiencia del Estado es un imperativo para separar el agua del aceite, los buenos de los malos, los auténticos y los infiltrados; el conflicto tomó otros derroteros, como todas las cosas cuando concurren intereses sombríos, política y dinero.
Cuando la libertad humana está amenazada, cuando las familias, base de la sociedad, están amenazadas, cuando han extorsionado o asesinado amigos y familiares, cuando se vive con miedo, cuando han mancillado a sus hijas, hermanas y esposas, ya no hay alternativa más que partirse la madre ante la ausencia total del Estado. A esos hombres de la autogestión, de la autodefensa, los acusan de traer guaraches, sombrero, el alma en vilo, la vida en juego y una escopeta o un rifle para hacer frente a la delincuencia, y por traer esas armas sin permiso del ausente, están en la cárcel, las familias en el abandono y nosotros hablando de la democracia participativa, de las víctimas del delito, del empoderamiento de las mujeres, de grandes inversiones y logros desmedidos, sin duda terminaremos como los doctores de Bizancio, la antigua Constantinopla, que cuando la ciudad estaba siendo destruida y masacrados sus habitantes por las hordas turcas, ellos seguían discutiendo en lo alto de una torre si los ángeles tenían sexo o no.
Los males sociales son universales, la corrupción está por todo el mundo, pero a la vez, en algunos países el sistema anticorrupción es una realidad, en México estamos en espera de que se apruebe la ley anticorrupción que no sale de la alacena de los diputados del Congreso de la Unión, ya se olvidaron los escándalos de Peña Nieto y Videgaray, los escándalos caseros del michoacanazo y anexas, están en el olvido, pero ya sabe usted que las gallinas que se comen sus huevos, aunque les corten el pico, le siguen haciendo la lucha.
¿Cómo podremos sobrevivir como sociedad ante el embate de las lacras a nuestra organización burocrática? Lo único que nos identifica son las ideologías, los principios sobre los que se ha fundado nuestra nación y que quedaron plasmados en la constitución de 1917. Ningún presidente de la República escapa de la tentación de manipular el texto constitucional con el pretexto de su actualización al tiempo en que viven, le pegaron una reforma a los hidrocarburos, antes al 27, al artículo 3° y al 24 y hoy quieren dar la voltereta al artículo 21 y desmadrar legalmente como lo han hecho ilegalmente, la seguridad pública, que confunden, según interpreto las cosas, con la seguridad nacional. ¿Serán esas reformas garantes de la paz y tranquilidad? ¿Acaso no es la misión nuclear del Estado, garantizar la seguridad?
Me parece que no es menos importante pensar en la propuesta de una nueva Constitución que retome los principios ideológicos base sobre los cuales se fundó nuestra nación y retomar las ideas del constituyente del 17 como punto de referencia; no soy, evidentemente constitucionalista, pero existe el derecho comparado que estudia las constituciones de los países del mundo entero y algo pueden aportar sus estructuras y contenidos.
Hoy vemos con tristeza cómo se va la vida, los recursos del estado y el equilibro ambiental, no podemos hacer nada, viviremos como los tiburones, con los pececillos llamados rémoras nadando bajo su vientre, viviremos con nuestros males y achaques sociales hasta que se controlen, pues al extinguirlos, estamos extinguiendo nuestra sociedad; desde que la humanidad existe, la naturaleza humana se ha manifestado en forma dramática, el primer homicida, quijada de burro en mano, marca su destino, en las guerras de la antigüedad había vencedores y vencidos que, cuando no los mataban, los hacían trabajar de esclavos; entre el pensamiento despótico y el pensamiento servil se ha construido la sociedad.
¿Dónde queda la dignidad, donde el honor, donde la justicia, donde la ley? Nos unen las ideas, pero esas mismas ideas en un dado momento, unen a los contrarios en un nudo intrincado, que solamente desata la catástrofe.

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