Aquiles Gaitán
La tierra de nadie
Martes 26 de Enero de 2016
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Hablar del desarrollo económico es hablar de la utopía, sólo pensando en ella, nos podemos acercar; pero por ser utopía, es ideal y no se puede realizar. ¿Cuáles son los agentes del desarrollo económico? La inversión nacional y extranjera será determinante, pero no el único agente, la modernización de la administración pública, la seguridad nacional y la seguridad pública, el aprovechamiento nacional y sustentable de los recursos naturales, la investigación científica, la educación de niños y jóvenes que impulsen la creatividad, el amor por la cultura, el aprendizaje de las profesiones en grado de excelencia y la educación cívica y política que los preparará para la democracia, la infraestructura de las ciudades y la comunicación carretera, ferroviaria, aérea, naval, aeropuertos y puertos, la salud pública, la mitigación de la ignorancia y la pobreza, etcétera, todo en su conjunto determina el desarrollo, pero antes debemos saber qué queremos, cuál es nuestro modelo deseado de desarrollo pues no existe claridad en lo que queremos, en lo que estamos buscando, en lo que necesitamos; al hacerlo, nos damos cuenta también de lo contrario, de lo que no queremos, de lo que no buscamos, de lo que no necesitamos. No es lo mismo el deseo que el sueño o la fantasía, habrá que precisarlo para saber si es posible, si hay que cambiarlo para poder emprender acciones consecuentes, con esa flexibilidad que nos permiten los deseos, con esa plasticidad que nos permiten los planes que nosotros hacemos para llegar a las metas programadas, o no llegar y replantear una y otra vez las acciones y metas y proyectos y el modelo deseado, es el eterno ciclo, el único camino que nos conduce a las realizaciones. Ni los turistas ni las inversiones van a llegar a Michoacán si no hay condiciones de paz y tranquilidad para disfrutar la estancia y trabajar con los michoacanos. El riesgo de la inversión en el campo se minimiza con el rendimiento de una huerta de aguacate, el miedo acompaña a los inversionistas pero también aprovechan para destruir las pineras y plantar aguacates sin que nadie se atreva a frenar la destrucción en aras del progreso. Es muy cierto, no podemos tener a Michoacán como si fuera el paraíso terrenal, pero de ahí a que se destruyan y transformen los bosques, las ilusorias áreas protegidas, las tierras agrícolas a urbanas es otra cosa, es la barbarie que propicia el oportunismo y la desorganización. Los dueños de la tierra se aferran a ella lo más que pueden cuando su integridad está amenazada o escuchan cerca los estampidos de las armas, se tienen que ir con la pena acuestas.
Michoacán no es sólo Morelia, Pátzcuaro y Uruapan, es Tierra Caliente, de Apatzingán, Huetamo, Churumuco; es el Bajío Michoacano, La Piedad, Vista Hermosa, Ecuandureo; es nuestra Sierra Madre Occidental, Artega, Aguililla, Chinicuila; es la Costa michoacana; es decir, la tierra de nadie donde la gente vive con el escapulario en el pecho y el Jesús en la boca.
La ilusión se despierta con la venida del Papa, bienvenido sea el Papa y sus bendiciones, pero eso no va a cambiar a ningún delincuente ni pondrá a Michoacán en el camino del desarrollo, sentiremos el olor de santidad, veremos las multitudes emocionadas pero la tierra de nadie seguirá siendo la tierra de nadie.
Lo contrario al desarrollo es el atraso, es el infradesarrollo, es el subdesarrollo, son los salarios bajos, el desempleo, el subempleo, el hambre, la miseria, la corrupción, la ineficiencia, la simulación: podemos contar con un sistema electoral ejemplar, con un sistema democrático ejemplar, pero será también una oligarquía ejemplar, independiente que seamos un pueblo miserable. Las perversiones del sistema político mexicano de la Revolución de 1910 hasta nuestros días tienen nombre y apellido, hay responsables de los errores, las malas inversiones, los saqueos, ¿y eso que? Simplemente es la historia de un pueblo en el tiempo y el espacio, la historiad de los hombres que lo gobernaron, que es necesario analizar para aprender de los errores, para abrevar en las experiencias exitosas.
A partir de la Revolución se inició la búsqueda del desarrollo, ¿qué no debería ser al revés? A partir del desarrollo planearnos la revolución, es decir, transformar radicalmente los aspectos sociales, políticos, económicos, de lo contrario, bajo el análisis de Maltus, los pobres serán tantos que volverán a plantearse la toma del poder para iniciar, entonces sí, un nuevo comienzo.
Contamos con recursos físicos y humanos para lograr el desarrollo, ¿qué nos falta? Simplemente organización, no coordinación, ni subordinación, una organización que termine con las lacras y canceres sociales, ¡ya saben a qué me refiero para no ser reiterativo! Y se aprovechen nuestras circunstancias económicas, técnicas, culturales y naturales hasta el momento del impulso hacia el desarrollo, hacia el utópico desarrollo, ha venido desde los niveles superiores de la administración, desde arriba, desde la Federación; Michoacán no tiene dinero para sus infraestructuras, ¡bueno!, ahorita nada más para subsistir, sin embargo, debemos invertir el proceso, desarrollo desde abajo, organizando en cada municipio y cada pueblo las oportunidades de inversión, organizando a los productores, organizando a los ciudadanos para la defensa de sus intereses, organizando, organizando, organizando. Ese es el sendero, la vereda, el camino real, la única vía que nos acercará al desarrollo, al renacimiento histórico que tanto se pregona con el nuevo comienzo. Por otra parte, si Maquiavelo viviera, aconsejaría a los gobiernos inventar un enemigo para justificar sus atropellos, sus gastos desmedidos, su pleno domino para el control de una insurrección, para invocar a la unidad en torno a los que nos defienden de la delincuencia desatada, al Mando Único de las policías, que no del Ejército y la Marina Armada, que eso es harina de otro costal; en estas condiciones no es posible acabar con el enemigo, se necesita el pretexto para la intervención, para la convocatoria a la unidad en torno a quien nos defiende.
Los ecos del despotismo ilustrado del siglo XVIII llegan hasta nuestros días “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, el pueblo somos yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos y no estamos de acuerdo con lo que está pasando.

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