Rafael Mendoza Castillo
Reflexiones sobre la visita del Papa Francisco
Lunes 8 de Febrero de 2016
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El Papa Francisco llegará a México el próximo 12 de febrero. Visitará Chiapas, Chihuahua, Michoacán, la Ciudad de México y el Estado de México. Francisco representa el poder del Estado Vaticano. La clase política que hoy gobierna el país (con fraudes electorales) representa el poder del Estado mexicano. Este último, en la Constitución se dice laico. Lo laico significa que el Estado mexicano no se asume en ninguna doctrina religiosa y menos la impone; es decir, es respetuoso del ciudadano que profesa o no un credo religioso. Esto en teoría, en lo formal, porque en lo real ambos poderes se legitiman políticamente. Veamos.
La clase política mexicana practica el oportunismo político y es convenenciera. Esto último, con la finalidad de no violentar la laicidad, afirma que Francisco nos visita como representante del Estado Vaticano. Este hecho esconde el sentido de lo pastoral. Su ocultamiento se hace visible en el momento en que Bergoglio celebrará misa en espacios públicos. Este evento sí violenta el principio de laicidad. No nos engañemos, ambos poderes se usan políticamente con el objetivo de mantener un orden social que todo mercantiliza a favor de las reglas del capital y su crecimiento desmedido en pocas familias. La fe religiosa tampoco escapa al libre mercado, donde todo se vende y se compra. La Iglesia cristiana, la segunda ola, tiene y ha tenido una política terrenal ligada al rey o emperador. Se olvidó la secta mesiánica (contra el rey o emperador).
El poder pastoral y el poder político intercambian facturas. El primero desea que en las escuelas públicas se enseñe la doctrina católica y sus dogmas religiosos, y el segundo, seguir imponiendo sus dogmas económicos neoliberales: simplificar el Estado, privatizar lo público, reducir el gasto público, desregular todo lo que se oponga al libre mercado o monopolios. Ambos poderes usan la fe religiosa de los creyentes para sus intereses privados y, además, excluyen otras creencias. Este no es un Estado laico y el Episcopado católico mexicano no quiere perder sus privilegios terrenales. Visita guiada, no es neutral ni inocente. Respeto la creencia religiosa del otro pero no tolero que la conviertan en un negocio.
Los seres humanos construimos ilusiones, representaciones como la fe, el alma, mitos leyendas, conceptos como mediaciones para comprender y explicarnos la relación con el mundo social-histórico y natural. Algunas mediaciones nos conducen al error y otras a la verdad, por eso es importante el acto de pensar para tomar distancia de lo objetivo, de lo subjetivo y de lo práctico, y poder visualizar lo novedoso en cada uno de los momentos citados. Lo importante es reconocer y no tanto conocer.
El problema se presenta cuando las ilusiones, las representaciones como la fe, lo divino, el alma, lo trascendente y los mismos objetos se escapan a su creador, se echan a andar sobre sus propias patas (fetichismo) y posteriormente se convierten en conductores, los cuales dominan a sus creadores (alienación). Pero, ¿por qué la humanidad las produce y por qué la necesidad de su existencia? Algunos afirman que son el resultado de mecanismos que funcionan en la conciencia o en el inconsciente, tales como miedo, terror, angustia, neurosis. Otros afirman que la gente continúa confundiendo lo interno y lo externo como si fueran lo mismo (mágico), y otros que solamente reconocen lo externo como autónomo (ingenuo). Como dice Michel Onfray: “El terror ante la nada, la incapacidad para integrar la muerte como un proceso natural e inevitable con el que hay que transigir”.
El ser humano en lo individual, lo grupal y lo colectivo ha venido produciendo creencias religiosas, las cuales se soportan en ritos, cultos y prácticas (sensible). El problema se presenta cuando también produce determinadas instituciones que se apoderan y hacen suyas esas creencias. Y lo más grave es que dichas instituciones (iglesias) administran y controlan el comportamiento de los creyentes y orientan a éstos no solamente para que accedan al encuentro con la divinidad (salvación), sino que intervienen con explicaciones simbólicas sobre los hechos de la realidad (aborto). Lo que debiera ser privado lo convierten en público. Lo anterior constituye una violación del principio de laicidad, esta es una condición que protege la libertad de conciencia, necesaria para practicar o no una creencia de carácter religioso.
La ciencia ha venido aportando explicaciones acerca de los fenómenos sociales, históricos y naturales, fundándolas en argumentaciones racionales. Pero aún así las creencias religiosas no han desaparecido. Dios no ha muerto, a pesar de los esfuerzos de Nietzsche y Dostoievski. Este último afirmó: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Yo creo que el problema no está en matar o no a Dios, sino que el problema está en la libertad del individuo, de la comunidad, sin temores, sin angustia, sin opresión, sin explotación, sin dominio, para decidir continuar o no con las creencias en dioses y trascendencias. Los dioses no mueren porque las ficciones, ilusiones y deseos que las soportan tampoco mueren. Duran años, siglos, milenios; tienen la capacidad de cristalizarse hasta que aparecen las preguntas para incomodarlas conforme a la razón crítica. Es más cómodo vivir con el dogma que ser dueños de nuestro propio entendimiento. Si alguien puede pagar, ¿para qué piensa? (Kant).
Ni la razón crítica, ni el asombro, ni el progreso, ni la ciencia, ni la tecnología han podido erradicar las ilusiones religiosas. Ante esta situación, la cultura humana ha creado mecanismos como la tolerancia, lo laico, la intransigencia, para señalar límites a las instituciones que hoy administran la fe, las ficciones de la gente. Todavía en pleno siglo XXI tendremos como acompañante en nuestra sociedad al Homo religiosus. De ahí la importancia de independizar el deseo de salvación de las instituciones que lo administran, las cuales han fundado su poder y su riqueza en la explotación de esa ilusión.
El avance de la ciencia, la urbanización, la democracia, el pensamiento crítico, la pintura, la poesía, la música, etcétera, han permitido que los procesos de secularización (ética) generen las mejores condiciones para que los individuos, grupos y colectividades, conquisten una mayor autonomía en el pensar y el actuar, respecto de lo establecido, lo constituido. En lo constituido se localizan las instituciones (iglesias, gobiernos, comerciantes, duopolio televisivo) que se han adueñado y han utilizado la fe como medio para enriquecerse, dominar la conciencia y la conducta de los creyentes. Las instituciones religiosas producen sus propias políticas terrenales (Episcopado Mexicano), las cuales, la mayoría de las veces, se orientan hacia el servicio de los poderes establecidos, y pocas veces se orientan hacia los más pobres, los excluidos.
La sociedad actual con su desigualdad y un sistema injusto, autoritario, antidemocrático, dominado por el capital y la mediocracia, es una condición que permite la producción y reproducción del Homo religiosus y de las instituciones explotadoras de las creencias religiosas. La mano invisible del mercado también invadió a los espacios religiosos (recordemos, no olvidemos, a Onésimo Cepeda). Los mercaderes no se han ido de los templos, a pesar de que Jesús, el que murió en la cruz, los corrió de la casa de Yahvé. Ser tolerantes para que alguien viva sin subterfugios, sin andaderas de tipo religioso, pero hay que ser intransigentes con aquellos que pretenden imponer creencias religiosas en lo público (prianismo, chuchismo). Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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