Samuel Maldonado B.
Repercusiones
Centenario de la Constitución, ¡nada qué celebrar!
Martes 9 de Febrero de 2016
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Prácticamente, justo cuando casi se cumple el Centenario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (1917 -2016), se hace obligado analizar (aun cuando sea un análisis somero) los efectos provocados por la importante decisión de un grupo de personajes nacionalistas, totalmente diferentes de los que ahora conforman, mayoritaria y lastimosamente, el Honorable Congreso de la Unión.
Nadie puede dudar de los muchos cambios positivos que se provocaron en el país precisamente por la aplicación de esos postulados en sus primeros 70 u 80 años, pero además vale el análisis por las muchas arbitrariedades que en los últimos 30 años el poder instituido ha logrado provocar en los mexicanos mayoritariamente un enojo por la serie de arbitrariedades, mentiras, actitudes descaradas, retardatarias en muchos aspectos, pero principalmente en lo económico, lo político y lo social.
Considerando además que en esos primeros años del siglo pasado la mayoría de la población juzgaba positivamente el enorme esfuerzo realizado por los diputados constituyentes para impulsar ese código normativo que no tenía más críticos que aquellos herederos y beneficiarios del capitalismo y de la dictadura atroz en la que primero se mataba y después se averiguaba, misma que se había sostenido por el apoyo de los grandes hacendados y beneficiarios de ese sistema dictatorial.
Debemos recalcar que durante la etapa porfirista, la mayoría de la población se mantenía en el ostracismo, al margen del avance y en la ignorancia, mientras unos cuantos se deleitaban en los grandes festejos del primer Centenario de la Independencia, mismos que serían despojados del poder, de sus grandes haciendas y de sus enormes extensiones de tierra en los años siguientes.
Ya sin la dictadura el país encontró su rumbo impulsando la educación, desde las primeras letras hasta los estudios profesionales e incluso de maestría y doctorado en muchas ramas de la ciencia y la investigación. Hubo atención médica gratuita para miles de desheredados y recuperando las riquezas naturales no renovables vino la industrialización y el avance; desafortunadamente con este avance llegó la corrupción política que hoy nos hunde en la desesperación e impotencia.
En esos años se recuperó la industria petrolera y el gobierno tomó en sus manos la administración de generación de energía y se impulsó la industrialización, la fabricación nacional de carros de ferrocarril, automóviles, industria siderúrgica, la petroquímica básica, la industria papelera, pilares del avance nacional, pero comenzó supuestamente a “modernizarse en nuestro país y con éste”. La supuesta actualización de la Constitución Política de 1917.
En este aniversario indudablemente reconocemos a todos aquellos grandes mexicanos (más de 330) que si bien no todos eran muy ilustrados, siempre supieron ser leales en sus principios ideológicos y muy respetuosos del jefe Carranza, quien fuera encargado del Poder Ejecutivo (1917-1920) al derrocar al chacal Victoriano Huerta.
Reforma tras reforma fue cambiando la Constitución y pronto vimos sus resultados, pues los diputados y senadores dejaron de ser servidores de la nación y todos, que en su conjunto eran más que el titular del Poder Ejecutivo, devinieron en senadores y diputados muy chiquititos, siempre al servicio del poder presidencial. Los miembros de ambas cámaras del Poder Legislativo dejaron de ser, pues, representantes de la nación y ahora son otra cosa, tal vez adoradores del becerro de oro, pero menos son lo que consideran ser, aun cuando cobran como lo que no son.

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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