Miércoles 29 de Febrero de 2012
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Recuerdo que cuando empecé a leer “Vivir para contarla”, que es el primer tomo de la autobiografía de Gabriel García Márquez, me sentí embargado por una sensación de extrañamiento. De alguna manera, tuve la impresión de que aquello que el autor me estaba narrando yo ya lo conocía. De pronto, caí en la cuenta de que todas esas experiencias de su vida habían sido contadas, con su debido tratamiento literario, en sus principales obras.
A partir de esa lectura me quedé con la idea de que las obras maestras que García Márquez había logrado escribir eran producto de un contexto familiar e histórico que se podía precisar con cierta objetividad. Pero no tenía mayores datos para constatarlo. El propio autor había dado a conocer en entrevistas algunas claves para comprender el fondo histórico y familiar de sus libros. Pero hacía falta un panorama general que nos aclarara todo de una buena vez.
Un día, haciendo una exploración sobre títulos en la librería a la que suelo acudir, me encontré con este libro enorme, de unas 750 páginas. Un mamotreto, diría el propio García Márquez. El libro se titula “Gabriel García Márquez. Una vida”. La escribió Gerald Martin, un autor inglés que le anduvo siguiendo los pasos al novelista colombiano durante varios años. No sólo a él. Tuvo que hacer un trabajo de investigación que abarcó a todas las personas y acontecimientos con los que Gabo, como le dicen sus amigos, tuvo alguna relación.
Se trata, como dice el escritor londinense, de una biografía autorizada. Gabriel García Márquez llegó a declarar que Gerald Martin era, en efecto, su “biógrafo oficial”, pero que se estaba tardando demasiado en dar a conocer los resultados de su investigación. Quizá esté esperando a que algo me pase, concluyó. Fue entonces cuando Gerald Martin se dio cuenta de que era tiempo de hacerlo. El último suceso al que acudió para tomar nota fueron los festejos por los 80 años de edad del escritor colombiano, y los 40 de “Cien años de soledad”. Una apoteosis que cualquiera soñaría con tener en su vida.
Yo sabía que existen varios métodos para analizar e interpretar textos literarios. Los hay, por ejemplo, que se centran en el texto mismo. Las cosas que pueden revelar son, por supuesto, interesantes; pero yo en lo personal me siento más cómodo con el análisis que considera el contexto en el que fue creada la obra. Y en el caso de Gabriel García Márquez esta idea se confirma. No es posible comprender a fondo su obra si no profundizamos en el conocimiento del ambiente familiar que lo rodeó y de las circunstancias históricas que tuvo que enfrentar, sobre todo por lo que se refiere a la realidad latinoamericana.
En la biografía que escribió Gerald Martin encontramos este tipo de análisis, precisamente. Cada uno de los libros que escribió García Márquez, particularmente los que le darían fama universal, como “Cien años de soledad”, “Crónica de una muerte anunciada” y “El amor en los tiempos del cólera”, no se pueden entender sin conocer esos rasgos. Todo lo que hace el escritor colombiano, Premio Nobel de Literatura 1982, es contarnos la historia de su familia, sobre todo la de sus abuelos maternos, y también la historia de amor de sus propios padres; desde luego que ubicando esas historias en un contexto latinoamericano muy específico.
A través de esta biografía monumental, que uno lee sin querer abandonar ni una sola vez el libro, con una emoción que muy pocos libros pueden provocar, sobre todo los que se producen ahora, se nos muestra la realidad de toda una época en la historia de América Latina y del mundo. García Márquez partió, como en el caso de Juan Rulfo, de realidades locales que procesó a través de la literatura y a las que daría una dimensión universal. Luego, en la medida que la fama le cayó como una maldición, García Márquez se convirtió en ciudadano del mundo, con un profundo compromiso por la suerte de toda la humanidad. Fue entonces que su visión se invirtió: partiría ahora de una visión universal para narrarnos historias particulares.
Es una biografía que empieza con el nacimiento de Gabito, ocurrido en Aracataca, Colombia, en 1927, y se interrumpe cuando el escritor está cumpliendo 80 años. Toda una hazaña. Toda una vida.

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