Ramón Guzmán Ramos
Célestin Freinet
Martes 15 de Mayo de 2012
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Célestin Freinet nació en la aldea de Gars, Alpes Marítimos del sur de Francia, el 15 de octubre de 1896, en el seno de una familia de campesinos que trabajaban como tejedores. Estudió para ser maestro en la Escuela Normal. Terminó sus estudios en 1916, en plena guerra mundial, de manera que en vez de tomar el gis para enseñar a sus alumnos tomó las armas para combatir por su país. En la batalla de Verdún fue herido gravemente en un pulmón, lo que lo obligó a convalecer durante cuatro años. Por fin, en 1920 le solicitó al Estado una plaza de maestro y fue enviado a Bar-sur-loup, en las inmediaciones de su lugar de origen.
En 1928 se traslada a Saint Paul de Vence. Aquí empieza a tener problemas por su manera inusual de enseñar. Freinet renuncia a trabajar en escuelas públicas y crea su propia escuela para probar de una manera libre sus ideas innovadoras sobre la educación. En esta escuela los niños trabajan, comen y duermen allí mismo. La escuela no está rodeada por muros, sino por el bosque al que los niños pueden acudir libremente; trabajan por lo regular al aire libre, cuidando el huerto y los animales del corral.
Por ese tiempo, Freinet se convierte al comunismo y milita en el Partido Comunista Francés. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, es detenido y encarcelado por cerca de un año. Luego se incorpora a la guerrilla antifascista y llega a ser dirigente de la Resistencia en la región de Briancon hasta 1944. En 1945 vuelve a su escuela en Vence y la pone otra vez a funcionar. El 8 de octubre de 1966 muere repentinamente en Vence y es enterrado en Gars, su aldea natal.
La Pedagogía Freinet es en gran parte una reconsideración de la psicología tradicional, excesivamente analítica y centrada en el inmovilismo de las facultades del alma, que no tomaba en cuenta al ser como parte indisoluble de su medio ambiente, de su contexto socio cultural. Freinet sienta las bases de una psicología del movimiento, de la acción, una psicología dialéctica, más humana, centrada en el niño como un ser social y en sus capacidades intrínsecas. Hasta Freinet, nunca los movimientos renovadores habían partido de la base, de los maestros mismos, de los trabajadores de las escuelas populares.
En el capitalismo, sostiene Freinet, se separa la educación de la vida, se aísla la escuela de los hechos sociales y políticos que la determinan y la condicionan. La acción pedagógica es necesariamente acción social y, en consecuencia, acción política. La obra educativa del maestro sería estéril si se circunscribiera exclusivamente al ámbito escolar. Su concepción de la pedagogía es unitaria y dinámica, relaciona directa e indisolublemente al niño con la vida, con su medio social, con los problemas que le afectan a él y a su entorno.
La escuela de Freinet es una escuela viva; es continuación de la vida familiar, de la vida de la comunidad, del medio ambiente natural y cultural. Para el maestro tradicional, por el contrario, los alumnos no tienen historia de vida; carecen de nexos familiares; son seres que no tienen sentimientos, sueños, angustias existenciales; son como muñecos que sólo absorben lo que se les transmite, lo que se les dicta, lo que se les impone. Freinet, por su parte, toma la vida en su movimiento y considera al niño en plena vitalidad; para él, la vida no es un estado, sino un transcurso.
La educación es el medio para intervenir en el desarrollo del potencial del alumno. La educación nueva y popular, nos dice, “pretende sólo seguir los pasos de la vida, adaptarse a ella para suscitar sus valores más ricos, capaces de desarrollar la personalidad del niño, preparándose al máximo para el futuro”. La pedagogía tendrá que ayudar al potencial de vida del niño. La escuela tiene que ir al encuentro de la vida para servirla. “Toda pedagogía que no parte del educando es un fracaso”, sentenciaba.
Los programas, como las leyes o como cualquier codificación, deberían venir de abajo, es decir, deberían estar fundados sobre una realidad dinámica, que en este caso es el niño, un ser en desarrollo. Cuando se elaboran en las oficinas y se imponen desde arriba, no alcanzan a convertirse en el instrumento que requieren los alumnos y sus maestros para construir el conocimiento, para comprender e intervenir de alguna manera en su realidad contextual. El niño no se educa con arreglo a unas condiciones dadas de antemano; debe, antes que nada, ser educado con arreglo a sí mismo, a sus posibilidades, a su potencial y a su dinamismo.
De esta manera, la Pedagogía Freinet, en lugar de cultivar los sentimientos de inferioridad, exalta en todo momento y en la práctica la capacidad creadora de los niños e intenta ayudarlos a triunfar y a tener plena conciencia de sus posibilidades. Si no es tenido en cuenta el interés del niño, si el maestro no es capaz de comprender al niño, de vivir con él las vicisitudes de la vida, se consuma entonces el divorcio entre la escuela y la realidad externa. Lo importante es que el niño sienta el valor, el sentido, la necesidad y la significación individual y social de lo que hace.
Se trata de reforzar más los impulsos vitales de los alumnos, de preocuparse menos por la acumulación de conocimientos que por el proceso de su asimilación e integración. El origen de todos los conocimientos no es la razón pura, sino la acción, la experiencia, el ejercicio, la experimentación; todo debe ser pasado por la experiencia de la vida y esta experiencia no puede ser buscada sino en la acción. Fue así que llegó a la conclusión de que la educación por el trabajo es uno de los principios básicos. El trabajo escolar, la productividad desde la escuela, la relación del conocimiento con la práctica productiva, la comunicación humana, la organización social, la parte lúdica de todo esto, el goce del proceso formativo, son los elementos que constituyen los cimientos de una verdadera formación.

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