Ramón Guzmán Ramos
El otro debate
Jueves 14 de Junio de 2012
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Lo que ocurra el 1 de julio habrá de afectarnos a todos. No sólo por lo que se refiere a quién será el candidato que logre sentarse en la silla presidencial y nos gobierne desde allí durante los próximos seis años, sino por el modo como se resuelva la elección. El proceso electoral del 2006 dejó huellas de encono y una profunda división en la sociedad. Sobre todo una enorme duda que no logró desvanecerse a lo largo de estos años aciagos. Es necesario que el cambio de poderes se lleve a cabo ahora en condiciones de tranquilidad. Pero eso depende en gran medida de que el resto del camino se recorra sin hacer uso de instrumentos publicitarios y acciones específicas que le apuesten a una confrontación sin principios.
La reedición de la guerra sucia electoral es una irresponsabilidad mayúscula. Lo que demuestra es que a sus autores no les importan los medios que se utilicen con tal de llegar al fin propuesto. “El fin justifica los medios”. Esta máxima maquiavélica debería quedar fuera de toda contienda civilizada, de todo proceso electoral que se presuma parte de un sistema que intenta fincarse en la democracia. No es verdad que la sociedad deba aceptar este tipo de contienda. Que no le pidan que se acostumbre a la violencia mediática, de la misma manera que han hecho que vea la violencia social como algo cotidiano, casi normal. Las campañas tendrían que ser vistas como una buena oportunidad para que se analicen y se discutan los grandes problemas que padece el país, y las propuestas que se esgrimen para resolverlos.
No es lícito que en la disputa por el poder se justifique cualquier medio que usen los contendientes. Deben ser medios que estén en concordancia con los principios, los objetivos y la trayectoria que sostienen los aspirantes. ¿Qué se puede pensar de un candidato o candidata que usa el engaño, la provocación y la violencia para denigrar a sus adversarios y ganar posiciones en la carrera? ¿Cómo aceptar desde la sociedad que en este tipo de confrontación todo se vale y creer que quien haga uso de estos medios nos habrá de gobernar con principios éticos inquebrantables? Hemos visto que el IFE, como árbitro electoral, no ha estado a la altura de la propia normatividad que lo obliga. De manera que la sanción, en términos de otorgar o negar el voto, tendría que provenir de la sociedad.
Después del 1 de julio las cosas, en términos electorales, se habrán de definir. Esperemos que sea en el sentido en que la mayoría de los ciudadanos lo establezca. Por eso la importancia del debate. No sólo me refiero al que tuvieron recientemente los candidatos a la Presidencia de la República, sino al que debe haber de manera permanente en todos los espacios y ámbitos de la sociedad. No podemos dejar que sean los grandes medios los que determinen la orientación del voto, tampoco la propaganda negativa, eso que se ha dado en llamar guerra sucia y que no es otra cosa que la negación abierta de todo principio civilizatorio. El verdadero debate no se ha dado aún con la suficiente cobertura e intensidad.
Hay que poner los grandes temas nacionales sobre la mesa y hacer nuestro propio análisis. Abrir foros para el debate ciudadano. ¿Qué es lo que realmente le conviene al país en materia de economía, de política, de educación, de cultura, de seguridad pública y social, de desarrollo? ¿Qué propone cada uno de los candidatos? ¿Cómo jerarquiza los problemas que más aquejan a la sociedad? Como hemos visto, en los dos debates que han protagonizado, así como en sus campañas permanentes, hay en sus posturas algunas coincidencias y grandes diferencias también. ¿Cómo le iría al país si se imponen medidas como las que proponen para encarar las grandes cuestiones nacionales?
Es el debate que no se ha dado. Es el debate de la sociedad. En el seno mismo de la sociedad. Contamos con elementos suficientes para emprender un amplio movimiento ciudadano de reflexión y de análisis. En un debate como éste tendría que ventilarse también lo que se refiere a la naturaleza del voto. ¿Qué tipo de voto es el que necesita una situación de emergencia nacional como la que atravesamos? ¿El voto del miedo, el voto comprado, coaccionado, o el voto libre, bien informado, el voto fundamentado, el voto de una verdadera democracia en construcción?

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