Ramón Guzmán Ramos
La era de Pandora
Lunes 18 de Junio de 2012
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La historia de Pandora aparece en dos obras de Hesíodo, poeta de la antigua Grecia, nacido en la segunda mitad del siglo VIII aC, contemporáneo de Homero y su rival en los certámenes literarios. Estas obras son Teogonia y Trabajos y días. Es una historia que se entrevera con el mito de Prometeo.
Prometeo aconsejó a los hombres que, cuando hicieran sacrificios de animales a los dioses, sólo les ofrecieran los huesos y se quedaran ellos con la carne como alimento. De esta manera, podrían alimentarse mejor y alcanzar altos niveles de evolución. Zeus se enojó y decidió quitarles el fuego a los hombres, de manera que no pudieran hacer progresos en su larga marcha hacia la civilización. Prometeo volvió a desafiar al padre de todos los dioses y se aventuró a robar fuego del carruaje del dios del sol. Los hombres contaron nuevamente con este elemento vital que los ayudaba a dejar atrás las tinieblas de la barbarie.
Pero Zeus entró en cólera y decidió castigar no sólo a Prometeo por su nueva osadía, sino a todos los hombres de la tierra. Lo haría con una estratagema sutil pero efectiva. Dispuso que se creara a una mujer tan bella y seductora que ningún hombre en el mundo se le pudiera resistir.
De esta manera, le tocó a Hefesto, dios del fuego y de la forja, así como de los herreros, los artesanos, los escultores, los metales y la metalurgia, darle forma perfecta a esta mujer con arcilla; Atenea (conocida también como Palas Atenea), diosa de la guerra, la civilización, la sabiduría, la estrategia, las artes, la justicia y la habilidad, la dotó de la elegancia en el vestir; Hermes, por su parte, el dios olímpico y mensajero, de los oradores y el ingenio, de los literatos y los poetas y de la astucia, le concedió la capacidad para seducir y manipular; Afrodita, la diosa del amor, la lujuria, la sexualidad y la reproducción, le otorgó los dones de la gracia y la sensualidad.
No podía haber una creación más perfecta de mujer en el mundo. Una criatura con los dones más preciados y característicos de los dioses. Ya sólo faltaba darle el soplo de vida. Fue lo que al final hizo Zeus. Y la mujer, a la que llamaron Pandora, fue creada para cumplir con la voluntad del padre del Olimpo. Zeus la envió a la casa de Prometeo, quien vivía al lado de su hermano Epimeteo. Su primer objetivo era que la aceptaran para hacerse de ese espacio que era también el hogar de Prometeo y abrir el camino de la venganza.
Una vez que Prometeo había recuperado el fuego para los hombres, le recomendó a su hermano que fuera cuidadoso, ya que Zeus trataría de desquitarse de aquella osadía. Pero Epimeteo no pudo resistirse a la belleza fascinante de Pandora y terminó por aceptarla y hacerla su mujer. Antes de enviarla a su misión, Pandora recibió de los dioses un ánfora o jarra o caja, como finalmente se le denominó. Le dijeron que la guardara sin abrirla. Pero la curiosidad de Pandora doblegó su voluntad y terminó por abrir el recipiente.
De la caja salieron al mundo, como un torbellino ineluctable, todos los males. Hay que decir que antes de Pandora el mundo vivía en una armonía perfecta. No había padecimientos de ninguna naturaleza que pudieran enturbiar y alterar la vida. Pero a partir de Pandora el mundo conocería y sufriría en carne propia, generación tras generación, todos los males que aún persisten: las guerras, las epidemias, el odio, las catástrofes, el hambre, la miseria, la muerte sin sentido. Pandora se asustó cuando vio el torrente de calamidades que se escapaban de su caja. Con un movimiento instintivo, la volvió a cerrar. En el fondo de la caja sólo había quedado un bien: la esperanza.
Podríamos decir que la nuestra es también la era de Pandora. Y agregar que todas esas calamidades que escaparon de su caja han cobrado mayor fuerza, intensidad y extensión con el tiempo. Todo se reduce al caos. No parece haber nada ni nadie que sea capaz de asumir el papel de Prometeo. Quizá porque, en la era de Pandora, Prometeo es hecho prisionero por orden de Zeus y llevado por Hefesto al Cáucaso, encadenado a un risco enorme para recibir su castigo. Zeus le envía un águila para que devore su hígado, pero como Prometeo es inmortal, entonces la tortura se repite cada día.
Podríamos decir que en el fondo de la caja de Pandora quedó la esperanza. Es lo que nos puede salvar de esa maldición mítica y milenaria. Pero la esperanza por sí sola no basta. Ha de encarnar en conciencia, en voluntad y en acción colectivas. Que la esperanza no muera, ni siquiera al último.

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