Ramón Guzmán Ramos
Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura
Lunes 25 de Junio de 2012
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Uno de los puntos más importantes que se incluyen en el acuerdo que se estableció entre el gobierno del estado y la Sección XVIII del SNTE-CNTE para dar fin al conflicto que durante casi un mes se mantuvo en nuestro estado, es sin duda el que se refiere a la realización de un congreso estatal de educación. Además de ratificar programas de apoyo a los alumnos, como la dotación gratuita de libros de texto para secundaria, paquetes de útiles escolares para todos los niveles de educación básica, becas para transporte, desayunos escolares, los programas educativos que tiene el sindicato, así como el compromiso de mantener la plaza automática para los egresados de las Normales, la realización de un evento como el congreso educativo adquiere una importancia fundamental.
La evaluación ha sido en este tiempo uno de los temas controversiales que se han colocado en la atención de la opinión pública. Es también el eje central que atraviesa esta política educativa que desde 2008 ha asumido el gobierno federal y que se conoce como Alianza por la Calidad de la Educación (ACE). Para las autoridades, evaluar se reduce al acto mecánico de aplicar exámenes estandarizados a los alumnos y los maestros. Este tipo de herramienta no contempla las realidades y los contextos locales en que viven y se desarrollan los alumnos, así como las propias escuelas. Se trata de un instrumento de medición de resultados con base en un conjunto de parámetros que son impuestos a partir de una posición externa y cupular a la educación. Es por ello que los maestros han cuestionado de raíz y rechazado abiertamente este tipo de evaluación.
No se trata, por otro lado, de una acción educativa que haya sido diseñada en nuestro país con el concurso y el consenso de los diferentes sujetos educativos y sociales, sino del acatamiento por parte del gobierno mexicano de las órdenes que desde la OCDE (Organización para el Comercio y el Desarrollo Económicos) se le dictan. No podía ser, entonces, una visión más ajena a nuestra realidad nacional la que se nos impone. Es verdad que México ha de mantener relaciones con los otros países del orbe, pero ha de procurar que estas relaciones no sean de subordinación a las grandes potencias, sino de cooperación y respeto. Los maestros nunca dijeron que se niegan a ser evaluados. Pero es necesario establecer que toda evaluación se desprende directamente, y está ligada, al sistema educativo y sus procesos. No se puede ver como un elemento externo, extraño a la realidad educativa que todos enfrentamos.
Muchos estudios de especialistas en educación han demostrado que la política educativa del régimen actual no se corresponde con nuestra realidad y nuestro contexto específico. Nadie niega que la educación a de preparar a los alumnos para la vida, para el trabajo, pero no debe ser a costa de sacrificar los rasgos humanistas y críticos que conforman sus principios y que definen sus raíces y sus horizontes. Por eso hay que hablar de una formación integral, sin que ninguno de los elementos educativos se arroje a la basura en aras de montarse en esa fiebre incontenible de la tecnología y la globalización. La tecnología ha de ser un medio para alcanzar la comunicación y el bienestar de las sociedades, no un objetivo que termine por deshumanizar y alienar al individuo.
Nadie desconoce tampoco que la educación se encuentra en un crisis profunda, tanto a nivel nacional como estatal. Pero es una crisis de todo el sistema educativo. Las autoridades han querido arrojar exclusivamente sobre los maestros la responsabilidad de esta crisis y han ignorado los otros componentes del sistema. Lo que está en crisis es el sistema educativo. Hay que levantar un diagnóstico preciso del estado en que se encuentra y proponer, a partir de ahí, la construcción de un nuevo sistema que responda realmente a las necesidades de formación y desarrollo tanto de los alumnos como de la sociedad. Nada como un espacio donde puedan participar no sólo los sujetos de la educación que tienen bajo su responsabilidad directa la formación de las nuevas generaciones, sino los sujetos sociales interesados en el tema. Este espacio no puede sino ser ese Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura que se ha logrado como acuerdo, el cual se realizaría el próximo mes de octubre. De aquí saldrá el diagnóstico que está haciendo falta, así como el nuevo modelo educativo y las herramientas que se requieran para evaluar los procesos.

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