Ramón Guzmán Ramos
La culpa la tiene el pueblo
Miércoles 11 de Julio de 2012
A- A A+

El discurso del fraude no es suficiente. Ha hecho falta el ejercicio de una crítica honesta hacia el comportamiento de la izquierda en estos años turbulentos de transición política que ahora parece dar una vuelta de rueda hacia atrás. A estas alturas son inocultables todos esos signos que nos muestran la enorme magnitud de la trampa. Pero no bastan para revertir los resultados en las instancias que debían guardar la legalidad y que terminaron por volverse cómplices. La imposición, que ahora parece ser un movimiento de retroceso histórico, está a punto de consumarse.
El candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, ha decidido centrar por el momento toda su impugnación a través de los procedimientos legales. No sabemos si ha renunciado a la movilización, y si lo ha hecho debido a esa campaña de acoso abrumador que han desatado en su contra las grandes televisoras, o si está a la espera de agotar estas instancias para pasar a una segunda etapa. El único sector que ha mantenido una estrategia de movilización social es el movimiento #yosoy132. El de los estudiantes universitarios, por cierto, es un movimiento que crece y evoluciona políticamente hacia niveles cada vez más altos de comprensión de su papel histórico y la adopción de la estrategia correspondiente.
La ausencia de autocrítica ha sido uno de los grandes defectos de que ha adolecido la izquierda a lo largo de su historia. No me refiero a la autocrítica como justificación de las purgas y el aniquilamiento de toda muestra de oposición interna, sino al ejercicio de un examen riguroso, a fondo, concienzudo, sin concesiones, del propio proceder. De pronto, nos da la impresión de que todas las corrientes de izquierda se unen para condenar el fraude. Pero no hubo muestras fehacientes de este mismo espíritu unitario a la hora de preparar y asegurar los resultados del proceso. Es necesario que la izquierda encuentre y registre también las otras causas de la derrota.
En estas elecciones federales los ciudadanos decidieron retirarle su respaldo al PAN como partido en el gobierno. Es una muestra de rechazo mayoritario al ejercicio de gobierno panista, a todas esas política que los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón implementaron a lo largo de estos doce años. Un rechazo masivo a la violencia generalizada, al desempleo, a la inseguridad social, al estado de caos en que han hundido al país. Esto es algo que ni los propios panistas pueden negar. La gran pregunta de la Esfinge es por qué esa mayoría de ciudadanos decidió darle a la rueda de la historia una vuelta hacia atrás, abriendo el camino para el retorno del PRI al poder. ¿Por qué no fue la izquierda y su candidato la opción que debía adoptarse casi de manera natural?
Es aquí, precisamente, donde el discurso del fraude ocupa prácticamente toda la argumentación de la izquierda. Como en las elecciones presidenciales de 1988 y 2006, ahora también es el fraude la causa de que la izquierda no haya llegado a la Presidencia de la República. Desde luego que es una causa probable, evidente a estas alturas. Pero la izquierda pecaría de inocente si al decidir participar en estos procesos no se prepara también para esta posibilidad. Es obvio que los grandes poderes del dinero y la política decidieron desde hace mucho cerrarle a la izquierda toda posibilidad de conquistar por las urnas el poder. Pero también lo es que la izquierda no ha logrado abandonar todos esos vicios que la dividen, la confrontan entre sí y la paralizan. Ahora, en vez de mirar con ojos críticos hacia su propia realidad, una parte considerable de las corrientes de izquierda han llegado al extremo de sugerir que la culpa de la derrota la tiene el pueblo.
En efecto. El pueblo porque dejó que le hicieran trizas su dignidad al cambiar su voto por unos cientos de pesos; el pueblo porque decidió votar mayoritariamente por una opción política que es contraria a sus intereses históricos; el pueblo porque no fue capaz de entender que con la izquierda en el poder las cosas en el país iban a cambiar realmente para beneficio de todos; el pueblo porque no ha reaccionado masivamente ante la imposición inminente; porque, como los esclavos, acepta que en el control de su destino haya sólo un cambio de amo; el pueblo, en fin, porque parece aceptar la sumisión y la continuidad de lo mismo con una actitud cautiva.
El culpable es el fraude, pero también el pueblo. Son factores externos que, como se ve, liberan a la izquierda de sus propios errores y debilidades, de sus yerros y su ceguera, de su proceder accidentado y su limitada visión. Es verdad que el PRI utilizó a las grandes televisoras para manipular la conciencia de la sociedad y crear una imagen artificial y adelantada del triunfo, pero también lo es que la izquierda se ha quedado atrapada en sus propios límites, en esa dimensión de fortaleza que la aísla del pueblo al que pretende liberar y gobernar. Hay que decir que fue Andrés Manuel López Obrador el que se propuso romper ese cerco, pero sus constantes recorridos por el territorio nacional no alcanzaron para construir una estructura organizativa sólida y funcional. Este trabajo era ya responsabilidad de los partidos y las organizaciones afines. Pero ninguno se movilizó para consolidar el esfuerzo de AMLO y darle forma organizativa.
Los errores de la izquierda vienen de hace mucho tiempo y se han agudizado cuando han sido los espacios de poder los que se ponen en disputa. La izquierda electoral se ha encerrado en ese círculo vicioso. Se pone en movimiento sólo para los procesos electorales y en función de los cargos que están en la contienda. Cuando ha logrado espacios de responsabilidad pública, no ha aplicado una visión y una estrategia distintas, que pudieran profundizar en un proceso propio de democratización del poder. De manera que la sociedad no ha sentido que haya habido una diferencia sustancial cuando gobierna uno u otro partido.
El aislamiento en los movimientos sociales de izquierda es todavía más marcado. Ellos suelen quedarse prisioneros entre sus propias concepciones ideológicas irreductibles, en su intolerancia ancestral. Todo lo que no encaje en sus esquemas políticos se queda fuera de sus planes. El pueblo se convierte en una idea separada de la realidad. Y es sobre esa idea que basan todo su proceder. El pueblo real, el de la tierra y el polvo, el del asfalto y las ciudades de concreto, es una entidad que puede ser corrompida, como ha ocurrido, precisamente, en estas elecciones federales, de manera que no llega a merecer sino su rechazo y su desprecio.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad