Columba Arias Solís
Desde la ciudadanía
Viernes 10 de Mayo de 2013
A- A A+

La mayor parte de los años de la última década en nuestro país, han estado marcados por sucesos infaustos que poco a poco han deteriorado la forma de vida de los mexicanos. Superados por el tiempo -que no olvidados-, los conflictos derivados de la elección de 2006, a las discrepancias por el desaseo y la sospecha de manipulación electoral, se sucedió un desempeño gubernamental cuyo eje principal giró en torno a la publicitada guerra contra la delincuencia organizada, que como en varios casos, ha quedado demostrado que fue iniciada sin el conocimiento profundo y todos los hilos conductores en la mano para garantizar resultados satisfactorios.
La pulverización de los grupos delincuenciales tornó más problemático el combate gubernamental contra estos y la ineficacia y corrupción policial quedó evidente con la utilización del Ejército para perseguir y combatir a la delincuencia organizada. Durante todo el sexenio pasado, las cifras de muertos, desaparecidos y huérfanos se fueron acumulando, y pese a las mediáticas capturas anunciadas urbi et orbi, no disminuyeron los hechos de violencia.
La descalificación y la venganza como móviles de investigación quedaron demostradas en la detención en la pasada administración del general Ángeles y su liberación reciente luego de evidenciarse la falta de pruebas por parte de la Procuraduría General de la República. Otro pasaje turbio de las fuerzas de seguridad resultó ser el montaje televisivo a cargo de la Secretaría de Seguridad, mismo que redundó en la liberación de la francesa sentenciada, desatando inconformidades a diestra y siniestra en todo el país.
El bono democrático de la alternancia política fue dilapidado por algunos gobiernos que de la oposición surgieron y sembraron esperanzas de cambio, y sin embargo, se negaron a desmontar los primitivos engranajes de las estructuras administrativas y los cacicazgos sindicales, utilizando en su favor y para sus particulares intereses esos grupos de presión que igual se aliaron con el jefe político en turno, a cambio de recibir jugosas regalías.
Las oposiciones políticas se olvidaron de su papel de contrapeso y control de los actos de gobierno, y con el discurso de ser oposiciones leales y responsables, fuerzas moderadas y modernas, abjuraron de sus idearios y sin consideración a sus militancias, unilateralmente aprobaron cuanto compromiso les puso enfrente el gobernante en turno.
¿Dónde quedaron las oposiciones que aspirando a ser gobierno han presentado propuestas alternativas al programa del gobernante en turno?, ¿qué es lo que los diferenciará y permitirá que los ciudadanos los consideren en el futuro cercano una opción de gobierno real y diferente? Saboreando las mieles de la cercanía con el poder, muy pronto perdieron de vista las acciones que Lavezzolo advertía debían desempeñar los opositores: “Cuestionar las políticas de gobierno, presentar alternativas, intentar influir en el diseño de leyes, hurgar en los rincones más oscuros y proclives a prácticas corruptas, son tareas básicas de los partidos situados en la oposición.”
Con el monopolio de la actividad política y el mediocre desempeño de varios de sus cuadros, que una y otra vez le dan vuelta a los cargos de representación, los partidos políticos han cerrado los espacios de participación a su propia miltancia, y al mismo tiempo dejan sin oportunidad alguna para que desde la ciudadanía surjan candidatos comprometidos con las demandas de la sociedad.
El escándolo por prácticas corruptas de algunos gobernantes, el mediocre desempeño de algunos otros, han minado la credibilidad en la clase política que ocupa los últimos lugares en cuanto a confianza ciudadana. Empero, si bien es cierto que la desconfianza ha sido ganada a pulso, no debe perderse de vista que nuestra sociedad tiene una responsabilidad en el surgimiento de gobernantes mediocres y corruptos, de narcos y delincuentes que no llegaron de Marte.
Es muy facil y siempre de moda culpar a los gobiernos de todos los males que aquejan a la sociedad -y ciertamente tienen una gran parte de responsabilidad-; sin embargo, el deterioro de la sociedad ha ido a la par que la pérdida de valores cívicos y morales. Se educa a los menores y jóvenes en el único valor del dinero, enseñando que lo importante es ser adinerado y poderoso sin importar de dónde provenga la riqueza. No hay repudio social para quienes, bien se sabe, han maladquirido sus posesiones; por el contrario, son halagados y siempre el centro de invitaciones en celebraciones públicas y privadas. Por ello, algunos juniors de ex funcionarios se han jactado de las fortunas de sus progenitores al amparo de la administración gubernamental, mientras otros hacen alarde del recurso que en el camino se encargaron de limpiar.
¿Dónde quedó entonces la enseñanza de la preparación, del estudio, del esfuerzo para hacerse un lugar en la academia, en la política, en el servicio, en el trabajo propio? El desorden, la anarquía y la violencia se hacen presentes en todas partes y la sociedad parece sorda y muda. Urge que desde la ciudadanía se levanten las voces que cuestionen, que critiquen, que denuncien y que hagan propuestas para resolver los problemas que nos aquejan. Urge que se sacuda la abulia y se reagrupen los ciudadanos dispuestos a intervenir en los asuntos públicos. Desde la ciudadanía habrán de surgir propuestas.

Sobre el autor
PENDIENTE
Comentarios
Columnas recientes

La otra migración

Incertidumbre

Los que no quisieron la paz

La corrupción, ¿somos todos?

El debate de los vecinos

Constituyente para la Ciudad de México

El testamento

La invitación a Trump, ¿para qué?

Plagio y evaluación académica

Malos resultados

La campaña del odio en Estados Unidos

Disculpas tardías

Blindaje a la corrupción

Encuentro con un populista

Infancia sin futuro

Oaxaca, a diez años

Terrorismo y crimen de odio

Elecciones

¿Y las leyes anticorrupción?

Las desapariciones forzadas

Impunidad

Transparencia pública

El informe del GIEI y la verdad oficial

Las fotomultas

Control y vigilancia de los recursos públicos

La Cuenta Pública

Sin razones

La fuerza de las mujeres

El papel de las contralorías

Estados, en la opacidad y la impunidad

Las palabras de Francisco

Corrupción, gobierno y sociedad, segunda parte

Corrupción, gobierno y sociedad Primera parte

El estado 32

Preocupaciones

Subir la cuesta

Nuestros derechos

El derecho de réplica

Diez años del Coneval

Una reforma importante

En la barbarie

Linchamientos

Nombramientos en la Suprema Corte

¿Una rectora para la UNAM?

Las mujeres y el voto

Insatisfacción social

Populismo

Reforma frustrada

De las cualidades para gobernar

Demostración de fuerza

Acoger a migrantes

Informes

Los resultados de la izquierda

Integrando gabinete de gobierno

El monopolio de la riqueza, última parte

El monopolio de la riqueza, primera parte

Oaxaca, la corresponsabilidad

Reforma a la Ley del Notariado

Michoacán, gobernabilidad, autodefensas

La administración que viene

Luego de las elecciones

Los efectos del voto nulo

Las encuestas electorales

Campañas negras

Acceder a la información

Promesas y recursos públicos

Contra la tortura

La ideología del pragmatismo

Las mujeres en política

Las mujeres en política

Desconfianza en las instituciones

Irregularidades

Nombramiento cuestionado

Decepción ciudadana

¿Para qué el gobierno?

Candidaturas imposibles

Los derechos humanos

Los derechos humanos

Inseguridad sin fronteras

Inseguridad sin fronteras Primera parte

La extensión del mal

En llamas

Guerrero ¿Un Estado fallido?

Iguala, desde la barbarie

Bajo fuego

Responsabilidades

¿Consejeros independientes?

De futbol

Informe del futuro

Memorias y desmemorias

Una tragedia humanitaria

Ahora el ébola

¿Qué sucedió con Oceanografía?

México y la migración centroamericana

La tragedia de la migración infantil

El tercer gobernador

Contra el acoso escolar

El caso Oceanografía

La violencia infantil

Los bonos del escándalo

Acto de barbarie

El derecho a opinar, preguntar y cuestionar a los gobernantes

Malas noticias

Partidos en conflicto

Partidos en conflicto (primera parte)

¿Un comisionado para el Estado de México?

La ruta del Instituto Nacional Electoral

Pensión Universal y Seguro de Desempleo

Complicidades

Corrupción y fraude en las alturas

Corresponsabilidad

Corresponsabilidad

Corresponsabilidad

De los cuerpos de defensas rurales a las autodefensas

Estrategia nacional antisecuestro

Una reforma notarial

Otro acuerdo

Los veinte años del EZLN

Una mujer para Chile

Mala educación, pobreza y corrupción

Los medios de comunicación ayer y hoy

Los medios de comunicación ayer y hoy

Los medios de comunicación ayer y hoy

Faltas al debido proceso

¿Cómo quedó la Reforma Fiscal?

¿El INE en lugar del IFE?

Sesenta años

Diferendo político

Las reformas estructurales

Cambios en la propuesta fiscal

Los recursos del Fonden

La ley sobre el derecho de réplica

Reforma insatisfactoria

Actividades vulnerables

Actividades vulnerables

Actividades vulnerables

El fallo liberador

El caso Salinas

Nueva licencia

Sin cultura democrática

Pemex, el objeto del deseo (última parte)

Pemex, el objeto del deseo

La oposición política

La oposición política

La oposición política (primera parte)

Pobres pero ¿felices?

Desaparición de poderes

Desde la ciudadanía

Obama en México

Desconfianza en la Cruzada