Francisco Lemus
Visor
Precios, mercado y soberanía alimentaria
Miércoles 22 de Mayo de 2013
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Aumentos del 300 y más del 200 por ciento en tomate verde y limón respectivamente, son indicadores que antes que preocupar a las autoridades del Banco de México (Banxico), se resienten en los hogares mexicanos, y ante los cuales se toman medidas que se vuelven cada vez más comunes: la apertura de los mercados para tratar de compensar la oferta y con ello tratar de regular los precios.
La medida ha mostrado poca efectividad en el caso del huevo, que sigue por encima de los 20 pesos; por su parte, el tomate pasó, de rondar los seis pesos, a los 18. El limón llegó a los 25 pesos en la Ciudad de México, para lo que también se planteó la eliminación de aranceles, cuando el verdadero problema se encontraba en la situación de inseguridad que registra Michoacán.
Al parecer la situación con el limón se ha estabilizado con la entrada de nuevas fuerzas federales al estado, pero en el caso del tomate, no se puede encontrar una solución de este tipo. Se espera que con la eliminación de aranceles pueda volver a la normalidad, pero como en el caso del limón michoacano, puede haber otros factores en juego, no sólo la intención de comercializar.
No tiene nada de extraño que se pretenda apelar al mercado y la necesidad de los actores productivos de poner a la venta las mercancías que producen. Por ejemplo, cuando un país como China o Rusia ve en riesgo el abasto de granos a su población, prefiere dejar de vender al exterior para evitar un problema de inestabilidad social al interior de sus fronteras.
Así como grupos de dudosa legitimidad han evitado que los productores de limón comercien sus mercancías, también cualquier gran corporación o gobierno tiene la capacidad de recurrir a acciones de ese tipo, y no menos violentas.
Poner en manos de otros países la alimentación de México es una apuesta bastante peligrosa, aún cuando se crea que el mercado es sabio y todopoderoso. En algún momento, los productores del maíz que importamos pueden decidir que es más rentable alimentar a los vehículos con biocombustibles que a mexicanos con maíz de mala calidad.
Otros actores de los que hay que preocuparse son las empresas como Monsanto, que pretenden patentar toda la vida en el planeta, y con suerte, muy pronto vendérsela a quien esté dispuesto a pagar por ella, más que por gracia del mercado, por una cuestión de vida o muerte.
En Estados Unidos o Canadá, Monsanto ya ha puesto en marcha sus cultivos, los cuales suelen expandirse más allá de los campos que les son autorizados o de quienes sí adquirieron sus semillas, y una vez que encuentra rastros de estos en otros campos, obliga a esos granjeros a pagar una indemnización por usar su tecnología, haya sido o no su voluntad; a fin de cuentas, es su patente.
Hace un par de años, esta empresa líder en transgénicos, advirtió a México de su dependencia al importar 35 por ciento del maíz que consume, 50 por ciento del algodón, 25 por ciento del trigo y 96 por ciento de la soya. Claro, esa dependencia del exterior debía compensarla siendo dependiente de sus productos, lo que ya es un riesgo, sin tomar en cuenta los daños a la salud que provocan.
Monsanto tiene cada vez más presencia en el país gracias a los políticos que les han abierto las puertas, pero la oposición a ellos también ha ido en aumento. Este sábado, en Morelia se ha convocado a una protesta contra la empresa, que se llevará a cabo a las 12:00 horas, partiendo de las oficinas estatales de Sagarpa en la Avenida Ventura Puente, entre Madero y Adolfo Cano.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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