Francisco Lemus
Visor
Transporte público y libre mercado
Miércoles 5 de Junio de 2013
A- A A+

A partir del nuevo aumento autorizado, 11.4 por ciento del salario mínimo vigente en Michoacán es lo que representa el pasaje del transporte público. Este incremento se ha justificado a través de un supuesto estudio que asegura que la decisión buscará no afectar a los grupos vulnerables. Humor negro involuntario cuando toda la población es la que se encuentra vulnerable.
En México, el 13.4 por ciento de los trabajadores percibe un salario mínimo, ellos y sus familias no podrían, con ese ingreso, hacer diez viajes de transporte público en un día, eso suponiendo que no coman ni hagan gastos en cualquier otra cosa.
En Michoacán, el ingreso promedio de los trabajadores es de cinco mil 333 pesos mensuales, bajo a nivel nacional pero mucho mejor que el mínimo al promediar 178 pesos diarios, los cuales difícilmente alcanzan para cubrir todas las necesidades, a veces incluso alimenticias, ya ni hablar de cumplir con otras obligaciones, como pagos de colegiaturas y mensualidades de casas y carros.
Suponiendo que un trabajador con ese salario promedio tuviese que pagar los transportes de dos hijos y tal vez de su cónyuge, seis pasajes en total, en un día habría desembolsado 42 pesos sólo en transporte, que de cualquier forma representan una cuarta parte de sus ingresos (24 por ciento).
Estos ejemplos no son más que números, tal vez no digan mucho a quienes no sufren estos problemas, pero son una realidad del grueso de las familias que cada vez encuentran más problemas para sobrevivir y, de paso, tratar de construir un patrimonio, pues hay que tomar en cuenta que cada vez menos cuentan con seguridad social y con la posibilidad de una pensión al llegar al final de su vida laboral.

El libre mercado
“No somos hermanas de la caridad”, dijo en algún momento uno de los principales acaparadores de concesiones de transporte público de la ciudad de Morelia, al asegurar que ellos como empresarios del transporte no debían cargar con el costo de los aumentos de los combustibles, por lo que, quienes no tuvieran para pagar el aumento, debían caminar.
Es interesante que este hombre apele a la lógica del mercado para explicar cómo deben comportarse los usuarios, ya que los empresarios del transporte se alejan mucho de lo que el libre mercado dictaría, pues seguro la primera recomendación sería que se libere el mercado de la oferta de transporte.
En ese caso, cualquier persona con un vehículo y comprobando las mínimas destrezas necesarias para conducirlo con responsabilidad (algo que de momento no se cumple mucho), tendría plena libertad para empezar a dar el servicio.
La competencia supuestamente haría que bajen los precios y mejore el servicio. La realidad mexicana nos ha mostrado que eso no ha pasado en ninguna privatización, a la vez que, como ya sucede en los taxis, la falta de regulación generaría un desorden total. Pero las soluciones existen, de entrada deben pasar por la acción de la sociedad organizada capaz de exigir al Estado su actuación eficaz en su favor.
Pero hasta el momento, el Estado se ha reservado de mantener los aumentos en los precios de los combustibles sin tocar el costo de los precios de los salarios, o por lo menos estos no suben con la misma intensidad, menos aún con la misma periodicidad.
Si bien los subsidios a los combustibles beneficiaban más a quienes consumían más, ya fuese por el uso de grandes automóviles o de varias unidades, el tratar a todos los consumidores con la misma medida, más que estupidez, es un verdadero atentado a la supervivencia del grueso de la población.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Comentarios
Columnas recientes

La crisis de la UMSNH y la sociedad michoacana

El populismo en México

La raíz del problema de la basura

Nuevos brotes de violencia y elecciones

El peso de las opiniones

El mercado estadounidense del acero

¿Discusión o sensacionalismo político?

El conocimiento y las decisiones

Los candidatos presidenciales, escaparate

La cruzada contra el asistencialismo

¿Qué hacer con lo ahorrado?

La política y el heroísmo

La cultura política de súbdito en Michoacán

¿Qué cambios se pueden esperar en las elecciones?

2018: amenazas, incertidumbres y opciones

El sexenio de la educación pública

Meade: lo viejo y lo nuevo

Avanza la percepción de inseguridad

Un siglo de la Revolución Rusa

Uber en Morelia

La corrupción y el menos malo

De ciudadanos e independientes

Vulnerabilidad antes los desastres

La posible cancelación del TLCAN

Deforestación y producción comunitaria sustentable

Reviviendo a los tiranos de ayer

Precariedad laboral: informalidad y subempleo

Las posturas frente a Venezuela

La mafia redimida

Los normalistas, la educación pública y México

Culpemos al cambio climático

El EZLN frente a la izquierda electoral

El riesgoso oficio de informar

Remesas y riesgos a largo palzos

Muerte y olvido para los pueblos originarios

La crisis de la educación superior

Los riesgos de la renegociación del TLCAN

El espejismo del oro verde

Los retos de la información en las próximas elecciones

La derecha mexicana frente a Trump

Presentan nuevas herramientas para la conservación de la mariposa monarca

El alto precio de las gasolinas mexicanas

Periodismo, para qué

El activismo animalista

Invocar al proteccionismo

El valor de las remesas familiares

¿Para qué servirán los papeles de Panamá?

Contaminación y ¿sobre?-población

La crisis sobre ruedas

La crisis y el fin de una época

Ni petróleo, ni educación, ni empleo

Los candidatos radicales de Estados Unidos

¡Dejen de ser pobres!

La política y la economía

Consumir ante la crisis

El crudo panorama petrolero

Expectativas para 2016

El mal cierre de 2015

La comunidad hoy

La COP21 y los nuevos negocios

La economía de guerra

Los beneficios de la migración michoacana

Anuncios de un mal 2016

El Nobel 2015, pobreza y consumo

El ¿nuevo? rumbo de Michoacán

Las deudas del gobierno estatal

Sin acceso a la alimentación básica, 25 por ciento de los michoacanos

El petróleo en remate

¿Es necesario dejar de crecer?

¿Es conveniente comprar dólares?

Devaluación sin ventajas

Pobreza, injusticia y muerte

Más pobres, más demagogia

La fuga de El Chapo, entre la ineptitud y la complicidad

¿La economía va bien o mal?

Michoacán, con crecimiento pero aún en el fondo

¿Y después de las elecciones qué viene?

La economía del año electoral

La panacea de los corredores industriales en Michoacán

El problema del narco sigue avanzando

El costo de la democracia en 2015

La supuesta disminución de la inseguridad

Los medios electrónicos y sus límites

Economía y politiquería

Recortes, aviones y fiestas millonarias

El sueño mexicano: comprar suficiente comida

Los recortes como medida anticrisis

Los crecientes costos de la inseguridad

El trato diferenciado de la ley

Bienvenido el 2015

La endeble situación nacional

La complicidad del poder

La desigualdad y su cuestionable legitimidad

La impunidad de agredir a normalistas

Oro versus dólares

Licitaciones gubernamentales y pequeñas empresas

Michoacanos, más pobres en un 15.5% en nueve años

Mayor capacitación, mayor desempleo

Salarios mínimos, demagogia y mezquindad

El trato diferenciado de la ley

Las actividades prioritarias en México

Las incongruencias del gobierno frente a Mireles

Crisis, buenos deseos y obligados a consumir

Los problemas económicos y su impacto en la imagen

El escaso crecimiento mexicano

Politizar la economía

Ruralidad y marginación en Michoacán

Indiferencia hacia los partidos

La paz mexicana

Muchas remesas, pocos beneficios

La clase media mexicana 2000-2010

La familia, los amigos y la informalidad económica

Elevada inflación y magro crecimiento

Como México no hay dos

Los ricos Forbes y sus pobres pobres

La incredulidad del público mexicano

La nueva crisis argentina

Los aportes de Michoacán al PIB nacional en 2012

La amenaza de los no legales y los legales

Los propósitos del mexicano

20 años y todo parece empeorar

Michoacán: informalidad y empresas pequeñitas

Un “remedio” fatal para la economía

De tasas de interés y otras calamidades económicas

Consumir sin producir

La economía sin crimen organizado

165 mil millones de razones para resguardar el puerto

El gasto de los hogares mexicanos

Las pérdidas millonarias de no ir al Mundial

Las pérdidas millonarias de no ir al Mundial

De centralismos y huelgas de hambre

Escaso crédito bancario para la producción

La libertad de elegir una Afore

La libertad de elegir una Afore

Inequidad e impuestos

Más reformas, más precarización

Entre opiniones informadas y promesas infundadas

Un perfil del consumidor de drogas en México

Crédito, un salvavidas de plomo

53 millones de necesitados... ¿de empleo?

¿Basta con declaraciones?

¿Basta con declaraciones?

Menor crecimiento, más posibles votos

Precios y ausencia del Estado

Transporte público y libre mercado

Mexicanos, ¿pobres pero felices?

Precios, mercado y soberanía alimentaria

Defender lo obvio

Poco crecimiento, inflación, pero ¿todo bien?

Jóvenes, los principales excluidos del trabajo