Columba Arias Solís
Diferendo político
Jueves 17 de Octubre de 2013
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La noticia sobre el regreso del gobernador con licencia Fausto Vallejo Figueroa ha causado una especie de conmoción en el sector político, principalmente al interior de su partido, donde las fuerzas se han estado alineando en posición de guerra en ambos bandos, unos al lado del gobernador interino, otros a la vera del electo, y en medio, los ciudadanos que son convidados de piedra en este diferendo político que afecta a la entidad.
Se ha dicho que desde la etapa previa a la campaña por la gubernatura se advirtieron los problemas de salud del entonces candidato al gobierno michoacano, sin embargo, estos se ignoraron porque las encuestas apuntaban a Vallejo Figueroa como el único de los personajes políticos locales y federales del priismo que tendría la posibilidad de ganar la elección, por lo cual se tejieron las alianzas con el grupo hegemónico del tricolor, aunque algunos de sus miembros ni siquiera consideraban seria la posibilidad del triunfo.
Luego del traumático desenlace de las elecciones, que pasara por la anulación del proceso en la capital moreliana y la impugnación ante el Tribunal Electoral de la elección a gobernador, manteniendo el suspenso de la anulación hasta el límite del tiempo, tanto los que hicieron, como los que no hicieron en la campaña más que aparecer en la foto, exultantes se aprestaron a la reconquista del poder local luego de diez años de estar fuera de la administración.
La suma de los diversos grupos del tricolor a los espacios de gobierno hacía suponer que al menos en el frente habría unidad y suma de esfuerzos, empero la cada vez más deteriorada salud del recién electo mandatario obligaría a las primeras ausencias para realizarse los estudios correspondientes, así, al año de su asunción a la gubernatura -en febrero- cerca de tres semanas ocupó para realizarse exámenes médicos, luego solicitaría al Congreso licencia para separarse del cargo, del 23 de abril al 21 de julio, asumiendo entonces como gobernador interino el secretario de Gobierno.
Tres días antes de vencer el plazo, en medio de un cúmulo de rumores, una nueva licencia se entregaría en el Congreso, en la que el gobernante manifestaba que requeriría de un periodo de tiempo adicional para completar la atención médica necesaria para estar en condiciones de reincorporarse a sus funciones en plenitud.
Como es de sobra conocido, desde la primera ausencia la especulación se impuso ante la opacidad y el secretismo con el que se manejó la dolencia o padecimiento que aquejaba al gobernante, tanto por él mismo como por los portavoces oficiales y familiares, así como por el propio gobernador interino, quienes siempre mantuvieron en secreto la enfermedad esgrimiendo el derecho a la intimidad.
Luego de rendir su protesta, el gobernador interino declararía su compromiso de trabajar al margen de exhibición y lucimiento personal, con el fin de entregar buenas cuentas al gobernador y a la ciudadanía, en tanto que funcionarios de diversas áreas declaraban formar un solo equipo. Poco duró esta aparente unidad, ausente el gobernador electo, pronto trascendería la soterrada lucha por las posiciones que luego se haría pública y mediática, con páginas y columnistas alineados en ambos lados, y hasta dirigentes de los partidos de oposición echaron su cuatro de espadas, más en contra del regreso del gobernador con licencia.
Resulta curioso que quienes más defendieron el derecho de FV para ausentarse del cargo, descalificando los señalamientos de quienes resaltaban el interés y el derecho de los ciudadanos de conocer el estado de salud de sus gobernantes, sean quienes con denuedo ahora descalifiquen su pretensión de reasumir el gobierno, desatando un graneado fuego amigo, una muestra del cual le fue lanzado a la esposa de FV, quien por su decisión o por encomienda de aquel, realizaría una visita a algunos Cadis de la capital y las críticas y descalificaciones le llovieron tupido.
Al parecer, en estos días habrá de definirse si reasume o no el cargo el gobernador con licencia, y ciertamente no hay impedimento legal para que lo haga, puesto que bastará el aviso al Congreso de que se reintegra a sus labores señalando la fecha en que habrá de hacerlo, pero los anquilosados usos y costumbres de los que no se han podido desprender, no obstante las transformaciones democráticas habidas, les autoimponen recabar primero el visto bueno presidencial. Entre la ciudadanía hay cierto escepticismo y hastío ante el supuesto retorno; el desencanto permea el ánimo ante la falta de resultados y el desgaste de las figuras se advierte y se comenta.
La moneda sigue en el aire, y las preguntas van de un lado hacia el otro: ¿Volverá? ¿No volverá? ¿Se irá? ¿Se quedará? En fin, ya sea que prosiga al frente de la administración el gobernador interino o que reasuma el electo, lo cierto es que el conflicto interno proseguirá si no se encuentra la fórmula para la cohabitación de los grupos en los espacios de poder, repercutiendo en la atención y solución a los graves problemas que aquejan a Michoacán.
Mientras se pierde el tiempo en el diferendo interpartidista, la pobreza, el desempleo, la inseguridad, la impunidad y la corrupción avanzan como una gangrena. Urge emplearse a fondo en el combate a estas plagas, no queda tiempo para más espera.

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