Columba Arias Solís
Los medios de comunicación ayer y hoy
Jueves 21 de Noviembre de 2013

Primera Parte

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La historia del periodismo en México es de claroscuros. El periodismo escrito ha navegado entre el sometimiento a los gobiernos en turno y los esfuerzos heroicos por hacer prevalecer la autonomía de los medios y consecuentemente la libertad de expresión. Señala Pablo Cabaña Díaz, que la vieja relación entre prensa y poder establecida en el sexenio del presidente Miguel Alemán, tuvo como base principal la emisión sistemática de boletines que se convirtieron en la versión oficial, la incorporación de los reporteros a las nóminas de cada fuente y, al apoyo estatal en favor de los empresarios de los medios impresos.
Es de sobra conocido que en el antiguo régimen se fue tejiendo una tupida red de complicidades entre los dueños y concesionarios de los medios de comunicación y los representantes del gobierno, para otorgarse favores y prebendas.
Aquellos trabajadores del periodismo que intentaban mantenerse al margen del famoso embute -la paga por decir u omitir- fueron motivo de censuras veladas o abiertas, y hasta persecuciones y amenazas a su integridad. El golpe de Estado sufrido por el periódico Excélsior es un botón de muestra de aquella persecución gubernamental, por desgracia no el único, pero sí tal vez el más conocido de los varios que se sucedieron en el transcurso del tiempo cuando algún medio informativo buscaba transitar por caminos de autonomía.
La injerencia gubernamental en los medios vía la publicidad pagada, fue una constante, como lo fueron también las presiones y chantajes para imponer la línea de la verdad gubernamental. Una serie de reglas no escritas fueron impuestas y dirigidas por el poder a fin de contar con la docilidad y el sometimiento de informadores y medios, y la amenaza de suspender o cancelar las concesiones a los medios electrónicos se hizo pender como una espada de Damocles, porque otorgar y revocar concesiones para radio y televisión ha constituido una atribución discrecional del titular del Poder Ejecutivo sin que existiera supervisión alguna sobre la misma. Ha sido entonces el Ejecutivo quien ha prohijado la formación de los poderosos monopolios especialmente de la televisión, sin más criterio que la afinidad probada a su gobierno.
Sin embargo, hubo grandes esfuerzos de periodistas y directivos de medios para abrir los espacios a la pluralidad de ideas y noticias, especialmente a partir de 1968. Veinte años más tarde, el proceso electoral de 1988 empujaría la apertura y cierta liberación de los medios de comunicación, que hasta esa elección, mantenían una relación de dependencia y de intercambio de valores entendidos entre el gobierno y los dueños de los medios, que se vio reflejada en la cobertura noticiosa de las campañas electorales, cobertura que sólo cubrió al candidato oficial. Empero, a partir de entonces poco a poco se fueron debilitando los amarres de la censura.
Con excepciones a la regla, la mayoría de los medios estaban al servicio de la administración en turno, las que a través de sus responsables de comunicación dictaban las líneas a seguir en materia de información. La censura campeaba a sus anchas y aquel trabajador del quehacer informativo o medio de comunicación que pretendiera construir un espacio de libertad para informar y para cuestionar en materia política, rápidamente sufría las consecuencias de su osadía.
A partir del proceso electoral de 1994, los medios de comunicación jugaron un papel determinante por la apertura informativa que brindaron, en la cual reprodujeron la pluralidad política que se estaba reflejando en el país, observando cierto equilibrio en su tarea de información sobre las distintas fuerzas políticas, coadyuvando de esta manera en la transición democrática.
Los medios de comunicación ocupan hoy una relevancia e influencia determinante en la vida social y política del país. Como señala Jesús Silva Herzog Márquez, se han convertido en medios que ejercen mucho más libremente la crítica, y si antes prácticamente constituían altavoces de una sola voz -la del presidente y su partido-, ahora son espacios donde se critica no solamente a los protagonistas de la vida política, empezando por el presidente, sino a otros actores que fueron tabú durante mucho tiempo, como el Ejército o la Iglesia.
Para la periodista Rossana Fuentes Berain los medios de comunicación acompañaron un proceso que fue el reflejo del gradualismo con el que los mexicanos nos dimos la democracia electoral, no fueron vanguardia sino acompañantes en el cambio gradual que la sociedad decidió darse. (Continuará)
Periodismo irresponsable. Es inaudito que periódicos que se suponen serios y profesionales, irresponsablemente manejen nombres de personas que no estuvieron en la reunión que -según declaraciones de la senadora Calderón- tuvo lugar en el Senado de la República el pasado mes de octubre. Reforma, Excélsior y La Jornada Michoacán sin la más mínima profesionalidad involucran entre dichos nombres el de Alfonso Solórzano Fraga, quien jamás estuvo en el Senado y mucho menos con los oriundos de Apatzingán ahí mencionados, como ya en su carta de réplica enviada a los medios lo ha señalado.
¿De quién es la mano que meció la cuna de estos medios para que sin el menor decoro profesional se aventuren a ocasionar daño moral y a provocarle al mencionado un estado de vulnerabilidad?
Sólo el uso del derecho puede ser el contrapeso al periodismo canalla, al que le untan la mano para desprestigiar, para golpear políticamente, para desviar la atención de aquellos que son corresponsables de la deplorable situación que la ciudadanía padece.

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