Francisco Lemus
Visor
De tasas de interés y otras calamidades económicas
Martes 3 de Diciembre de 2013
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Sólo uno por ciento de rendimiento tendrán este año los cautivos “clientes” de las Afores, esto como consecuencia de la “volatilidad” de los mercados internacionales; sin embargo, esta volatilidad no ha evitado que las ganancias de la banca comercial en México crecieran en un 16.4 por ciento con respecto a 2012, para rebasar los 84 mil millones de pesos de utilidades.
La filosofía “la casa nunca pierde” es la que mejor le va a la banca mexicana, si es que se le puede llamar mexicano a un negocio por el cual todos estamos pagando un rescate a través de impuestos, pero cuyas ganancias salen volando cual zopilotes más que golondrinas, año con año.
Una buena muestra de ello son las diferencias que existen entre las tasas de interés que cobran los bancos a sus deudores y las tasas que pagan a sus ahorradores. Por ejemplo, la tasa del pagaré a 28 días de Bancomer, que paga un dos por ciento anual bruto, a éste hay que restarle impuestos.
Gran contraste con la tasa de interés que pagan aquellas personas que hacen uso de tarjetas de crédito, ya que de acuerdo a datos del Banco de México (Banxico), en abril de 2013 el promedio de dicha tasa fue de 29.9 por ciento; y aunque lo que abunda son anuncios de pagos a meses sin intereses, los llamados “totaleros”, quienes no pagan intereses, son menos de la mitad (43 por ciento) de los clientes.
La tasa de interés es descrita por la mayoría de los economistas como el precio que tiene el dinero, contar con o carecer de él en un determinado momento, debe tener un costo o un pago, sin embargo eso no es algo que rija la lógica de los patrones que suelen retrasar sus pagos a los trabajadores, algo que se ha convertido en una práctica recurrente de las administraciones gubernamentales.
Un trabajador que no recibe su pago a tiempo, no va a recibir un pago de interés por el retraso (que dé gracias que tiene empleo), sin embargo si ese trabajador ha recurrido a las tarjetas de crédito, ya sea por necesidad o la simple tentación del consumismo aparentemente fácil de los “meses sin intereses”, es imposible que se salve de pagar intereses a su banco acreedor.
Para la macroeconomía, la tasa de interés es un instrumento vital de la política. Keynes planteó claramente que una tasa de interés baja desincentivaría el ahorro y promovería que la gente pidiera préstamos baratos para llevar a cabo actividades económicas que bien podríamos denominar emprendimientos.
La realidad que contemplamos ahora es que no hay muchos incentivos para prácticamente nada, si acaso para endeudarse en aras de tener una pantalla plana que seguramente será cosa del pasado a la vuelta de un año, pero que por esa misma fecha estará descompuesta para evitarle a su dueño la angustia de no estar más a la moda.
Ahorrar tampoco parece como algo muy tentador, más si se toma en cuenta que si al paso del tiempo, lo único que se recibe es el 1.7 por ciento del dinero del que se prescindió. En teoría sería mejor invertir ese dinero, pero ante la incertidumbre que priva, cualquiera tendría dudas de que sea la mejor opción, más si hay riesgo de que cualquier persona llegue desde el primer día a cobrar derecho de piso.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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