Columba Arias Solís
Los veinte años del EZLN
Viernes 10 de Enero de 2014
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El pasado 1 de enero se cumplieron 20 años del estallamiento del movimiento de rebeldía del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en el estado de Chiapas, sorprendiendo entonces al gobierno y al país entero con el levantamiento armado de indígenas tzotziles, tzeltales, tojolabales y de otras etnias que con el rostro cubierto tomaron los municipios de San Cristóbal de las Casas, Ocozingo, Altamirano, Las Margaritas y otros más, dando a conocer la llamada Declaración de la Selva Lacandona, con la que oficializaran la declaración de guerra al gobierno federal, llamando al pueblo a unirse a las fuerzas insurgentes y con base en el artículo 39 constitucional demandaban la renuncia de Carlos Salinas.
Según los estudiosos del movimiento, si bien éste apareció formalmente el 1 de enero de 1994, lo cierto es que desde principios de los años 80 se había estado gestando y organizando en el estado de Chiapas, que no obstante ser una de las entidades federativas poseedora de extraordinarios recursos naturales, sus campesinos e indígenas se encontraban y se encuentran entre los más pobres, e históricamente la desigualdad entre sus sectores sociales sigue asentada, gracias a las anquilosadas estructuras sociales y políticas.
Aunque el detonante de su aparición lo propiciaron las reformas salinistas al artículo 27 constitucional, así como la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio, las condiciones de marginación y pobreza fueron el caldo de cultivo durante los años previos. De tal forma que las banderas enarboladas por el movimiento se refirieron a la reivindicación de la propiedad sobre las tierras arrebatadas a las comunidades indígenas, un mejor reparto de la riqueza y la participación de las etnias en la organización de su entidad federativa y del país en general.
De acuerdo con las declaraciones del subcomandante Marcos hechas al periódico La Jornada en febrero de 1994, el movimiento nace como un grupo de autodefensa: “Para los compañeros campesinos, el EZLN nació como un grupo de autodefensa. Hay un grupo armado muy prepotente que es la guardia blanca de los finqueros que les quitan las tierras y los maltratan, y limitan el desarrollo social y político de los indígenas. Entonces ellos dijeron que habría que armarse para enfrentarlos y no quedar indefensos”.
En aquella entrevista el subcomandante confirma que la reforma constitucional al artículo 27 fue el detonante del movimiento, y así declara: “Esas reformas cancelaron toda posibilidad legal de tener tierras, que era lo que finalmente nos mantenía como grupo de autodefensa”. Consideró el dirigente zapatista que esa puerta se les cerró a los indígenas para sobrevivir de manera legal y pacífica, puesto que -manifestaba- “lo que dicen los campesinos es que la tierra es la vida, que si no tienes tierra estás muerto en vida y entonces para qué vives, mejor peleas y mueres peleando”.
Establecidos los diálogos entre el gobierno federal y los rebeldes zapatistas, el primero se realiza en la Catedral de San Cristóbal de las Casas, y el gobierno ofrece clínicas, carreteras y escuelas, y aunque no se acepta el ofrecimiento, se mantiene la tregua entre los beligerantes y la autoridad federal.
El 10 de junio se daría a conocer la Segunda Declaración de la Selva Lacandona, en la que se convoca a la realización de la Convención Nacional Democrática en la comunidad de Aguascalientes, en Guadalupe, Tepeyac, donde del 6 al 9 de agosto se reúnen más de seis mil delegados de todo el país que toman el acuerdo de luchar por un nuevo constituyente que plasme una nueva Constitución que reconozca los derechos de los indígenas.
En el transcurso de los años, el EZLN acordaría transformarse en grupo político para participar en una mayor democratización del país, y en septiembre de 1997 se anuncia en la Ciudad de México la creación del Frente Zapatista de Liberación Nacional. Luego vendría -en 1998- el rompimiento del obispo Samuel Ruiz, quien dejó el cargo de mediador que había estado desempeñando desde el primer diálogo, señalando que el gobierno federal encabezado por Ernesto Zedillo perseguía su actividad conciliadora. Desde el inicio del diálogo con el gobierno, el EZLN demandaba “un nuevo pacto entre los integrantes de la Federación que acabe con el centralismo y permita a regiones, comunidades indígenas y municipios autogobernarse con autonomía política, económica y cultural”.
Esa demanda fue aceptada por los integrantes de la Comisión Legislativa de Concordia y Pacificación (Cocopa) y quedó plasmada en los Acuerdos de San Andrés Larráinzar en 1996, llegando a elaborarse incluso un proyecto de ley, que finalmente el gobierno federal no aceptaría, y aunque el Congreso realizaría una serie de reformas a la Constitución en materia de derecho y cultura indígenas, desde la óptica de los zapatistas muy poco tenían que ver con lo acordado en San Andrés.
El zapatismo, concebido como un movimiento político y social, ha tenido durante todos estos años un impacto político y mediático, no solamente en Chiapas y en México, sino en otros países también, en lo cual jugó un papel determinante el discurso manejado por su principal dirigente el subcomandante Marcos, quien como lo señalan algunos académicos, utilizó ese discurso como un instrumento no convencional de lucha.*
Las circunstancias en diversos momentos de nuestra historia parecen repetirse: el EZLN surge como grupo de autodefensa -lo refiere Marcos- contra los finqueros depredadores que utilizaban guardias blancas contra indígenas y campesinos, inspirados en aquellas autodefensas de campesinos creadas por Zapata en Anenecuilco para defender la tierra. Actualmente en Guerrero y Michoacán, grupos que se asumen de autodefensa comienzan a hacerse notar.

*Fuentes: Meneses Aldo y otros en Revista Enfoques Vol. X N° 16. 2012. Periódico La Jornada. Febrero 2, 1994.

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