Columba Arias Solís
Corresponsabilidad
Jueves 27 de Febrero de 2014

Última parte

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En el grave tema de la inseguridad, además de la obvia responsabilidad de las autoridades correspondientes, cuya primera obligación es velar por el cumplimiento de las normas, hacer valer el Estado de Derecho y garantizar a la ciudadanía la paz y la tranquilidad, existen corresponsabilidades de los tres niveles de gobierno, quienes con su dejar hacer, dejar pasar, han contribuido a la institucionalización de la delincuencia. Empero, no puede soslayarse que la propia sociedad -una parte de ésta en diferentes sectores- es también corresponsable del estado de cosas.
Así lo han venido señalando tanto el párroco de la capital tierracalentana michoacana, como el vocero de los llamados comunitarios, quienes acusaban en días pasados la participación de una parte importante de ciudadanos al lado de las fuerzas delictivas que asolaron aquella región. Corresponde a las autoridades realizar las investigaciones necesarias para deslindar responsabilidades y hacer recaer sobre hechores y cómplices el peso de la ley.
Desde hace años es un secreto a voces la colusión de autoridades con la delincuencia, así como la participación de ciudadanos en diferentes grados en las actividades de aquella; lo anterior refleja una pérdida de valores cívicos y morales en esa parte de la sociedad -empresarios, políticos, profesionistas, comerciantes, entre otros- que a sabiendas de la procedencia de los recursos, sin el menor prurito o temor a la ley, se sumaron al manejo o a las actividades de los grupos del crimen.
Desde luego, algo grave sucedió en el transcurso de los años que ocasionó el pudrimiento social y en consecuencia el joven, la o el vecino, el profesionista, comerciante, compañero o compañera de la preparatoria o de la secundaria, pasaron a formar parte de las huestes dedicadas a los ilícitos.
Se explica -no sin razón- que las condiciones de pobreza y marginación han llevado a un importante número de jóvenes a sumarse a las filas de la ilegalidad y la violencia, no obstante, ello solamente es una parte del problema -hay otros países mucho más pobres que éste y sin embargo no tienen los altos niveles de violencia y corrupción que campean en el nuestro.
Ciertamente, la falta de oportunidades puede ser la explicación de una parte de la población para inclinarse por las actividades ilegales como forma de vida, pero ¿y los demás? No debe perderse de vista que hay otra parte de la sociedad que por ambición desmedida, por afanes de ascender a los niveles del poder político, económico y social decidió empeñar su vida a la ilegalidad, dejando atrás cualquier ápice de valores éticos que pudieron haber adquirido en el entorno familiar y escolar.
En la primera intervención luego de su designación, el comisionado para Michoacán declaraba la necesidad de comenzar con la reconstrucción del tejido social en la entidad, y mencionaba una serie de medidas tendientes a lograrlo. Por supuesto que urge la reconstrucción, pero ésta debe comenzar por la aplicación irrestricta de la ley para abatir impunidades, además es absolutamente indispensable detectar y atacar las causas del pudrimiento social; establecer políticas de prevención desde la base misma de la sociedad: la familia, puesto que es en ésta donde la niñez establece sus primeros vínculos en el ámbito del afecto y prácticas sociales; es en la familia donde se adquieren los valores primeros que serán determinantes a lo largo de su vida, ya que además de la atención y cuidados para su bienestar físico, también su entorno familiar propicia las pautas educativas que incidirán en su madurez.
De la misma forma, debe revisarse con detenimiento el tema educativo para que, además de los anunciados recursos económicos que se ha dicho habrán de invertirse, también se analice la corresponsabilidad del sector; advertir en dónde se ha incumplido con los fines educativos previstos desde la Constitución del país que marca las pautas para una educación sustentada en valores democráticos.
Hay que cuestionarse si acaso se está dotando a la niñez con herramientas, conocimientos, actitudes y valores éticos, elementos sin duda indispensables para convertirse en ciudadanos responsables y cumplidos con la ley; volver a los propósitos que desde el siglo pasado expresara Jaime Torres Bodet, es decir, a la aspiración de la escuela mexicana a formar mexicanos preparados para la prueba moral de la democracia. En fin, asumir la corresponsabilidad que a cada quien corresponde, es un paso en el camino a la reconstrucción.
Los defensores de El Chapo. A propósito de lo que se ha venido señalando en este espacio, las manifestaciones de jóvenes y otros no tanto en algunas poblaciones de Sinaloa exigiendo al gobierno que no se extradite a los Estados Unidos al narcotraficante cuya detención en estos días ocupa todos los espacios informativos, es un botón de muestra de cómo la delincuencia ha permeado en los distintos estratos de la sociedad.

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