Rafael Mendoza Castillo
Entre el hacer-acontecer y el dejar-hacer
Lunes 3 de Marzo de 2014
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El mundo que hemos creado los seres humanos se presenta en tres dimensiones o tendencias. La primera tiene que ver con una objetividad, que no siempre se presenta clara o patente, ante nuestra conciencia. En esta objetividad existen elementos o representaciones, que a través del tiempo se han cristalizado (objetivismo). La segunda hace referencia a nuestra parte subjetiva, nuestra interioridad (subjetivismo). En este espacio de conciencia, de inconsciente, se anidan representaciones o valoraciones, que permanecen inmovilizadas, detenidas. La tercera dimensión se instala en la práctica (practicismo), misma que puede convertirse en una repetición del orden dado.
Respecto de lo anterior, el poder de dominación o de explotación las presenta como separadas, parcializadas (la verdad se fragmenta). Sin embargo, desde el campo de la crítica, las tres se presentan intersectadas o relacionadas. Si el pensamiento crítico se instala en la universalidad y nunca en la parcialidad, significa que las tres pueden fundar, vía la acción constituyente, nuevas relaciones de sociabilidad, en el marco de un nuevo orden o forma social.
La acción constituyente tiene la pretensión de construir un orden nuevo, distinto al actual. Por eso es importante saber, si la acción que eligen los individuos, los grupos, las clases sociales, se coloca en el hacer- acontecer, en donde lo que interesa es transformar la realidad vigente. Sin embargo, si tales sujetos mencionados eligen el dejar-acontecer, entonces, se está dejando la realidad social, tal y como está.
Es importante saber si la acción se instala como instrumento o como medio, para alcanzar determinados objetivos o resultados. Así, por ejemplo, tenemos el caso de las autodefensas y las propias instituciones del Estado. Su modo de hacer es combatir a un grupo criminal, el cual se colocó en el espacio de poder, que las propias instituciones dejaron, por omisión o por comisión, vacío. Tanto las autodefensas, así como las instituciones políticas, tienen razón al combatir a quien estuvo haciendo sufrir, de varios modos (físico y mental) a grupos o individuos de la sociedad michoacana. Aquí el asunto es criticar ese accionar y darnos cuenta, si al final del día, dicha acción, deja intacto el orden social vigente o lo transforma.
Todos queremos vivir en un orden social, donde lo importante sean los seres humanos, vistos estos como sujetos, no como objetos, clientes, o consumidores, con proyectos de sociedad distintos al actual, con opciones de futuro. Todos deseamos que triunfen las autodefensas y las instituciones oficiales que las acompañan. Pero también saber que en la victoria quedará intacto el orden económico neoliberal, que produce las condiciones de desigualdad social y de explotación. Desafortunadamente, esto está ausente en la discusión pública.
Es bueno entender que toda acción está sujeta a reflexión, a cuestionamiento. Porque existen acciones pragmáticas, instrumentales, que le apuestan a resultados mediáticos, efectistas, dejar el mundo como está, que carecen de proyectos colectivos, de comunidad y que no tienen la intención de fundar una nueva sociabilidad, más allá del capital. Lo deseable sería que las autodefensas se instalaran en la autogestión, es decir, en la construcción del poder popular, con autonomía y autodeterminación.
La crítica nos ayuda a desenmascarar, a quitar velos, que cubren las acciones, tanto de las autodefensas, así como de las instituciones oficiales. La acción de las primeras es limpiar el estado de templarios y llevar a la cárcel a sus dirigentes. El fin es bueno. Pero en éste, está ausente un proyecto de sociedad, de país, de nación. La crítica a lo establecido, esto es, al orden de acumulación de capital, no existe. Su acción es parcial y no alcanza la universalidad.
Las instituciones oficiales, como epifenómenos de una estructura social, cultural y económica, se han caracterizado por acciones que sirven a los intereses particulares de la oligarquía y se han olvidado de los intereses públicos, lo de todos. En el ser y el hacer de estas instituciones, no se deja ver una nueva forma de organización social, sino que su interés es privatizar el patrimonio de la nación y destruir los fundamentos constitucionales liberales, manteniendo el mismo patrón de acumulación de capital, en pocas manos (0.18 por ciento de la población posee casi la mitad de la riqueza nacional). Se excluye el 99.82 por ciento de los mexicanos.
Si al final triunfan las autodefensas y las instituciones políticas actuales, y el orden social continúa vigente, significa que la acción llevada a cabo fue instrumental, es decir, que el poder de dominación continuará controlando a la sociedad, sus grupos, sus clases y sus individuos. Esto último quedará inscrito en el dejar-acontecer, como un movimiento, que deja intacto el orden del capitalismo y su modelo neoliberal. Surge una pregunta, conforme a la razón crítica, ¿cuál es el proyecto orientador de la acción, tanto de las autodefensas, así como de las instituciones oficiales? En nombre de la seguridad, muchas veces perdemos la libertad para discutir y decidir en público, lo que deseamos los michoacanos (hombres y mujeres, no importa la edad).
La acción de las autodefensas y de las instituciones oficiales es política. Porque tiene que ver con una estructura de poder, grupos de fuerza, de hechos concretos. Pero todo ello tiene que vincularse con el valor, es decir, con la ética. No con cualquier ética, sino con aquella que le apueste al pensamiento disruptivo, el cual rechaza una moralidad social, que defiende el orden constituido. La política sin ética, es fuerza bruta y la ética sin política, es pura ilusión.
Michoacán vive un estado de excepción, donde el derecho y la soberanía, se ausentan. Lo que importa, en las acciones que comentamos, es la necesidad de la paz, el buen orden, aunque no haya justicia ni dignidad. Esto tenemos que discutirlo todos los michoacanos, con partido o sin partido, con autodefensas o sin ellas, con instituciones oficiales o fuera de ellas. Pero la discusión en público, no en secreto, como lo hicieron los diputados locales, al aprobar la Ley de Educación para el Estado de Michoacán de Ocampo (punitiva y clasificatoria), de otra manera seguiremos siendo clientes y consumidores. Es necesario constituirnos como sujetos colectivos o individuales, desafiantes de lo que existe, sin miedo a la libertad. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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