Francisco Lemus
Visor
La familia, los amigos y la informalidad económica
Miércoles 26 de Marzo de 2014
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Solamente 12.7 millones de adultos mexicanos acuden a esquemas de ahorro formales, por otra parte hay 18 millones que consideran mejor acudir a tandas o guardaditos antes que llevar su dinero a un banco. En créditos la informalidad también lleva una gran ventaja, contando con otros 16 millones de usuarios.
Hay 12.5 millones de mexicanos adultos que prefieren acudir a préstamos “formales”, lo que seguramente se debe al auge de los créditos para la adquisición de vehículos o de viviendas.
Estas cifras que fueron presentadas por BBVA Bancomer a través de su director global de Educación Financiera, Adolfo Albo, para señalar su preocupación por la elevada presencia de la informalidad, tanto en el tema del ahorro como el del crédito, dando cuenta de la escasa educación financiera de los mexicanos.
Desde luego hay algo preocupante en el hecho de que 16 millones de mexicanos acudan a la informalidad cuando ésta se compone no sólo de amigos y familiares, sino también por usureros y casas de empeño, las cuales básicamente se rigen por llevarse la parte del león y no por ser justas con sus clientes.
No se necesitan grandes pruebas para saber que aquellos que acuden a este tipo de “instituciones” son las personas con menores ingresos, mientras que el acceso a tarjetas de crédito y préstamos bancarios se restringe a aquellas personas con ciertos niveles de vida o por lo menos de capital cultural, entendiendo por esto, educación.
Pero en cualquier caso, todo mexicano sabe que solicitar préstamos o créditos, por más formal que sea la institución, implica un riesgo y consecuencias nada gratas, ya que recibir llamadas amenazantes en las horas más inadecuadas puede ser una estrategia no muy “formal” a la que recurra hasta el banco más popis de la cuadra.
Aunque llamar informal a un préstamo entre familiares y amigos, es una buena forma de rebajarlo de nivel, estos acuerdos pueden ser bastante formales y de ello dependerán la continuidad de la relación en aquellos casos donde se puede romper o de poder acudir a las reuniones si de la familia se trata, siempre hay una penalización de por medio al no cumplir con un trato.
Pero las condiciones en las que un amigo, por lo menos uno de-a-deveras, puede hacer un préstamo, sin cobrar intereses ni pedir avales y fiadores, es mucho más agradable que los trámites que hay que seguir para acceder al crédito de un banco. No se diga cuando se trata de familiares, ya que se estima que la mitad de esos préstamos nunca son saldados.
Pero aunque esto no sea un muy buen negocio para los bancos, es un gran negocio para el sistema capitalista en su conjunto, que a final de cuentas necesita gente viva ya sea para producir o para consumir y no importa de qué formas puedan conseguir estos objetivos.
Muchas organizaciones han ido desapareciendo a lo largo de la historia, pero si hay una que se mantiene y se defiende, con argumentos a veces ultraconservadores como los que se oponen a las parejas del mismo sexo, es la familia; y claro, ésta llega a ser una gran subsidiaria del capital ya sea por préstamos o manteniendo a los hijos trabajadores en su seno.
En México el Estado sabe ser omiso desde que surgió, por ello cuenta con su aliada la familia nuclear, siempre dispuesta a echarle un piso más a la casa y cuidar a un nuevo miembro.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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