Rafael Mendoza Castillo
El neoliberalismo produce crisis moral y social
Lunes 31 de Marzo de 2014
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Todo tipo de crisis tiene la virtud de desordenar lo que aparentemente se presenta ante los sentidos, como si fuera eterno, duradero, como lo mismo, lo de siempre y como si no hubiera nada nuevo bajo el sol, no contradictorio y unidimensional. Así, la crisis económica revela que la desregulación de los mercados y monopolios truena el modelo financiero neoliberal, enriquece a los que más tienen y empobrece más a los que menos tienen, incluidos personas y países. En este modelo depredador se orienta la civilización actual.
Este no es el camino para proteger a lo humano y su pensar. Busquemos otra forma de organizar la existencia del hombre y la mujer. Como atinadamente dice Enrique Dussel: “Los principios normativos obligan a la subjetividad del político a cumplir con las exigencias de los momentos constitutivos del poder político, de la praxis de liberación, de las transformaciones de las instituciones en bien del pueblo”.
La actual crisis económica, política, social, moral y ética, que hoy está viviendo la nación mexicana, pone en claro que el modelo económico concentrador de la riqueza excluye y produce desigualdad en millones de personas, grupos y clases sociales (53 millones de pobres y 53 hombres ricos). Este capitalismo depredador mantiene sitiada a la existencia humana, y cuya vida no es nada buena. El desarrollo protege a pocos y margina a millones de individuos. Estos últimos, ante los ojos de los poderosos, aparecen como medios, para apoyar al orden de dominación, mismo que es sostenido por una hegemonía de oligarcas nacionales y extranjeros.
Pero, por qué la mayoría de la población ha dejado de lado la idea de libertad, necesaria ésta, para pensar y accionar sobre las estructuras, procesos y tendencias que durante muchos años han sido dirigidas para satisfacer los intereses de la clase política gobernante y los poderes fácticos. Porque el sistema también produce ideas, creencias, formas de ser, de ver y de sentir (habitus) en los dominados, la fuerza ya no es suficiente, con la finalidad de construir un tipo de individuo mínimo, que se instale en lo privado (despolitización) y se aleje de las cuestiones de carácter público, que obedezca y que no piense (competencias en educación).
Lo anterior es una de las grandes tareas que hoy está desempeñando el duopolio de la televisión y la radio, comerciales y una parte de la prensa escrita. Por eso decimos que la lucha también es teórica y política. Se requiere la construcción de una nueva hegemonía subjetiva, objetiva y práxica, para transformar el actual modelo económico (fuerza material, movimiento social).
Por qué los mexicanos hemos aceptado la actitud de aguantar, de soportar a una oligarquía o plutocracia que cada día utiliza el poder, la dominación para saquear, de manera impune, la riqueza que el país todavía tiene. Porque mientras no dejemos la indiferencia, el individualismo, y nos asumamos en la rebeldía, la solidaridad, la movilización política y el pensar crítico, el orden y su clase política continuarán con lo establecido, la dominación y la explotación. Recordemos que el modo de ser condiciona el modo de hacer.
El orden actual y los amos del dinero están muy contentos, aún con la crisis. Porque ellos mismos han creado mecanismos para administrar y planificar las acciones y las formas de ser, de muchos mexicanos. Así, por ejemplo, el mecanismo electoral, limita el actuar y el decidir de los ciudadanos. Este evento sirve únicamente para que los miembros de la clase política actual accedan a nuevos puestos o cargos públicos. Estos procesos renuevan cada tres o seis años las élites en el poder. Romper con este mecanismo significa, que los excluidos se tienen que apropiar de la acción política constituyente, única que puede crear nuevas relaciones de sociabilidad, ya que el actual sistema de democracia representativa ha sustituido a la política por la técnica y por el realismo, para administrar los intereses de los poderosos, de los dominadores.
El régimen político actual ha venido creando sus propias instituciones, las cuales responden, incluidos los funcionarios, a la defensa de los intereses privados. Este hecho convierte a las primeras, en auténticas organizaciones, las cuales buscan anular lo público, lo de todos. No es que el Estado sea fallido, sino que los poderosos lo convierten, de institución pública, en una organización orientada a la defensa de lo privado.
Por eso el neoliberalismo transformó al Estado mexicano, en una organización achicada, simplificada y, además, desregula normas, reglas, leyes, reduce el presupuesto público y privatiza el patrimonio de la nación. De ahí que no resulte extraño el hecho de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, no defienden los principios constitucionales, sino los intereses reales de los grupos de poder y del dinero (reformas estructurales).
Vivimos en un Estado simplificado, es decir, que dejó a un lado su responsabilidad social y pública. Lo anterior para que la desregulación de la ley y la legalidad, el Estado de Derecho, dejen el espacio y el tiempo, al libre mercado y a los monopolios. De ahí que el duopolio televisivo comercial y la radio del mismo tipo, pueden violentar cualquier ley o norma que intente regular el proceso electoral. Recordemos, no olvidemos, que al IFE (ahora INE) le importó el incremento salarial y su homologación con las percepciones de los ministros de la SCJN (cuatro millones de pesos al año), y no importa el respeto irrestricto de la ley y la legitimidad de lo electoral. Se observa en lo anterior, que no son instituciones públicas, sino organizaciones dirigidas por mafiosos y facciosos.
Las elecciones constituyen un camino inventado por el poder de dominación, para justificar la democracia capitalista. Al igual que las juntas de Conciliación y Arbitraje en el mundo laboral, se colocan de lado de los patrones. Este camino sustituye, momentáneamente, la acción política constituyente, es decir, la acción que sí puede cambiar el orden viejo, corrupto e impune como el actual. Lo electoral pretende llevar el conflicto político, la lucha de clases, las opciones de futuro, en el marco de la civilidad y el consenso. Pero esto último, que sin duda constituye una aportación cultural importante para la convivencia humana, ha sido un engaño, dado que se continúa domesticando y paralizando la acción política transformadora. Y lo anterior, para la mayoría de la población, se traduce en sufrimiento anímico y físico.
Es tan cínico y corrupto el sistema capitalista y su clase política gobernante, incluidos los poderes fácticos, que cuando la izquierda o los movimientos progresistas, ganan en las urnas, por la voluntad popular, los primeros cometen fraude (1988, 2006 y 2012). Con qué confianza y credibilidad la gente votará en las próximas elecciones en el país. Como bien dice Andrés Manuel López Obrador, en su último libro, titulado, Neoporfirismo (marzo 2014): “Hoy como ayer existe una república simulada y un Estado que funciona para garantizar la acumulación de las riquezas en pocas manos, sin ocuparse del bienestar general”. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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