Rafael Mendoza Castillo
Ideas para la sesión extraordinaria del CEPEC
Domingo 6 de Abril de 2014
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La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Michoacán (Sección XVIII), realizará una sesión extraordinaria el día 8 de abril de 2014, como continuación del IV Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura (CEPEC). Este último constituye un espacio de resistencia política y teórica. En ese aspecto la CNTE afirma: “El gobierno abandona el carácter estratégico que tiene la educación pública gratuita, de formar seres humanos con pleno desarrollo de sus facultades humanas y con amplio dominio de la cultura universal y entrega a la OCDE y a los empresarios, la rectoría del sistema educativo”.
Para abordar la problemática de la relación pedagógica es pertinente ubicarla en el contexto de los campos de cultura y política. Desde esta perspectiva localizaremos los posibles factores sociales e institucionales que producen los sentidos ideológicos y epistémicos que se practican en toda relación pedagógica. Ver de cerca, en lo cotidiano, el movimiento y dirección que se le asigna como proyecto generador de identidades formales y materiales. Por otro lado, estar en condiciones de acceder a la reconstrucción de un proyecto alternativo al modelo pedagógico actual y, consecuentemente, la propuesta de nuevas formas sociales de existencia.
La relación pedagógica producida en el espacio curricular nos conduce a la identificación de elementos de poder, de saber, visiones de mundo y de vida, ya que pueden, en conjunto, paralizar al sujeto en formación y anclarlo en un presente estático. Sin embargo, dichas relaciones y sus identidades, con representaciones, conllevan la posibilidad de trabajar configuraciones posibles, es decir, utopías políticas y culturales, disruptivas.
En toda relación pedagógica encontramos vinculaciones con el poder de dominación y de explotación. Desde este lugar se lanzan los fines y contenidos curriculares que han de ser apropiados por docentes y alumnos. Tales aspectos convierten a los interlocutores del proceso de aprendizaje, en meros invitados de piedra.
Se introduce al interior de la relación pedagógica una infinidad de valores, que en ocasiones enajenan el sentido autónomo de los actores pedagógicos (docentes, alumnos). Lo anterior sucede porque las representaciones trabajadas, por ambas íntersubjetividades, aparecen a la conciencia como “auténticas” cuando no lo son. O también se pretende justificar con un valor moral extraído desde las tecnologías disciplinarias del yo, las cuales cancelan la conciencia crítica, como esfuerzo intelectual para cuestionar las distorsiones que se presentan en las representaciones que los grupos sociales adquieren en su mundo de vida.
Inscribir la relación pedagógica en la cultura y la política, tiene la ventaja de no dejarla encerrada solamente en el ámbito de la institución curricular, al mismo tiempo, descubrir que en aquella existe la razón de Estado, que no siempre atina a respetar las decisiones y opiniones de la multiplicidad de voces de razón, presentes en todo acto de aprender.
En los tiempos actuales de la modernidad neoliberal, no es posible que la relación pedagógica sea un acto manso, en el que el estudiante acceda a la cultura de manera pasiva, sino que lo rescatemos de ese espectáculo y lo instalemos en el lugar de utopía, de posibilidades conflictivas, de contradicciones, en síntesis, de luchas políticas.
No entendemos a la cultura como una moda que hay que consumir frívolamente, tal como se dice en los nuevos libros de texto: “Una cultura permite que las personas se quieran más a sí mismas y estén más contentas de vivir”, sino como un espacio o campo problemático en donde los mexicanos, protestantes, cristianos, socialistas, progresistas o sin adjetivo, podamos construir una relación dialógica, es decir, una nueva subjetividad social e histórica, que abra nuevos horizontes en el país.
El observar e interrogar de cerca el campo de la relación pedagógica, nos permite descubrir la imposición, legÍtima o no, de la voluntad de saber y de poder de uno sobre otro, a través del señalamiento de proyectos (muchas veces ajenos a los intereses de los participantes) que convierten el acto de aprender en un encuentro congelado, y con el predominio hegemónico del modelo dominante. Como indica Roger Bartra: “Es el autoritarismo de la tecnocracia de quienes creen tener el monopolio del saber, pero lo acorazan con el monopolio de la política”.
Para nadie es un secreto que la relación pedagógica implica saberes, intereses, lenguajes, etcétera. Este hecho reclama, entonces, una conciencia crítica para que los individuos se den cuenta de las condiciones bajo las cuales actúan y, sugerir, el tipo de acciones necesarias para eliminar las fuentes de la frustración y la dominación. Y enfrentar a las fuerzas conservadoras de la oligarquía, de las cúpulas priistas, panistas y chuchistas perredistas, los cuales continúan privatizando lo público (reformas estructurales).
La relación pedagógica no es un acto de neutralidad, sino un proceso en donde se introducen contenidos valóricos conservadores, los cuales frenan la libertad y el acto de pensar de los individuos en formación, incluidas también las agencias de manipulación, como la televisión comercial. En este aspecto, Jürgen Habermas propone categorías interpretativas y causales, necesarias para demostrar por qué padecen los individuos de autoentendimiento distorsionado y cómo seria posible corregirlos.
En la lucha política, que la cultura propicia como juego de proyectos, que los sujetos históricos asumen en su vida cotidiana, se puede construir una nueva acción comunicativa y acción constitutiva, al interior del acto de aprender, como un intento de crítica del mundo antiguo de representaciones, y replantear las condiciones posibles del futuro. Es, pues, la actitud crítica necesaria para activar nuevamente el conflicto social, que el poder absoluto de la derecha prianista neoporfiriana, los empresarios y los poderes fácticos, intentan paralizar o reprimir.
Descubrir al interior del acto de aprender los deseos no queridos, las necesidades ficticias, los conocimientos instrumentales, que sólo responden al llamado del orden establecido. De ahí la necesidad urgente para desmitificar esas creencias, a fin de que los sujetos sociales reconozcan sus intereses comunes.
Ante el predominio y difusión de los intereses técnicos, pragmáticos, subyacentes en todo saber instrumental, es pertinente proponer intereses emancipatorios, que están debajo de todo saber crítico, a fin de construir una acción comunicativa y constituyente, que reconduzca el acto de aprender hacia su plena autonomía, para acceder a la creación de un proyecto cultural colectivo y de nación, que no elimine la diferencia.
El tipo de relación pedagógica que se ha venido imponiendo, desde el poder de dominación capitalista, a los centros de educación, está en crisis total, dado que el lugar donde se produce esa relación, se funda en la desigualdad, el autoritarismo, el egoísmo, el servilismo, la explotación, el éxito, el poder, la riqueza. Dichos conductores o significantes amo (Freud, Lacan), distorsionan la conciencia de los sujetos en formación. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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