Columba Arias Solís
Partidos en conflicto
Jueves 24 de Abril de 2014
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En la antesala del próximo proceso electoral, ninguno de los tres grandes partidos políticos mexicanos atraviesan por su mejor época, por el contrario, los conflictos internos parecen ser la constante en todas las fuerzas políticas. A punto de cumplir 25 años de su nacimiento a la vida política, el Partido de la Revolución Democrática se encuentra fraccionado en múltiples corrientes que en los niveles locales reproducen lo que acontece en el ámbito nacional.
El ejercicio del poder político y de los recursos derivados de éste parece haber desgastado al PRD -como también le ha sucedido al PAN- al llevarlo por los vericuetos de luchas intestinas entre sus diversas facciones en aras de asumir los cargos partidistas y de elección popular y seguir detentando los espacios de poder.
A nivel nacional, el ingreso de las dirigencias emanadas de la corriente nueva izquierda en las órbitas presidenciales, primero en la administración calderonista y luego con el actual gobierno, a espaldas de su militancia, o por lo menos sin la menor información de reuniones y acuerdos, ha provocado severos cuestionamientos y el alejamiento de cuadros y militancia de base, muchos de los cuales determinaron emigrar a las filas de Morena y otros más sin el menor interés de participar al lado de las estructuras partidistas que dejaron en promesa el compromiso de la justicia y patria para todos.
El PRD desde su origen ha tenido una precaria vida institucional, con procesos internos de elección que se dirimen más que en las instancias partidistas, ante los medios de difusión. En la última década, la vida interna del perredismo se sostiene en la creación de facciones como forma de acceder a candidaturas y cargos partidistas.
Los liderazgos de los diversos grupos y corrientes llegaron a sustituir a las estructuras formales de ese partido, así como a determinar las cuestiones centrales de esa organización, que van desde los procedimientos a través de los cuales se elegirán dirigentes y candidatos a los diversos cargos de elección, hasta la interlocución opositora con autoridades, también al margen de las estructuras oficiales.
No es que en sí misma la existencia de corrientes de opinión al interior del perredismo sea una cuestión adversa, los propios estatutos del sol azteca propician esta existencia, el punto cuestionable es que el surgimiento de grupos no tiene que ver con los diferentes puntos de vista que cada expresión tenga sobre los principales problemas del país, sobre principios y programas, o sobre la ideología del partido; la constitución de grupos tiene que ver con la detentación de los espacios de poder. La precariedad de su vida institucional ocasiona que cuando no se logra obtener determinada posición, el camino para resolverlo es a través de la creación de un nuevo grupo que demanda su inclusión en la mesa de las negociaciones.
El perredismo en Michoacán parece tener siempre el enemigo en casa. Las luchas más encarnizadas suelen ser en los procesos internos de selección, y la falta de compromiso y de institucionalización de algunos dirigentes, los han llevado en varios procesos a los pactos con el adversario político, y las inconformidades actuales de ciertos liderazgos con la integración de la nueva dirigencia estatal, no auguran nada bueno para ese partido.
Además del lastre del desempeño de las administraciones perredistas, el prospecto a gobernador habrá de cargar con la preocupación de las posibles componendas con el adversario, de aquellos grupos que no obtengan las posiciones que pretendan.
En el Partido Revolucionario Institucional, apenas en enero de este año su dirigente nacional se jactaba de que “mientras un partido andaba con problemas domésticos, y los otros andan queriendo combatir una norma”, los priistas insistían en la transformación de México, cuando un par de meses después el escándalo nacional por la denuncia contra el impresentable príncipe de la basura y presidente del partido tricolor en el Distrito Federal, estalló poniendo al descubierto la presunta red de prostitución dirigida por tan preclaro líder y en la que al parecer estarían involucrados diversos cuadros tricolores, echando por los suelos las entusiastas palabras de su dirigente nacional.
En nuestra entidad, el PRI pese a ser el partido en el poder, no tiene las ventajas que en otras ocasiones pudieran derivarse de ocupar las principales posiciones políticas y administrativas. Dividido en dos fuerzas que han tenido que cohabitar en los espacios de gobierno, el desgaste sufrido a lo largo de estos dos años, con la enfermedad y licencia del gobernante elegido, los desencuentros con el principal operador del otro grupo político, y la detención y arraigo de éste por sus presuntos vínculos, además de los señalamientos que pesan sobre diversas autoridades emanadas del tricolor como sospechosos de colaborar con la delincuencia organizada, no le otorgan al priismo ninguna garantía de volver a ganar la elección del gobierno michoacano.
Los tres grandes partidos políticos en el país y en el estado de Michoacán, atraviesan por diversos conflictos que les habrán de redundar en los procesos electorales que ya están a la vuelta. Pronto la moneda estará en el aire.

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