Francisco Lemus
Visor
Indiferencia hacia los partidos
Miércoles 30 de Abril de 2014
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Cuatro de cada diez mexicanos dicen no tener intención de votar por ningún partido, señal del desencanto de la gente hacia estas organizaciones, que por otra parte marca un efectivo triunfo del neoliberalismo, al haber relegado y demeritado a toda forma de organización política, equiparando este oficio con las actividades más indignas posibles.
De acuerdo con la más reciente encuesta de Mitofsky, el 41.5 por ciento de los mexicanos declararon no tener preferencia por ningún partido político, la cifra más alta de los últimos trece años en que se ha hecho esta pregunta a mexicanos mayores de edad.
Esta tendencia es fluctuante, pues en los días posteriores a los procesos electorales de mayor relevancia -o sea, cuando hay elecciones presidenciales-, la gente suele mostrar su preferencia por algún partido. Es así que en diciembre de 2006 y de 2012, el 82 y el 81.1 por ciento, respectivamente, dijeron favorecer a algún organismo político.
Pasado el tiempo llega el desencanto y para diciembre de 2007 sólo el 68.8 por ciento decía estar dispuesto a votar por algún partido en específico, para diciembre de 2013 este porcentaje es de apenas 58.5 por ciento, lo que representa un reto para los partidos políticos y sobre todo una jugosa oportunidad de negocios para quienes les proveen de servicios.
Despolitizar la vida pública y mercantilizar la política, viendo a los electores como consumidores y no como ciudadanos, ha sido un excelente negocio, de lo que no se puede sólo culpar a los mercaderes, ellos simplemente cumplen con su deber, el poco compromiso de la mayoría de las personas con la necesidad de hacer política ha puesto las condiciones para que suceda.
Más allá del desprestigio que los partidos políticos se han construido con tanto esmero, es preocupante que la mayoría de las personas no se identifique con alguno de sus proyectos, precisamente porque deberían representar eso: proyectos de un rumbo que se le quiera dar al país.
Los proyectos no sólo son desconocidos, sino que también son claramente desdibujados, poco cambia la forma en que hacen política cualquiera de los representantes de los partidos, y las corruptelas expuestas de vez en cuando en horarios “triple A” son la mejor muestra de ello, pero esto también sucede porque no tienen que responder a ningún proyecto, porque la población no los conoce, mucho menos los hace suyos.
Entonces la política se vuelve un asunto de personalidades, no votar por partidos sino por el tipo que es un buen vecino, parece buen padre de familia, tiene bonita sonrisa, sus ojos son azules, se parece al actor de moda, está guapo o guapa, así sucesivamente hasta degenerar en un asunto de imagen en un país donde la gente de los comerciales es rubia y poco tiene que ver con el promedio.
Gracias a ello temas tan graves como el despojo de los recursos energéticos de la nación que harán no los políticos, sino los grandes empresarios, se vuelve relevante sólo cuando un miembro del jet set (otra personalidad, por si hacía falta) tiene la magnánima idea de salir en defensa de los pobres mexicanos que no podemos ni meter las manos.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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