Rafael Mendoza Castillo
El poder y el secreto
Lunes 5 de Mayo de 2014
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El poder forma parte de una serie de categorías, como la riqueza, la conciencia y el valor, la explotación, que nos permiten comprender e interpretar el mundo de nuestro tiempo (capitalismo corporativo). Pero no sólo comprender, sino también impulsar su transformación. De ese modo, el poder como pleito de voluntades se presenta, desde el gobierno, desde el Estado, desde los poderes fácticos legales e ilegales, como una voluntad o capacidad, que se mueve en el secreto, en la oscuridad.
Si el poder toma sus decisiones en la noche, donde todos los gatos son pardos, como decía el bueno de Hegel, entonces, aquellas siempre favorecen a las clases privilegiadas. Esas acciones políticas son del orden de lo privado y afectan todo aquello que es público. Todo ello destruye el contenido público de la política, al dejarla solamente como una fuerza bruta, al servicio de los poderosos y sometiendo a su destino manifiesto, a las clases subalternas en el país.
Un gobierno que actúa en la oscuridad es un gobierno autoritario, sin límites en su ejercicio. Y este comportamiento afecta a la misma democracia liberal, que ellos mismos dicen defender. Por ejemplo, los fraudes electorales se maquinan en el secreto y la oligarquía, por diferentes medios, compra las elecciones, coloca presidentes y otros funcionarios. Mucha gente supone que la democracia liberal es un freno público, ante estas corrupciones e impunidades de la política. Pero los hechos demuestran lo contrario (Monex y Soriana). ¿Quién cree y confía en esos procesos electorales y sus instituciones? Nadie.
Un poder público, que lo fuera en la realidad, no en el ideal, el sueño o la forma, tendría que limitarse a la voluntad soberana y pública de los ciudadanos, no como individuos solitarios, atomizados en sus deseos, en el consumo, en el clientelismo, sino como una comunidad solidaria, que busca el bien de todos, lo público.
Recordemos que la estrategia que se implementó en Michoacán para combatir la delincuencia organizada, dentro y fuera del gobierno, desde Felipe Calderón hasta Fausto Vallejo, se hizo en secreto. En estas decisiones los michoacanos aparecen como espectadores, frente a esas formas de gobernar en lo oscurito. Los asuntos no se discuten en lo público. Por eso Fausto Vallejo afirma que “habrá muchas sorpresas desagradables”. Lo anterior significa el uso faccioso de la ley y de las instituciones.
Pero el mayor secreto está en el momento en que el gobernante michoacano afirma que consultará a los expertos: “Yo tengo que preguntarle a los que saben y vamos a ver qué protocolos”. Los expertos sustituyen a los políticos, la política deja su lugar a la cientificidad, a la soñada neutralidad de lo social. Lo anterior se inscribe en lo que algunos llaman “dictadura del experto”. Este fue el momento en que los tecnócratas secuestraron al Estado y la política (a partir de 1982). Desde ese momento la economía y otras ciencias, se alejaron de los valores, de la ética, para quedar, según ellos, en la más pura neutralidad ideológica. Esto es un golpe a la subjetividad y a la sensualidad.
Desafortunadamente en México las decisiones sobre asuntos públicos, sociales, políticos, económicos, culturales, educativos, se toman en el espacio del secreto (reformas estructurales), al margen de la opinión pública. Recordemos al innombrable Carlos Salinas de Gortari cuando afirmó: “Ni los veo ni los oigo”. En campaña prometen una cosa, no privatizar. Ya instalados, por medio del fraude electoral, en el poder, hacen lo contrario, privatizan (educación, petróleo, electricidad, agua, tierra, etcétera).
En los espacios de invisibilidad del poder, los grupos, las clases privilegiadas, los poderes fácticos legales e ilegales, asumen funciones que le competen al Estado y, además, toman decisiones que afectan el patrimonio de los mexicanos. En esto se colocan las reformas estructurales para responder a las políticas del neoliberalismo. No les importa reducir el gasto público, menos simplificar al Estado o secuestrarlo, desregular a favor del libre mercado, monopolio y privatizar lo público.
El secretismo del poder permite ocultar las enfermedades de los gobernantes, no sólo las decisiones que afectan a los ciudadanos. Los michoacanos todavía no sabemos de la enfermedad que padeció Fausto Vallejo. En este caso el ejercicio del poder es invisible, no sujeto a escrutinio público. De ahí que no sea creíble la democracia liberal, que ellos pregonan.
Recordemos algunos botones de muestra del poder invisible. Nadie supo de la cantidad exacta de la deuda pública, que las administraciones anteriores dejaron a los michoacanos. La corrupción y la impunidad son resultado de unas relaciones de poder que sirven a la acumulación de capital en pocos. No les importa dejar en la miseria a 53 millones de mexicanos. En este caso la democracia liberal, que coloca al individuo como centro de su interés, destruye todo sentido de comunidad, de lo colectivo.
Ante el ejercicio del poder invisible, los ciudadanos se convierten en meros espectadores. En esa invisibilidad, secretismo, los grupos mafiosos, sectas, grupos delincuenciales, ocupan espacios de poder invisibles, con la finalidad de acrecentar sus privilegios y riqueza. Los videos no dejan mentir. La mediocracia sustituye a las instancias de procuración de justicia. El secreto sigue, porque el gobernador Fausto Vallejo tiene más videos. Los usará según convenga al secreto del poder. Lo que no está en el medio no existe. Política de ficción. El poder crea sus propias realidades.
Al poder de explotación, no le importan los seres humanos. Le importan las carreteras, los hospitales, no prevenir, acrecentar la riqueza en pocos, vender el patrimonio del pueblo. El pez por su boca muere, Fausto Vallejo dice: “No podemos quitarle recursos a carreteras, a hospitales con tal de pagar a una agrupación”. Es la voz de un autoritario, no la voz de un estadista. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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