Francisco Lemus
Visor
Ruralidad y marginación en Michoacán
Miércoles 7 de Mayo de 2014
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Ciudad de México.- Uno de cada tres michoacanos vive en un grado alto o muy alto de marginación, estos se encuentran sobre todo en localidades rurales, siendo una clara muestra de las consecuencias de la apertura comercial en el campo mexicano y una explicación factible a los problemas de delincuencia organizada que enfrenta la entidad y el país.
De acuerdo con datos del Censo General de Población de 2010, en Michoacán hay un millón 336 mil 587 personas viviendo en condiciones de alta marginalidad y 62 mil 546 en muy alta, aunque representan una tercera parte de la población total del estado, las localidades en estas condiciones superan al 80 por ciento.
Esto se debe en gran medida a que en las pequeñas localidades del campo michoacano es donde se concentran los índices de marginación. Si en la entidad hay seis mil 124 localidades, más de la tercera parte (dos mil 500) tienen menos de 50 habitantes, en las que viven casi 60 mil michoacanos, de los cuales casi la mitad (24 mil 470) viven en condiciones de muy alta marginalidad.
Desde luego es muy complicado que se puedan llevar los servicios de la ciudad a una localidad donde apenas viven diez familias. Más allá de lo que puedan defender algunos ideólogos neoliberales, estas personas tampoco cuentan con muchas oportunidades en el medio urbano, empezando por la posibilidad de acceder a un empleo formal.
Las comunidades rurales no son necesariamente campesinas y si aún tienen acceso a la tierra, este no es su principal medio de sustento. Hoy en día se requiere ser un gran agricultor, por ejemplo exportador de melones a Japón, para poder subsistir del producto de la tierra.
Los campesinos mexicanos en su vasta mayoría producen sólo para el autoconsumo y deben obtener ingresos monetarios de otras actividades como en la albañilería (en el núcleo urbano más cercano), u ofreciendo otro tipo de servicios, de otro modo sería imposible subsistir.
De acuerdo con Gustavo Gordillo, ex funcionario salinista y especialista en el campo mexicano, las ciudades de campesinos o rurales, son un amortiguador en las épocas de crisis, al representar un lugar al que se puede volver cuando el empleo en las ciudades se agota, teniendo por lo menos un magro sustento garantizado.
En Michoacán más del 30 por ciento de la población vive en localidades de dos mil 499 habitantes o menos, a nivel nacional es poco más del 20 por ciento, una realidad contrastante con la de países desarrollados, donde ya es el dos por ciento el que vive en el medio rural. Algo que difícilmente ocurrirá en México.
Esa población rural vive con carencias y prácticamente sin oportunidades, aunque el programa federal diga lo contrario. Una de las principales causas está en el desmantelamiento del campo mexicano por una apertura comercial sin planeación y con potencias productoras como Estados Unidos.
No se puede considerar que estas personas se conviertan automáticamente en delincuentes, pero la tentación es justificable, si la muerte es la única certeza con la que viven la mayoría de los mexicanos, puede haber miles de Macarios dispuestos a compartir su primer y última dicha con ella.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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