Columba Arias Solís
La violencia infantil
Viernes 30 de Mayo de 2014

Los niños y las niñas han sufrido durante siglos la violencia de los adultos sin ser vistos ni oídos, es importante prevenir esta violencia y proteger a la infancia de manera eficaz, como lo exige su derecho incuestionable.

ONU 2006

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Hace un par de semanas, a mediados del presente mayo, la opinión pública en México se conmocionó ante dos casos de grave violencia padecida por menores de edad, uno de ellos por desgracia tuvo como desenlace la muerte del menor Héctor Alejandro Méndez, de doce años de edad, quien falleció a consecuencia de los golpes que recibió en la cabeza por parte de cuatro de sus compañeros de grupo de una secundaria ubicada en Ciudad Victoria, Tamaulipas.
El desgraciado suceso ocurrió el 14 de mayo en las instalaciones de la escuela secundaria, donde los cuatro compañeros de Héctor Alejandro lo columpiaron y lo aventaron de cabeza en dos ocasiones, los golpes le causaron muerte cerebral y su fallecimiento, sin que ningún maestro o autoridad del centro escolar interviniera para impedir los graves hechos.
Un par de días después, un niño de cinco años de edad era hospitalizado en Tlanepantla, Estado de México, y las fotografías de su maltratado cuerpecito darían la vuelta al mundo, presentando, de acuerdo con el parte de los médicos, contusiones en cara, tórax, abdomen, parte interna de los muslos, así como quemaduras, debiendo ser operado de emergencia por una perforación del intestino a consecuencia de los golpes. La madre de la criatura argumentó que había sido un accidente, luego se conoció que el niño fue brutalmente golpeado y que el agresor, pareja de su madre, se había dado a la fuga. Para mayor indignación, tanto la cómplice madre como el cobarde sujeto golpeador se desempeñan como policías en el Estado de México. ¡Habrase visto! Si estos cobardes sujetos se ensañan contra una criatura de su entorno familiar, ¿cómo tratarán a las personas ajenas que tengan la desgracia de caer en sus manos?
La muerte del jovencito Héctor Alejandro Méndez, como el brutal maltrato al niño Owen, han hecho voltear los ojos de muchos hacia los casos de violencia infantil en nuestro país, donde por desgracia son frecuentes los abusos y el maltrato infantil.
Ya desde el año de 2006, el Fondo de Naciones Unidas para la Protección de la Infancia (UNICEF) informaba que la violencia en México constituía un factor determinante de muertes infantiles, señalando que miles de niños, niñas y adolescentes crecen en contextos de violencia cotidiana. Asimismo, esta violencia: física, sexual, psicológica, discriminación y abandono permanece oculta y a veces hasta con la aprobación social.
El organismo, en su Informe Nacional sobre Violencia y Salud, expresa su preocupación ante el ambiente de violencia en nuestro país que impacta fuertemente en la niñez, reflejándose en tasas muy elevadas de homicidios en este vulnerable sector.
Las cifras de la violencia infantil en nuestro país son realmente estremecedoras, lo mismo si acudimos a las fuentes de organizaciones internaciones como la UNICEF o la OCDE, que si se consultan las organizaciones no gubernamentales en México como la CNDH, que con ligeras variantes presentan un panorama desalentador y preocupante.
En ese contexto, del estudio de UNICEF se desprende que entre 55 y 62 por ciento de los niños en México han sufrido maltrato en algún momento de su vida; siete de cada diez jóvenes viven o han vivido violencia en su noviazgo; 10.1 por ciento de los estudiantes de educación secundaria han padecido algún tipo de agresión física en la escuela; 5.5 por ciento violencia sexual y 16.6 por ciento, violencia emocional.
Por su parte el Instituto Nacional de las Mujeres, señala que el maltrato contra los menores es determinado por factores familiares y por género. Es decir que en el caso de los niños el maltrato físico es más alto cuando viven con otros familiares y/o donde no hay presencia de padre ni de madre (22.3 y 30.9 por ciento); el emocional es más común en hogares donde hay madre y padrastro (61.6 por ciento); el maltrato que se da por negligencia y abandono es más frecuente donde viven el padre y la madrastra (22.4 por ciento).
Con relación al abuso contra niñas, las cifras revelan que el maltrato físico severo presenta prevalencia más alta entre las que viven con otros familiares (25 por ciento), mientras que el emocional por negligencia y el abuso sexual son más frecuentes en hogares donde viven la madre y el padrastro (66.3 por ciento y 15.3 por ciento, respectivamente).
Desgraciadamente las cifras sobre la violencia no reflejan la totalidad de tan deleznables hechos, puesto que detrás de los casos más extremos que se conocen hay muchos más que, como señala el informe de la ONU, “aunque resultan menos visibles y menos dramáticos, implican dosis cotidianas de dolor que causan severos daños y disminuyen de manera drástica las posibilidades de una vida sana”.
La violencia infantil es un enorme problema social en México, grave y terrible porque inauditamente es en el seno familiar e incluso son los propios padres en muchos casos, quienes vulneran la integridad física y emocional de los menores como lo ha evidenciado la CNDH. Urge entonces la implementación de diversas políticas públicas, que prevengan contra la gestación de la violencia en el propio entorno familiar, así como en los centros escolares; urge que la sociedad se active en la participación, observancia y cumplimiento de los tratados internacionales firmados por México y las leyes nacionales y locales que obligan a la protección de los derechos de la infancia. Pero sobre todo, urge adquirir una conciencia de respeto a los derechos humanos de la infancia.

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