Xuchitl Vázquez Pallares
Derechos no respetados…
Jueves 1 de Septiembre de 2016

Importante es no permitir el olvido y hacer honor a quien honor merece.

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El pasado sábado 27 de agosto, la Radio XETUMI, la voz de la Sierra Oriente, organizó un acto en conmemoración del Día de los Pueblos Indígenas, en el cual se rindió homenaje al antropólogo Eugenio Bermejillo Schnaider.

Derechos no respetados…
Derechos no respetados…
(Foto: TAVO)

Nos reunimos en la comunidad indígena Francisco Serrato, muy cerca de Curungueo. Sobre el paisaje de bosques talados, antes oscuros y frescos, con miles de arboles frondosos, se sobrepusieron imágenes que vi hace muchos años pero muy presentes en mi mente y corazón.

Recordé lucha de Natalio Vázquez Pallares por la recuperación de los bosques para que fueran cuidados y preservados, para que fuesen restituidos a las comunidades de toda esa región, para que cesara la tala irracional, para parar el cacicazgo, la desigualdad y la injusticia.

Recordé también a Rafael Galván, quien tenía una pequeña casita al borde de la carretera, donde muchas partes de la historia aún no escrita de nuestro estado sucedieron. Ahí se reunían él, Natalio, Cuauhtémoc Cárdenas. Ahí se sembraron ideas y anhelos que más tarde habrían de hacerse realidad y también muchos que están aún por hacerse.

¡Vaya que hay mucho por hacer!, sobre todo hacer valer los derechos de los pueblos originarios, valorarlos, respetarlos.
Si se hicieran valer los derechos de todos los mexicanos, si no hubiera aún ese sentido de separación, de racismo, no tendría por qué hacerse la “aclaración y/o separación” refiriéndose a derechos de los pueblos originarios.

Finalmente todos venimos del mimo origen, les guste o no. En todos nosotros hay sangre indígena, y si no es así seguramente han explotado y vivido de maravilla gracias a estas tierras y al trabajo de la gente que desprecian. Si se hubiese dado cumplimiento, a nuestra Carta Magna, la cual fue elaborada para todos los mexicanos, no estarán las cosas como están.

Los asistentes se habían desplazado desde diferentes puntos del estado para plantear sus problemas, sobre todo respecto al despojo de tierras, ya sea por el crimen organizado de cuello blanco en todas sus acepciones, o el otro, para la extracción de minerales.

Y así, desde siglos atrás, esta tierra ha sido explotada por quienes no son dueños de ella, las riquezas de la nación han quedado en unas cuantas manos, y la miseria, la injusticia, la desigualdad, la deforestación, el agua y la tierra contaminada son el legado del sistema social y económico imperante.

Conocí a Eugenio en 1974, los dos nos habíamos inscrito en la Escuela Nacional de Antropología, queríamos aprender de nuestro pasado, entenderlo y con esas herramientas contribuir a que México fuese un país más justo donde imperara la igualdad, donde la voz de todos fuera escuchada y respetada.

Formamos un equipo para realizar trabajos, lecturas e investigación; Eugenio, Coca, Jaime, Raúl y yo entablamos lazos ideológicos, entrelazamos sueños y formamos lazos de compromiso por luchar y trabajar cada día, convertir lo que hiciéramos en trinchera para lograr que el México que anhelábamos fuera realidad.

Formamos asimismo lazos de amistad, de esas en las que se está con el otro en las malas y las buenas y más allá del tiempo y la distancia.

Éramos parte de la primera generación masiva de Antropología, anteriormente eran muy pocos los que estudiaban esta carrera, y hasta ese momento la antropología había sido en la práctica “el estudio de los otros”, “el estudio del pasado”. Para nuestra generación la antropología no debía ser eso, sino debería ser “la comprensión de los otros, de nuestra realidad social y transformarla”. Mediante el conocimiento de nuestro pasado, valorarlo, amarlo y lograr un mejor futuro.

Ese era el objetivo: estudiar, aprender, transformar.

Eugenio observó, respetó, escuchó y, poniendo en práctica lo aprendido, se convirtió en uno con todo y con todos, y se convirtió en voz de muchos y dio voz a los que suelen nunca ser escuchados.

Eugenio hizo camino donde había piedras por no decir murallas, para escuchar lo que sucede en las comunidades indígenas.
Su programa Chiapas Expediente Nacional es ejemplo de la labor por hacer en tanto a comunicación e información se refiere.

El acto empezó con un ritual otomí, dando gracias a esta tierra por los alimentos y por el agua, gracias a los cuales vivimos.

“Aquí estamos, estamos aún vivos, aún cantamos, aún danzamos, aún sembramos, no nos han vencido”. Esas fueron las palabras llenas de sabiduría, amor y significado que se dieron al inicio de la formación del círculo, forma geométrica sagrada que nos remite al conocimiento de los pueblos originarios de infinidad de culturas.

El círculo representa la vida, el inicio y el fin, representa el Sol; representado en las tortillas elaboradas mediante el rítmico movimiento de las manos de las mujeres. Ellas, dadoras y reproductoras no sólo de la vida, sino del conocimiento que se lleva dentro, que legaron padres y abuelos, y que así se fue conformando lo que hoy somos: nuestra cultura, nuestra identidad.

Eugenio Bermejillo sabía de la enorme importancia de la palabra, el escuchar al otro y el hacerse escuchar.

La radio es en las comunidades un medio de comunicación de suma importancia, es su manera de saber qué pasa en el otro mundo, y en el suyo, es la manera de decirle a la novia que se le quiere, es la manera de decirle al hijo que se está orgulloso de él porque terminó sus estudios, es el medio para anunciar la llegada y la partida.

Las radios comunitarias son medio para que el círculo sagrado que nos une a todos permanezca.

Por eso se le rindió homenaje a Eugenio Bermejillo, quien se distinguía por el amor a nuestras raíces. Por su alegría, por su compromiso por luchar por un mundo y un país donde impere la justicia.

Recordé un escrito anónimo: “Mi voz la que está gritando… / Mi sueño el que queda entero, / y sepan que solo muero si ustedes van aflojando / porque él que murió luchando vive en cada compañero”.

Lo mismo sucede con lo que a ideales y anhelos se refiere. Los ideales de justicia están vivos, los derechos de los pueblos originarios y de la humanidad toda no han sido respetados.

La tarea es ardua pero no aflojando hemos de lograrlo.

vazquezpallares@gmail.com.

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