Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Violencia estructural, soluciones estructurales
Viernes 2 de Septiembre de 2016

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Todos los días, la información sobre los acontecimientos de violencia en Michoacán es abundante. La violencia se ha vuelto cotidiana y lejos de cancelarla, pareciera que se trata de una violencia que forma parte de la estructura y el funcionamiento de la sociedad michoacana, como si las diferencias sociales, económicas y políticas tuvieran forzosamente que manifestarse como contradicciones irreconciliables que sólo la aplicación de la mayor fuerza puede resolver.

Esta violencia estructural tiene diversas formas de expresión, incluyendo por supuesto los enfrentamientos entre organizaciones de la delincuencia, entre estás y las fuerzas del Estado, las ejecuciones brutales, los secuestros, extorsiones, robos y asaltos, los homicidios, la violencia contra las mujeres, los niños y los ancianos y, formando parte del cuadro, las movilizaciones sindicales con ánimos violentos, igual que los maestros y los estudiantes, acompañados de las amenazas gubernamentales, que en conjunto generan un ambiente de violencia generalizada, por más que se insista en los deseos para restablecer el “tejido social”, la seguridad y la plena vigencia del “Estado de Derecho”.

Los riesgos y los miedos son componentes fundamentales de la mentalidad de los michoacanos. Sus imaginarios están referidos a los peligros constantes en lugar de los escenarios satisfactorios y alegres. La violencia y la delincuencia se han convertido en opciones reales para la vida. Los jóvenes delincuentes, que son los más, expresan abiertamente sus preferencias por una vida de satisfacciones al margen de la ley, aunque dure poco, que una vida larga de sufrimiento y carencias.
Consecuentemente, la violencia tiende a convertirse en una forma de adaptación a circunstancias de desigualdad y en un modo de entenderla como “natural”, “normal”, “parte de la vida”, sin cuestionamiento alguno, y aún hasta como moda y modernos mecanismos para acumular riqueza, prestigio y poder.

Michoacán sigue siendo, y lo será por mucho tiempo, una entidad federativa pobre, desalentada y sin horizontes de mejoramiento. El desempleo crece y la solución migratoria tiene dificultades crecientes. La gente debe vencer distintos obstáculos para cruzar la frontera sin documentos con la opción de permanecer en sus lugares de origen como desocupados. El número de michoacanos volverá a crecer, pero el número de viejos será cada vez mayor. Las inversiones tan deseadas no llegan a pesar de que la tarea principal del desarrollo y el bienestar ha sido entregada a quienes tienen la posibilidad de hacer negocios, sean nacionales o extranjeros. La brecha de las desigualdades es cada vez mayor y las incomprensiones entre los sectores sociales están incubando resentimientos y odios con efectos de violencia y desintegración social, como ocurre con los maestros de la CNTE, los normalistas y ahora los estudiantes de la CUL. ¡No se deberían sembrar odios!

Partidos, políticos y gobernantes pierden credibilidad y capacidad para convocar a la paz social y al respeto entre unos y otros por diversos que sean. No hay capacidad para analizar las culpas y diseñar las correcciones ineludibles.
Partidos, políticos y gobernantes pierden credibilidad y capacidad para convocar a la paz social y al respeto entre unos y otros por diversos que sean. No hay capacidad para analizar las culpas y diseñar las correcciones ineludibles.
(Foto: ACG)


Lo que hace el gobierno de un partido político o de otro es simplemente más de lo mismo, con repetición acumulada de las frustraciones mayoritarias, mientras permanece inalterable la estructura de un modelo en crisis por donde quiera que se le observe. Por su parte, partidos, políticos y gobernantes pierden credibilidad y capacidad para convocar a la paz social y al respeto entre unos y otros por diversos que sean. No hay capacidad para analizar las culpas y diseñar las correcciones ineludibles.

La confianza depositada en las policías y las fuerzas armadas no ha sido suficiente. Cuando todo parecía avanzar en las soluciones definitivas, resurge de entre los escombros la violencia, la inseguridad y la muerte. Es el caso ostensible de Michoacán, colocado otra vez en los procesos de inseguridad crecientes de los que dan testimonio las escoltas permanentes y los operativos de seguridad para los altos funcionarios gubernamentales.

Hace falta comprender que la violencia estructural demanda soluciones estructurales y la voluntad de todos para sustituirla por formas distintas de convivencia. En cada lugar es posible iniciar procesos nuevos orientados a resolver el problema esencial de la desigualdad, la pobreza y la ausencia de posibilidades perceptibles de cambio. La doctrina que confiere al gobierno la obligación de brindar seguridad a los ciudadanos, haciendo de la gente sólo objeto de protección y no de acción, ha resultado en los hechos, insuficiente e inviable.

La paz y la inseguridad es un asunto que desborda al Estado por más fuerza que aplique, para convertirse en un asunto de toda la sociedad y es aquí donde surgen las dificultades principales, porque la credibilidad del gobierno es insuficiente y porque la población no se siente parte de las soluciones. Y sin embargo habrá que insistir en este enfoque estratégico, puesto que tratándose de la violencia y la inseguridad, la solución somos todos, convencidos y organizados para lograrlo.

No hay dos mundos, es uno solo en tanto que es una sola sociedad. No está por un lado el gobierno y su mundo, con sus ideas, prácticas y gustos, intereses y finalidades, y por otro, la sociedad, la gente, los ciudadanos, en sus prácticas, costumbres y modos de pensar. La sociedad michoacana es una sola y si no hay capacidad de actuar en consecuencia, fácilmente se puede desintegrar, volverse otra cosa, menos Michoacán.

Conservar los equilibrios y la armonía social son requisitos para el desarrollo y el bienestar de los michoacanos, hecho por todos y para el disfrute de todos. Este es un objetivo que tendría que compartirse en derechos y obligaciones. Nadie debería insistir en la necedad de exhibirse como poseedor de la verdad absoluta y que sólo esta verdad debe prevalecer.

La pobreza, marginación, desempleo, atraso, abandono y estancamiento de Michoacán representan el marco ineludible en la solución de los conflictos entre los grupos y entre éstos y el gobierno. La construcción de un Michoacán en paz, próspero y justo es el reto de mayor trascendencia para los michoacanos.
¡A la violencia estructural, las soluciones estructurales, donde todos tienen que estar!

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