Aquiles Gaitán
La tetilla izquierda
Martes 6 de Septiembre de 2016
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Enrique Peña Nieto está en sus horas bajas, podremos preguntarnos ¿ya llegó a su horas bajas o está francamente de bajada?, ¿o siempre ha estado?
Enrique Peña Nieto está en sus horas bajas, podremos preguntarnos ¿ya llegó a su horas bajas o está francamente de bajada?, ¿o siempre ha estado?
(Foto: Cuartoscuro)

No sé si reír o llorar. Si el motivo de las acciones es provocar un conflicto distractor de los fracasos, lo han logrado, pero a la vez han logrado rotundamente una crisis de credibilidad que hace que los discursos se escuchen huecos, artificiales, propios de una farsa que durará los seis años, indiscutiblemente, pues aquí, en este país, no hay referéndum y menos una Cámara de Diputados que vote una elección anticipada, Peña Nieto está en sus horas bajas, podremos preguntarnos ¿ya llegó a su horas bajas o está francamente de bajada?, ¿o siempre ha estado?

Mientras, las risas de las hienas se escuchan en los montes, desparpajadas, desarticuladas y locas.

Pero faltan dos años, dos peñosos años de deterioro; el estilo fluctuante de la administración pública del que hablaba don Jesús Reyes Heroles hace su aparición, uno que no termina de morir y otro que no termina de nacer, el eterno ciclo de la desgracia, sea quien sea, el moribundo, destroza lo logrado y se juzgan severamente los fracasos y lo que queda por hacer.

Los simples mortales contemplamos la locura como una cualidad de las oligarquías, sea cual sea el régimen de gobierno, monarquía, socialismo, democracia, dictadura o dictablanda, en su momento, llega la locura despiadada y cruel, convertida en violencia o disparate.

Pero estamos aquí, de aquí somos y hemos sido, no podemos irnos a vivir a otro país en calidad de refugiados, indocumentados o parias; es aquí donde debemos encontrar solución a los problemas, apoyo a las aspiraciones, materializar los sueños. Tampoco podemos repartir el territorio nacional sin antes destruirnos en una revolución, en una guerra intestina, en una guerra civil, que si bien equilibraría la explosión demográfica, dejaría millones de muertos y mutilados, familias desechas, pobreza y miseria, pero los revolucionarios tendrían su territorio, ya ven, Marcos tiene el suyo y cual vil cártel, ¡no pasa nada!, esa sería una solución radical y atroz. La otra, política, deshacer el pacto federal y que cada estado resuelva su vida como pueda, resulta más sensata, pero así como estamos de divididos y desorganizados, por una parte y controlados y sujetos al yugo de las oligarquías, impuesto por la ley, hoy y aquí resulta imposible sin armas, ni dinero, sin organización y sin ideología. Sólo queda disponer de lo que hay y de lo que hay se gasta, ¡aremos con estos bueyes!; todo lo que se haga o no se haga depende del dinero disponible, de cómo se administra el dinero disponible, en esta colmena social donde la reina es reina, los zánganos son zánganos, los obreros, obreros, y la Policía, Policía, ni más ni menos cambiar los roles sociales implica cambiar la organización social y a las minorías no les conviene, pues de zánganos pasarían a ser obreros; pero hablaba del dinero disponible, del reparto de la riqueza nacional, que no pueda seguir así como ahora estamos, el gobierno federal se lleva la tajada del león, una pequeña parte a los estados y unas migajas a los municipios que en su fragilidad y desventura, tienen permanentemente la mano extendida en espera de que les caiga el maná del cielo. La coordinación fiscal requiere renovarse.

Las parcelas están definidas, las Zonas Económicas Especiales y los polígonos de la pobreza, los contrastes de este mundo risueño y encantador, son los indicadores del momento, ¿y todo lo demás? El desarrollo regional está en manos de los estados y se convierte finalmente en desarrollo municipal, es decir, en buenos deseos.

Tal parece que mientras el mundo cambia nosotros seguimos en lo mismo, con los mismos partidos y los mismos dirigentes; ahora, con los pactos del asco. Se requieren nuevas alternativas, que saquen al país de la barranca, la falta de gobernabilidad frena el desarrollo, la inversión no llega y el empleo no se genera al ritmo que se requiere; escuchar la repetición de los problemas es ocioso, ¡urgen soluciones! Nuevas utopías en la educación y la justicia, el medio ambiente y el desarrollo urbano, que conviertan el estado de bienestar en el estado del bien ser y podamos imaginar un Michoacán gobernado por michoacanos honestos y valientes que no dilapiden, ni se beneficien del dinero de los michoacanos y no les tiemblen las corvas ni la tetilla izquierda para aplicar la ley.

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