Salvador Molina Navarro
Derecho a qué…
Un informe con esquema diferente
Martes 6 de Septiembre de 2016

Ya sé que no aplauden.

Enrique Peña Nieto, 3 de febrero de 2015.

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El presidente de México ha hecho referencia a que este, su Cuarto Informe, fue un informe diferente, un informe con un formato único.
El presidente de México ha hecho referencia a que este, su Cuarto Informe, fue un informe diferente, un informe con un formato único.
(Foto: TAVO)






El primer día de este mes fue rendido el informe presidencial. En su versión escrita se compone de cinco rubros que en su orden se titularon “1. México en paz”, “2. México incluyente”, “3. México con educación de calidad”, “4. México próspero” y “5. México con responsabilidad global”. En total, alrededor de 740 fojas, así se compone el informe sobre el estado general que guarda la administración pública federal en el lapso del 1° de septiembre de 2015 al 31 de agosto de 2016.

El presidente de México ha hecho referencia a que este, su Cuarto Informe, fue un informe diferente, un informe con un formato único. Este nuevo esquema consistió en una reunión con jóvenes de toda la República y tener un diálogo de frente con el titular del Ejecutivo federal.

Así, el presidente de la República ofreció a México un informe con un esquema diferente y resulta intrascendente, como sociedad no nos es relevante el esquema bajo el cual se rinda el informe, ya muchas veces se ha roto la tradición de rendirlo ante la Cámara de Diputados de forma personal, ya hemos vivido y presenciado diversos esquemas de informe diferentes, eso ha resultado irrelevante, lo que esperamos los ciudadanos es tener, en algún momento, un informe con contenidos diferentes, sin importar el esquema bajo el cual se rinda.

Ahora, en cuanto a sus contenidos, tenemos un informe tradicional donde se sobresalta lo bueno que se ha hecho, bajo el lema “lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”, sin duda en este sexenio, como en todos, hay cosas importantes que hacer notar, sin duda se han tomado decisiones importantes en favor de la sociedad, pero ¿cuáles son?, ¿bajo qué esquema se han tomado?, ¿por qué esas acciones se han visto nulificadas en la realidad? El tema es que las acciones salvables no han podido ser aceptadas por la sociedad debido a que no son trascendentes, los ciudadanos estamos enojados, estamos hartos, somos incrédulos, estos sentimientos nos hacen minimizar las acciones que el presidente identifica como de las que casi no se cuentan, más aún no sólo casi no se cuentan, lo lamentable es que no se notan, no llegan a los sectores sociales a los que fueron dirigidos esos esfuerzos. Como ciudadanos ya sabemos cómo se estructuran las buenas ideas del gobierno, ya sea federal, estatal o municipal; surgen, se implementan y se olvidan, hasta por los gobernantes; no se les da seguimiento, no existe un proceso de certificación, análisis y comprobación para tener la certeza que los frutos rendidos lleguen a las manos adecuadas, los ciudadanos sabemos al pasar el tiempo nos daremos cuenta que entre los nombres de los beneficiados se encontrarán personas que no calificaban para acceder a dicho programa gubernamental, ya ha pasado y seguirá pasando, no daremos cuenta de que ese programa, pasado el informe, cambiará de esquema, de logotipo de nombre y nada se dirá de la inversión pública destinada al fracaso y al endeudamiento público, los ciudadanos sabemos que año con año hay información que se repite en uno y otro informe, en fin, los ciudadanos sabemos que el informe se hace pensando en ocultar información, pensando en distractores, se informa lo que se quiere no lo que se está viviendo, se informa lo que beneficia y se ha hecho, pero no se informa cuáles programas gubernamentales se emprendieron en este año y fracasaron, cuánto dinero costaron, quiénes los encabezaron.

La sociedad quiere un informe diferente, no en su esquema publicitario, sino en su contenido formal, que nos digan lo bueno y lo malo, que se tenga el suficiente valor político y moral para dotar de información a la sociedad para que cada uno realice su balance, la costumbre no ha cambiado, el informe es una novela que casi nadie lee, ni los diputados, en este cuarto año se compone de más de 700 páginas de una narrativa fantástica, son mil 500 ejemplares destinados a un archivo, a empolvarse, es publicidad que ofende, es una fuente de temas para seguir con el teatro político, son argumentos a favor y en contra para los siguientes años electorales, el informe sigue siendo un acto netamente político y nada más, ese esquema tradicional no ha cambiado, ningún presidente ha osado modificar este hecho simple y sencillamente porque se pondría solo la soga al cuello.

Así pues, nosotros como sociedad debemos buscar los caminos adecuados para forzar la rendición de un informe diferente, tenemos nuestro Congreso de la Unión, nosotros lo nutrimos, nosotros le ponemos nombre a cada curul, si no cambiamos nuestra realidad como gobernados nunca cambiaremos la realidad de nuestro gobierno, es por estos vericuetos donde debemos transitar, atrevernos a explorar, no basta un reclamo al presidente o descubrirle un falaz informe, el Ejecutivo federal informa pero el Legislativo condena o consiente, la tribuna del pueblo debe ser la voz de la ciudadanía, si nos quejamos de que nuestro Congreso es un pelele del Ejecutivo, si nos quejamos de nuestros diputados, no olvidemos que ellos solamente son y serán los representantes del pueblo; por tanto, son lo que representan, los ciudadanos somos corresponsables de nuestra queja y somos corresponsables de su solución, si no actuamos seguiremos teniendo un gobierno indiferente, lejano, falaz, destinado a la infructuosa crítica social, con presidentes que no esperan ser aplaudidos pues ya saben que no les vamos a aplaudir y ese seguirá siendo su máximo castigo.

FB. Salvador Molina
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