Ramón Guzmán Ramos
La necia realidad
Sábado 10 de Septiembre de 2016
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El impacto que tuvo la muerte súbita de Juan Gabriel y la cobertura universal que le dieron los medios en nuestro país no alcanzaron a extender su efecto sublimante sobre lo que ocurre y le ocurre a la esfera del poder. Se nos olvida que en México la memoria activa dura apenas unas horas, o unos días, y que todo se evapora en el aire como si al aire perteneciera desde siempre. Esta certeza se ha convertido incluso en una técnica muy socorrida por quienes desde el poder le apuestan al olvido cuando algo se les sale de control o cuando cometen errores cuyas consecuencias llegan a la escala de desastre. Los golpes y los derrumbes son tan frecuentes que cada uno pasa a ser parte del almacén oscuro de la memoria en cuanto ocurre el nuevo.

Juan Gabriel nos hizo el milagro de unificar lo divergente. El pensamiento único nacional fue una realidad apabullante durante estos días de duelo generalizado, de explosiones sensibleras y rituales masivos. Las canciones de tono fácil y fácil memorización que repetimos con el corazón en la mano mientras nos deslizamos con suavidad por la superficie accidentada de nuestra apabullada realidad. Vivo logró ingresar con su voz inconfundible al Palacio de Bellas Artes y muerto regresó por su homenaje final. Las cenizas convertidas en una reliquia laica bendecida por el padre, el obispo o el cardenal al que se le solicitara. Que nadie se atreviera a cometer herejía. Ninguna voz discordante era aceptada en este concierto nacional de la lágrima y el escurrimiento nasal. Allí estaba la piedra del sacrificio o la pira. El que se atrevió tuvo que salir después a la palestra a pedir disculpas.

La gloria de Juan Gabriel fue suspendida por estas emergencias nacionales que se nos han vuelto tan cotidianas, tan familiares, tan conocidas. Como la renuncia de Luis Videgaray, por ejemplo.
La gloria de Juan Gabriel fue suspendida por estas emergencias nacionales que se nos han vuelto tan cotidianas, tan familiares, tan conocidas. Como la renuncia de Luis Videgaray, por ejemplo.
(Foto: TAVO)


Pero también la gloria de Juan Gabriel fue suspendida por estas emergencias nacionales que se nos han vuelto tan cotidianas, tan familiares, tan conocidas. Como la renuncia de Luis Videgaray, por ejemplo. Bueno, hay que recordar que en este país se le llama así cuando un funcionario es obligado a dejar su puesto porque ha cometido tal barbaridad que simplemente no se le puede pasar. Es uno de estos rituales que en nuestro sistema político se realizan para encubrir lo que todo mundo de cualquier manera está viendo. Luis Videgaray dejó la SHCP y ha sido arrojado al limbo porque su cálculo político le falló y con este error se llevó a su jefe, el presidente de México. Lo primero que uno se pregunta es qué argumentos utilizó Videgaray para convencer a Peña Nieto de que invitara a Donald Trump. ¿De verdad creyó por un momento que el candidato republicano de Estados Unidos estaría dispuesto a abandonar, o al menos suavizar, sus ataques infames contra los mexicanos, moderar su política de discriminación racial y de amenaza contra nosotros?

De aquí se deriva, de manera natural, otra pregunta crucial: ¿por qué se dejó convencer con tal facilidad el presidente de México?, ¿no tiene los elementos necesarios para hacerse de su propia visión de las cosas y saber de antemano si una decisión como la que finalmente tomó lo podía hundir aún más en su propio descrédito? Tratándose de un presidente, las consecuencias de sus decisiones tendrán siempre un efecto directo entre la población que gobierna, ya sea para bien o para mal. En este caso el riesgo de una deportación masiva ha crecido para los mexicanos sin papeles de residencia legal que se encuentran en aquel país. Quién sabe por qué azares del destino Donald Trump se vio beneficiado con su visita y el desaguisado que provocó aquí. De manera que el efecto que finalmente se provocó fue totalmente opuesto al que en la esfera presidencial se esperaba.

¿Tanto confía el presidente en sus colaboradores más cercanos, al grado de que se deja influir por lo que ellos le dicen, le aconsejan, le susurran al oído, le piden que haga? Videgaray fue el artífice de las reformas estructurales de que tanto presume el presidente. ¿Podría uno suponer entonces que de la misma manera que les ocurrió con la elaboración apresurada de esta estrategia para traer a los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos les está ocurriendo con las famosas reformas?, ¿fueron hechas e impuestas apresuradamente por instrucciones de instancias ajenas a nuestra soberanía y están teniendo resultados que podrían augurar una catástrofe nacional, al menos por lo que se refiere a la tan cuidada imagen del presidente y, lo que es más grave, a la gobernabilidad del país? Si con cambiar a los hombres que encabezan las instituciones todo se arreglara, podríamos sentarnos un momento a respirar con alivio. Pero el problema mayor, el que tiene que ver con la estructura y funcionamiento de nuestro sistema político y económico, subyace en esa zona de la realidad en que la abyección y la infamia se traducen en un crecimiento sostenido de pobres y gente que no atina a encontrar la causa primordial de su sufrimiento.

Para lo único que le han salido buenos los secretarios de Estado al presidente es para provocarle conflictos por doquier, para hacer que caiga en las preferencias y simpatías de los que alguna vez votan y el resto del tiempo se la pasan lamentándose de haber confiado en que ahora sí las cosas iban a cambiar para bien. Nos quisieron vender la idea de que con las reformas saldríamos del infierno en que nos dejaron sus antecesores en el poder y que pronto estaríamos instalándonos en los niveles donde se mueven las grandes potencias del mundo. Saldríamos del subdesarrollo en que siempre nos han tenido y pasaríamos de un salto a ser un país donde todos seríamos felices. Casi el paraíso. Pero estos secretarios de Estado no han dado el ancho. ¿O será que sólo han pensado en ellos mismos, en su futuro, en la perspectiva de contar con la posibilidad de llegar a ocupar el lugar que ahora tiene su jefe semiomnímodo?

Resulta que ahora hasta los que han sido sus aliados naturales le han vuelto la espalda y se preparan para movilizarse, para poner su roca en el camino y evitar que ciertas iniciativas puedan pasar y convertirse en leyes. Como fue el caso de los empresarios con la Ley 3 de 3, y ahora la Iglesia católica con la iniciativa del presidente para legalizar los matrimonios igualitarios. Por demás está decir que a ellos no les echan encima a la Policía, a ellos no los apalean, no los persiguen, no los encarcelan, no se hacen omisos ante situaciones extremas como la muerte y desaparición de muchos. Con ellos el oído se hace grande y grande la voluntad para recular.

Alguna vez leí en la cuenta de Face de una maestra de gran prestigio que ella no quería vivir en un país donde los muchachos se esfuman literal o metafóricamente en el aire porque aquí no tienen lugar, presente ni futuro; en un país donde sólo hay lugar para las sombras, donde todo les está permitido a los que se han hecho de algún tipo de poder sobre los demás, donde las venas del territorio permanecen abiertas y todo parece un enorme camposanto, donde parece no haber lugar para los sueños. Pero la realidad es necia, pensé. A veces, ante tanto horror y decepción, nos hace pensar cosas así; pero luego nos sacude y nos obliga a pensar de otra manera, de la manera en que, precisamente, dejemos de ver las sombras y nos atrevamos a salir a la superficie a deslumbrarnos con la visión de la verdad… como en el mito de la caverna, precisamente.

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