Aquiles Gaitán
Los atenazados
Martes 13 de Septiembre de 2016
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“Vibre el clarín de la guerra, resuenen las fanfarrias, redoblen los tambores una marcha triunfal y lleven de la patria a todos los confines tu nombre sacrosanto, ¡Colegio Militar!”. Con esta, la primera estrofa del Himno del Heroico Colegio Militar
“Vibre el clarín de la guerra, resuenen las fanfarrias, redoblen los tambores una marcha triunfal y lleven de la patria a todos los confines tu nombre sacrosanto, ¡Colegio Militar!”. Con esta, la primera estrofa del Himno del Heroico Colegio Militar
(Foto: Especial)

“Vibre el clarín de la guerra, resuenen las fanfarrias, redoblen los tambores una marcha triunfal y lleven de la patria a todos los confines tu nombre sacrosanto, ¡Colegio Militar!”. Con esta, la primera estrofa del Himno del Heroico Colegio Militar, quiero recordar a los hijos del colegio que dieron su vida en la batalla del 13 de septiembre de 1847, cuando defendieron el Castillo de Chapultepec, entonces sede del colegio y el último bastión que sostuvo la resistencia ante la injusta y arbitraria invasión norteamericana a nuestro país, antes que el regimiento de Nueva York plantara su bandera en el asta del Colegio Militar y el general Monterde, director del colegio, se rindiera con doce oficiales y 41 cadetes. ¡Nadie tomó la Bandera y se lanzó desde lo alto del castillo dejando su rúbrica de sangre ahí estampada!, ¡eso es la novela histórica! La Bandera fue tomada por el teniente Brown como botín de guerra y permaneció en la escuela militar de West Point, que es el Colegio Militar de los Estados Unidos, hasta el año de 1967, en que en una ceremonia histórica la Bandera fue devuelta al Heroico Colegio Militar.

El nombre de Antonio López de Santa Anna, entonces secretario de Guerra y Marina, llena de oprobio las páginas de la historia de México y para ella queda como constancia la astucia, la intriga, la ambición y la traición reiterada de este hombre sobre el que recae parte de la desgracia de la patria. La desorganización social, la desobediencia y la desorganización propia de un Ejército sin municiones y sin alimentos, con generales y jefes, antiguos iturbidistas, dieron como resultado la derrota.
Tal parece que nuevamente, como aquel 14 de septiembre, a las 07:00 de la mañana, ondea en el Palacio Nacional la Bandera de los Estados Unidos. México tiene prácticamente su economía en manos de capitalistas de los Estados Unidos, de ellos dependen las grandes inversiones del país, nuestro comercio, la comida chatarra, las costumbres, la música; millones de mexicanos sueñan con ser ciudadanos norteamericanos, sueñan con el sueño americano de ser ricos; la pifia de invitar al Donald es el extremo del vasallaje. Los mismos que propiciaron la venta de California, Nuevo México, Arizona y Texas son los que sufragaron la Guerra de Secesión de Estados Unidos, los dueños del Kansas City que financiaron también la construcción en sus inicios del ferrocarril de Chihuahua al Pacífico y la colonia de Owen en Los Mochis, Sinaloa, con la encomienda de colonizar de la vía del ferrocarril hacia el norte, con miras a la apropiación de los territorios de Chihuahua, Sonora, Sinaloa y las bajas, hoy, los tenemos nuevamente en casa, los concesionarios de la vía de Lázaro Cárdenas, son los de Kansas City, cuya presencia histórica en nuestro país es una vergüenza. Es cierto, los tiempos cambian y con los tiempos, los hombres, pero tal parece que la historia se repite ya no como un drama, sino como una farsa brutal que lejos de recibir la reprobación unánime, recibe el aplauso de los tartufos de siempre.

Y seguirá la farsa con las reformas estructurales a cuestas, el capital internacional se adueñará de Pemex tarde o temprano, empezó con un dedito y la mano agarró, los negocios en grande y un pueblo a merced de la desorganización social, asediado por policías y criminales en su eterno juego del gato y el ratón ¿Quién será el gato?

Pero estoy, a propósito de la gesta heroica de los héroes del Colegio Militar, invocando a los que en aras de la patria la defendieron hasta perder la vida, así, justamente así, como lo juraron ante la Bandera. Son ejemplo de coherencia y patriotismo. La patria y su colegio les rinden homenaje, pero independientemente de ellos, la juventud michoacana también formó en las filas por la defensa de la patria y pelearon y murieron muchos de ellos, incorporados en el Batallón Matamoros formado en su mayor parte por alumnos y ex alumnos nicolaitas. Para ellos igual que para los cadetes del Colegio Militar, nuestro homenaje perenne y que su gesta heroica no caiga en el olvido, como está cayendo la verdad histórica de este país, pues los que deben enseñar la historia no la conocen, y si la conocen, no la enseñan por andar en las luchas sindicales.
¿Cómo motivar a los jóvenes de hoy a pensar en su patria?, ¿qué es la patria para ellos?

Es triste pensar que eso no existe para ellos, todos quieren ser ricos, estar en la cúspide de la sociedad de consumo: casa, coche, viajes, fiesta y ser, además, felices, el esfuerzo por ser cultos, por trabajar con disciplina y dedicación, por tener un pensamiento crítico y constructivo, es mínimo o no existe; en sus manos estará este país dentro de poco y ¿qué van a hacer de él? Ante la influencia brutal de los imperialistas norteamericanos, de los inversionistas norteamericanos, de las costumbres buenas y malas de los norteamericanos, seguramente será una estrella más de su bandera. El mal no es mayor ni menor, es simplemente mal y nos tiene atenazados.

“Vibre el clarín de la guerra, resuenen las fanfarrias, redoblen los tambores una marcha triunfal y lleven de la patria a todos los confines tu nombre sacrosanto, ¡Colegio Militar!”.

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