Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el Debate por Michoacán!
Para entender la sociedad: ¿Sirve la teoría?
Viernes 4 de Marzo de 2016
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La reciente visita del Papa Francisco a México y particularmente a Michoacán, alentó un importante ejercicio de las ideas y de crítica al pragmatismo, como principio y método dominante de conocimiento, que corresponde al sistema social de mercado, en su dinámica de las cosas tangibles y de la vida subjetiva. Inclusive el gobierno de Michoacán, en un hecho de implicaciones contradictorias, público un “Manifiesto al Papa”, en donde si bien algunas de sus tesis resultan discutibles, en especial la relativa a la coincidencia entre la política y la religión, revela al menos algún grado de abstracción, poco común en el lenguaje gubernamental.

Fue curioso observar cómo el jefe de la Iglesia Católica, la misma del dogma y de la fe, haya provocado interés en conceptos que están fuera del vocabulario usual y que implican una profunda crítica al orden social establecido, haciendo referencia a los nuevos esclavistas, a la enajenación expresada en la posesión de cosas, en la defensa de la dignidad humana y en sus llamados para no dejarse pisotear y evitar a toda costa la resignación para mantener viva la esperanza.

De momento, sorprende el dejar de hablar de cosas para utilizar en su lugar el concepto de las cosas, que son dos situaciones completamente diferentes. Es como recomenzar la reinterpretación de la realidad, sin que sea igual al significado de la frase en boga del “nuevo comienzo”. En este contexto, la interrogante es sencilla: ¿Bajo qué criterio se puede entender la estructura y la debilidad principal de la sociedad contemporánea?, hasta llegar al concepto clave de la pluralidad, que no tiene equivalencia con la diversidad.

Fue curioso observar cómo el jefe de la Iglesia Católica, la misma del dogma y de la fe, haya provocado interés en conceptos que están fuera del vocabulario usual
Fue curioso observar cómo el jefe de la Iglesia Católica, la misma del dogma y de la fe, haya provocado interés en conceptos que están fuera del vocabulario usual
(Foto: Cambio de Michoacán)

La pluralidad dispersa, desintegra y atomiza a la sociedad, puesto que a cada pequeña parte le otorga autonomía, la desvincula y la contrapone al conjunto, en sentido opuesto a lo que ocurre con otros modelos de análisis e interpretación, que agrupan a partir de regularidades cualitativas que se comparten y que permiten la organización. La pluralidad es el agua derramada que no se vuelve a recoger.

La discusión del tema condujo al concepto de clases sociales y pluralidad, en su contraposición e implicaciones, para entender el pasado, el presente y las tendencias del porvenir. Debe admitirse que la clasificación de la sociedad en grandes fuerzas contrapuestas, esclavos y esclavistas, terratenientes feudales y siervos, burgueses y proletarios, a la que correspondían caracterizaciones ideológicas de izquierdas y derechas, marxistas y antimarxistas, comunistas y anticomunistas, revolucionarios y contrarrevolucionarios, simplemente fue abandonada, sin análisis y sin confrontación teórica, en beneficio de la dispersión conceptual denominada pluralidad. De momento, la sociedad dejó de estar formada por explotadores y explotados, para integrarse por grupos y por individuos con las características más diversas, sin objetividad y al gusto de la imaginación de cada quien desde la ocupación hasta las preferencias sexuales.

En su momento, las clases sociales podían distinguirse por la posición que ocupaban en el proceso de trabajo, derivada de la relación de propiedad con los medios de producción de riqueza, de modo que de una parte estaban los dueños de todo lo que se necesitaba para trabajar y vivir y, de otra, por los que carecían de todo, excepto de su propio cuerpo y de las energías que pudiera contener y utilizar.

En el capitalismo, los dueños eran los burgueses, los explotadores, los que tenían la capacidad de hacer que los demás trabajaran para su beneficio y, los no dueños, los desposeídos, los que inevitablemente tenían que venderse por un salario, eran los proletarios. Durante una jornada de ocho, diez, doce o 16 horas, podía reproducirse la relación de esclavitud, puesto que en ese tiempo, el trabajador dejaba de pertenecerse a sí mismo, para pertenecer al patrón mediante el pago de un salario.

De acuerdo con las clases sociales, había una ideología política para cada una de ellas, una forma de pensamiento político de los burgueses y otra de los proletarios. La política misma tenía como contenido la lucha de clases y el gran problema consistía en la forma en la que tendrían que resolver sus contradicciones. La lucha de clases llevó al mundo a la división entre socialismo y capitalismo, los dos sistemas con ánimos y determinación para triunfar, con “guerra fría” y armas atómicas listas para su uso. No fue necesaria la guerra, el socialismo perdió y en su lugar surgió la globalización capitalista o la globalización del mercado, con sus reglas, formas, contenidos y estilos de funcionamiento en escala mundial, por regiones, en cada país y al interior de cada país. Nada escapó al mercado, a los procesos de compra-venta y a la conversión de todo lo humano en mercancía.

La estructura social clasista desapareció como método de análisis y comprensión de la realidad social. En cuanto a la ideología le fue extendida acta de defunción, lo mismo que a la historia, junto al olvido de la naturaleza del poder político. Explotación y desigualdad fueron consideradas como palabras sin contenido real. Jamás se cuestiona ¿Por qué hay ricos y pobres?, ¿por qué unos tienen en exceso y otros carecen de lo mínimo?, ¿en dónde reside la justicia terrenal y divina?

En lugar de grandes grupos sociales, se otorgó preeminencia a los individuos y a la diversidad entre ellos, para crear sociedades plurales, con la dispersión que se desee y entre más dispersa mejor. La política se redujo a conseguir votos en cada elección para el relevo de individuos, pero no para el ejercicio del poder real. En general, en la sociedad de mercado prevaleciente, lo que tiene importancia es todo aquello que eleve productividad y rendimientos, que sea buen negocio, que deje las máximas utilidades. Las ideas por su parte carecen de toda importancia y si son críticas con mayor menosprecio.

Y sin embargo, en el mundo globalizado los problemas y los conflictos surgen en todas partes, las desigualdades, la pobreza, la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, grupos e individuos, aumenta en lugar de disminuir, la migración, el desempleo, las deudas, muestran la desigualdad en beneficio de los pocos, que controlan la riqueza productiva, el conocimiento y el poderío militar. La realidad del mundo supera ampliamente la ficción de los siglos XIX y XX.

Pero también, el sistema al aniquilar las ideas, cerró los caminos de las grandes soluciones alternativas. Hay pobreza de pensamiento en el mundo, de imaginación social, de sueños de justicia.

La “Isla de la utopía” de Tomás Moro se hundió y no ha vuelto a localizarse otra. Es urgente construirla con las aportaciones de cada quien en su sitio y en sus circunstancias. Todavía es tiempo. La teoría sirve. Cuanto se haga para pensar debe ser siempre bienvenido. La no resignación tiene como fundamento al pensamiento.

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