Alejandro Vázquez Cárdenas
Diálogo, ¿qué es eso?
Miércoles 28 de Septiembre de 2016
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Integrantes de la Coordinadora de Universitarios en Lucha (CUL) y normalistas en rueda de prensa
Integrantes de la Coordinadora de Universitarios en Lucha (CUL) y normalistas en rueda de prensa
(Foto: Carmen Hernández )

El diccionario de la venerable Real Academia Española de la lengua, en su edición del tricentenario, nos informa que “diálogo es “1. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. 2. Obra literaria, en prosa o en verso, en que se finge una plática o controversia entre dos o más personajes. 3. Discusión o trato en busca de avenencia”. Y finalmente nos avisa que la popular expresión “diálogo de sordos”, por cierto muy acorde a estos tiempos, es simplemente “una conversación en la que los interlocutores no se prestan atención”.

¿Y para qué sirve el diálogo? Pues en palabras sencillas, el diálogo permite escuchar y entender para alcanzar y construir acuerdos, trabajar en equipo, alcanzar objetivos de bien común y para resolver conflictos en forma pacífica antes de decidirse por lo definitivo, que es aplicar la norma, o si es el caso, la Ley (así con mayúsculas).

¿Qué se ocupa para tener un diálogo productivo? Recordemos que el diálogo puede ser lo mismo una conversación educada y amable o una violenta discusión. Suele considerarse al diálogo como una exposición e intercambio de pensamientos donde se aceptan las opiniones y posiciones del interlocutor, y algo absolutamente indispensable, los participantes están dispuestos a modificar sus propios puntos de vista. Si no se cumple este requisito el diálogo es imposible, es más, simplemente no puede existir diálogo. La exigencia por parte de uno de los interlocutores de colocar algo como “inatacable “o “inamovible” nulifica todo intento de diálogo.

Si determinado grupo, montado en la obstinación mas cerril, se niega a poner en la mesa de discusión la parte central de un problema, el diálogo es imposible. En este caso el único recurso que queda es la aplicación de la ley, voluntad suprema de una nación plasmada en una serie de artículos. Así debe ser, nos agrade o no, si es que vivimos en un verdadero Estado de Derecho.

En México actualmente tenemos un rosario de problemas, atribuibles en mucho a nuestra proverbial manera de ser (estamos como estamos porque somos como somos), a la corrupción de las instituciones, pero sobre todo a la incompetencia y miedo de las autoridades.

Tenemos el caso de la CNTE, criminal estructura caracterizada por su conducta delictiva, violenta, agresiva, intolerante y absolutamente refractaria a entablar un verdadero diálogo, ya que ellos entienden el “diálogo” no como un intercambio de ideas, sino como sumisión de la contraparte donde sólo ellos, la CNTE, tienen la razón.

En Michoacán, particularmente en Morelia, existe una esperpéntica estructura, también de carácter criminal, la Coordinadora de Universitarios en Lucha, la calamitosa y agresiva CUL, que año con año se enfrenta, con éxito hay que consignarlo, a las débiles y cobardes autoridades universitarias que año con año patalean, reniegan y terminan doblándose y arrodillándose ante las exigencias de estos delincuentes que buscan, contra toda lógica y razón, espacios en la Universidad para ingresar una horda de incompetentes, ignorantes y fósiles.

¿Qué la calidad universitaria se desploma con el ingreso de patanes iletrados? Eso les vale.

El ejercicio de un puesto directivo, sea presidente de la República, gobernador o rector de una universidad exige tener la voluntad para cumplir y hacer cumplir la ley, pegue donde pegue. La ley no está sujeta a la interpretación de un presidente, ni del gobernador ni mucho menos del rector. Es un engaño a los ciudadanos que los funcionarios encargados de mantener el orden disfracen su miedo usando la palabra “diálogo” cuando notoriamente lo que se necesita no es diálogo, sino la simple aplicación de la ley.

¿Que no les agrada la ley?, no hay problema, luchen para que cambie, pero mientras tanto la tienen que aplicar. ¿Que les da miedo aplicarla por las consecuencias? , tampoco hay problema, renuncien y dejen que alguien con los pantalones bien puestos desempeñe el puesto.

Cuando se tiene miedo, no se hace uno presidente, ni gobernador ni rector.

Add. Urge que se les explique a más de dos que “autonomía universitaria” no significa extraterritorialidad.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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