Ramón Guzmán Ramos
Adolescentes embarazadas
Sábado 1 de Octubre de 2016
A- A A+

La adolescencia es la edad intermedia entre la infancia y la juventud. La idea que alguna vez nos hicimos de esta etapa crucial es que se trata de una zona de turbulencia de la que el adolescente sobrevive desarrollando y poniendo a prueba sus mejores facultades, o que sucumbe ante algún trauma profundo que le durará toda la vida. Algunos autores sostienen que la adolescencia tiene un fuerte componente cultural. En diferentes épocas de la historia y en contextos distintos la adolescencia adquiere a su vez características desiguales. Hay lugares donde el adolescente adquiere a temprana edad independencia económica con respecto a sus padres y se atreve a separarse de ellos para vivir por su cuenta. Y los hay donde la dependencia se prolonga más allá de los límites formales de la edad y aún del matrimonio o la paternidad prematura. En situaciones de violencia y de guerra, los adolescentes dejan de ser niños para convertirse en soldados o en sicarios. Las crisis existenciales que creíamos clásicas de esta edad simplemente se entierran y los muchachos se enfrentan a circunstancias excepcionales que incluso para los adultos pueden ser terribles.

Las crisis existenciales que creíamos clásicas de esta edad simplemente se entierran y los muchachos se enfrentan a circunstancias excepcionales que incluso para los adultos pueden ser terribles.
Las crisis existenciales que creíamos clásicas de esta edad simplemente se entierran y los muchachos se enfrentan a circunstancias excepcionales que incluso para los adultos pueden ser terribles.
(Foto: Cuartoscuro)


La familia y la escuela hacen muy poco para ayudar a los adolescentes a conocerse y reconocerse a sí mismos como seres únicos, irremplazables; a descubrir su propio potencial de desarrollo y realización, a diseñar su proyecto de vida y trazar las perspectivas posibles en este tiempo y en esta sociedad que les tocó vivir. La familia no deja de ser una institución conservadora, que en los últimos tiempos ha venido sufriendo una dramática transformación. Los hijos reciben cada vez menos atención de sus padres y pasan más tiempo en la soledad de su casa y en el peligro de la calle. Muchos tienen que incorporarse a la actividad laboral para ayudar a completar el gasto de la familia. No todos tienen la oportunidad de mantenerse en la escuela y de ver en la educación alguna perspectiva de mejoramiento y movilidad social. Los espacios de convivencia familiar son escasos. Las relaciones que se dan en la escuela entre maestros y alumnos suelen ser distantes. El conocimiento que se transmite en las aulas no les sirve a los muchachos para entender lo que les pasa, para adquirir conciencia de su realidad, de su lugar en el mundo.

Lo mismo pasa con su desarrollo físico, emocional, con esa turbulencia que los muchachos cargan en el alma y en el corazón y que los confunde de una manera atroz. Con todo y que llevamos tres lustros de este nebuloso siglo XXI, la sexualidad no ha dejado de ser un tabú en los espacios donde los muchachos viven y conviven. La comunicación entre padres e hijos es muy débil, excepcionalmente cercana e interactiva. Y en la escuela los maestros se limitan a transmitir conocimientos al respecto con un enfoque orgánico: la sexualidad vista como las funciones específicas que tienen los órganos de reproducción. Se deja de lado lo más importante, lo urgente, lo que se tendría que ver como inaplazable, esto es la sensualidad, o sea, la capacidad que tiene el ser humano para gozar a plenitud de su cuerpo, lo cual tendría que ser visto como algo natural. El problema, desde luego, se encuentra en el tipo de educación que al respecto recibimos todos. Las religiones relacionan la sexualidad con el pecado. En la mayoría de las familias el tema se arroja al rincón del silencio o igualmente queda proscrito. Los muchachos tienen que aprender por su cuenta y riesgo. Por otro lado, los medios de comunicación no dejan de bombardearlos con todo tipo de escenas eróticas, provocadoras.

Esto ha desatado una problemática adicional que involucra a las adolescentes. Los embarazos prematuros y no deseados se incrementan con alarmante frecuencia. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), 16 millones de muchachas de entre quince y 19 años de edad se embarazan cada año en el mundo; a esto habría que agregar que un millón de menores de quince años dan a luz cada año. Los embarazos prematuros generan diversos tipos de problemas. Las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre madres adolescentes. Tres millones de adolescentes se someten a abortos en condiciones que ponen en riesgo su salud y su vida. El 95 por ciento de los nacimientos de este tipo ocurren en países de ingresos bajos y medios, es decir, con altos índices de marginación y pobreza. De acuerdo con la UNICEF, en México hay 12.8 millones de adolescentes, 55 por ciento de los cuales viven en situación de pobreza; de ellos, sólo tres millones asisten a la escuela.

¿Por qué se embarazan las adolescentes a una edad tan temprana cuando convertirse en madres les cierra prácticamente una perspectiva de posibilidades? Los muchachos no tienen acceso a información oportuna, veraz, desprejuiciada, que les permita tomar precauciones y cuidarse para evitar una consecuencia como ésta. Volvemos aquí al asunto del papel que debería jugar el Estado en este tipo de problemática. Los Estados nacionales se desdibujan en el mundo y los individuos quedan abandonados a su suerte. Si las chicas se embarazan y se convierten en madres tan prematuramente es su problema… y de sus familias. Pero el Estado tendría que asumir aquí una presencia fuerte y un papel determinante para crear condiciones que les permitan a las muchachas informarse y tomar decisiones con responsabilidad. Pero vemos que el Estado mexicano se ha dejado doblegar por la emergencia de esta derecha conservadora y reaccionaria, monacal, inquisitorial, que se empeña en mantener a la sociedad en la atmósfera de la Edad Media. Aunque sabemos que se sostiene en una doble moral: por un lado tolera, encubre, justifica y hasta perdona los excesos, los pecados y los delitos que cometen sus ministros contra niños y adolescentes, y por el otro, condena o somete a la hoguera pública a quienes se plantean un tipo de vida basado en la libertad de elección.

La escuela tiene un papel de gran importancia en una problemática como esta, sobre todo en el nivel de secundaria. Habría que defender en los hechos el carácter laico y científico, humanista, ético, de la educación, y proceder a poner en manos de los muchachos las herramientas que el conocimiento ofrece para que conozcan su realidad y puedan en cualquier circunstancia tomar las decisiones más atinadas.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Independentistas

La naturaleza del poder

Marichuy

La revolución en su laberinto

La toma del cielo por asalto

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad