Natalia Reza
El cuerpo y la paz
Columna vertebral, piensos del cuerpo que danza
Sábado 1 de Octubre de 2016
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La ansiedad de ver a una persona muerta la siento en los muslos, tal vez por eso la gente se cae frente a situaciones de violencia, las piernas se vencen porque la confianza que nos sostiene se ve quebrada.
La ansiedad de ver a una persona muerta la siento en los muslos, tal vez por eso la gente se cae frente a situaciones de violencia, las piernas se vencen porque la confianza que nos sostiene se ve quebrada.
(Foto: Especial)

Escuchamos disparos, más que el día anterior. El día anterior se escuchaba una sola arma, detonaciones seguidas de sirenas y luego nada, la noche. Esta vez era distinto, se escuchaban varias armas, era un enfrentamiento. ¿Cómo he llegado a distinguir esto?, ¿cómo mis oídos saben diferenciar los sonidos?, ¿cómo puede mi cuerpo seguir cansado y soñoliento cuando a dos calles de mi casa se están matando?, ¿cómo es que ya no me quedo despierta hasta el amanecer sabiendo que ninguna ventana o pared detendrá una bala perdida?, ¿cómo se acostumbra uno a la violencia?

A la mañana siguiente pasamos por el lugar todavía acordonado, los policías y reporteros platican, toman café, hacen bromas, igual que nosotros, los bailarines, cuando vamos a festivales: nos da gusto vernos, y aunque es cosa de trabajo se parece a una fiesta.

La ansiedad de ver a una persona muerta la siento en los muslos, tal vez por eso la gente se cae frente a situaciones de violencia, las piernas se vencen porque la confianza que nos sostiene se ve quebrada. Ver a una persona muriendo me provoca una atención intensa, abrumadora. Aprieto la quijada, los puños, pero no puedo dejar de ver, aún si cierro los ojos no puedo dejar de ver. Soy testigo de la oscuridad del corazón humano que se traduce en esquirlas destrozando cuerpos, destrozando vidas. Me pregunto cómo se baila esto, ¿cómo se le hace justicia a la realidad?, ¿es acaso necesario?, ¿a dónde se va toda la violencia de la que somos testigos?

Tal vez para eso bailamos, para equilibrar al alma, para encontrar la paz. Bailamos para liberar al ambiente de esta profunda e infinita tristeza. Para no olvidar, para hacer presentes a aquellos que ya no están. Porque nosotros-cuerpo somos testigo, historia y esperanza a la vez. Bailamos para resistir, para enunciarnos libres. Bailamos como un acto de fe, como la oportunidad de amarnos unos a otros. Para que un día los únicos sonidos con los que estemos familiarizados sean los de cuerpos bailando, riendo, amando. Para que las únicas noches de desvelo sean platicando con amigos. Ojalá un día la confianza ya no esté quebrada. Ojalá un día bailemos todos.